Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/05/10 16:41

Energía eléctrica: lecciones aprendidas para una agenda por acometer

En el consumo responsable de energía todos tenemos una tarea que cumplir.

Eduardo Pizano. Foto: Esteban Vega La-Rotta

El suministro de energía eléctrica es un servicio público, que atiende toda clase de suscriptores: hogares, fábricas, comercios, entre otros. A partir del año 1994, mediante la ley eléctrica y después de haber sufrido el apagón de 1992, se introdujo en Colombia un nuevo modelo de prestación del servicio. Este esquema, gracias a la confianza que le da a los inversionistas, ha permitido instalar numerosas plantas de generación eléctrica, tanto hidráulicas, como térmicas, ha ampliado considerablemente las líneas de transmisión y ha expandido el suministro a innumerables usuarios en todo el país.

Hoy, la mayoría de la generación se realiza a través de hidroeléctricas. Esto tiene una gran ventaja, por su bajo impacto ambiental. Pero a su vez una vulnerabilidad en los tiempos secos, cuando los niveles de lluvias se reducen y el agua deja de entrar a los embalses. Es en esos momentos en los que se encienden las plantas térmicas para mantener el suministro de electricidad.

Colombia está saliendo de un Fenómeno del Niño, extenso y agudo, que le impidió contar con suficiente agua para mantener los niveles de generación hidráulica. Terminado este ciclo climático, corresponde a las autoridades eléctricas realizar una evaluación de las vulnerabilidades que se dieron en la actividad de generación de energía, durante estos últimos seis meses. Se debe dar una amplia discusión alrededor del cargo por confiabilidad, el precio de escasez y la disponibilidad de combustibles para la generación termo-eléctrica y especialmente, sobre la futura matriz de generación que se requiere frente a la nueva realidad climática. Reconociendo las fallas y buscando solución a las mismas, es como mejor nos preparamos para los eventos que se nos presenten en los años por venir.

En los próximos años, las plantas de generación hidráulica continuarán manteniendo su liderazgo, seguidas por las termoeléctricas. Paralelamente, se va a iniciar el montaje de proyectos eólicos y solares, cuyos costos se ha venido reduciendo, haciéndolos más competitivos. Sin embargo, por la ausencia de vientos permanentes o de días soleados, estos renovables tendrán que estar respaldados por plantas térmicas, que garantizarán la continuidad del servicio.

Simultáneamente a este proceso, el país también tiene que entrar en una campaña de eficiencia energética. Son pocos los avances que se han dado en ese frente. El desperdicio actual obliga a tener una mayor infraestructura, con unos mayores costos, que encarece el suministro de energía eléctrica.

En el consumo responsable de energía todos tenemos una tarea que cumplir. A veces utilizamos la electricidad como si quisiéramos reemplazar la noche por el día y no haciendo un uso racional de la misma. Inclusive, hace unos días cuando se nos pidió un sacrificio, muchos pensaron que el esfuerzo no era con ellos. El avance en iluminación, con la aparición de los bombillos led y la eficiencia cada vez mayor en las estufas y los calentadores de agua, son frentes en el que todos podríamos ayudar a reducir el consumo.

A nivel industrial aun contamos con fábricas con tecnologías obsoletas, que incluyen motores de alto consumo. Ahí debería haber una priorización de la acción del Estado, que impulsara la modernización de equipos, que permitieran racionalizar el consumo energético y por ende los costos de producción.

En materia eléctrica, en Colombia, hay muchas tareas por ejecutar. Este es un mundo cambiante en el que todos tenemos que evolucionar al compás de la tecnología y acometer las actividades que se requieren para evitar la obsolescencia de este sistema. A la par debemos adquirir consciencia de la necesidad de ahorrar y conservar los recursos naturales.

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