Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2006/11/11 00:00

    Entre la compasión y la disciplina

    A Bush, al fin, sus electores le están bajando los humos. Sería bueno que también le bajaran la temperatura a su más fiel aliado en América Latina

COMPARTIR

La lucha ideológica entre la izquierda y la derecha podría entenderse como una dialéctica entre la compasión y la disciplina. El talante de derecha, en general, es más severo que compasivo: cree que los pobres son perezosos y merecen su suerte, que los ricos se enriquecieron gracias a su esfuerzo, que con mano dura se puede corregir a los hombres, o si no, al menos obligarlos a que actúen de determinada manera.

Donald Rumsfeld confiaba en que con mano dura se puede disciplinar a los enemigos. Uno de sus hijos predilectos fue el Campo de Concentración de Guantánamo, donde los supuestos terroristas se pudren sin calendario y sin derecho siquiera a un juicio justo. Suya es también la doctrina de que es legítima la "tortura suave" para sacar información de los combatientes enemigos. Y suya la desastrosa invasión a Irak, que esta semana (al fin, al fin) le pasó la cuenta electoral al presidente Bush.

Aquí también nos gobierna una derecha muy poco compasiva. La mano del Estado se presenta como una garra de Seguridad; no la benevolencia de los acueductos, las escuelas o los hospitales, sino el desfile marcial que (supuestamente) brinda tranquilidad. Pero este método no es sólo del Estado: tanto en las pocas zonas dominadas por la guerrilla, como en las muchas regiones donde los paras ponen las reglas, unos y otros dominan mediante la persuasión no de las ideas o de las buenas obras, sino del miedo y de las amenazas. Ahí también funciona la dialéctica de las armas. Unos ponen bombas y secuestran, los otros planean y ejecutan masacres y atentados. Y el gobierno, que padece de furias y demuestra un carácter iracundo, paga con una moneda parecida: batallones que tiran a matar (a las vacas) incluso cuando juegan al tiro al blanco.

De este país de energúmenos nos salvan las mentes equilibradas de algunos alcaldes. El de Medellín no teme que le digan de derecha por cumplirles los pactos a los reinsertados de las autodefensas; pero al mismo tiempo se gasta el presupuesto en educar a los más necesitados, y no en amenazarlos con un fusil si no se portan bien. También hay funcionarios del mismo gobierno central que hacen lo posible por salvar al menos una parte del presupuesto del pozo sin fondo de la guerra perpetua. Cuando el Presidente dice que se va a la selva a gobernar vestido de camuflado, hay quienes se acuerdan de que hay mejores métodos de pacificación: acueductos, viviendas dignas, educación, empleos, hospitales… Y tímidamente, sin alzarle la voz al jefe que tanto se enoja, jalan para ese lado.

El acuerdo humanitario era un acto de compasión en medio del conflicto. No hay que verlo como un acto de paz, sino como una atenuación del dolor durante la guerra. Nos seguimos odiando y combatiendo, pero mientras vemos quien gana (y para que José Obdulio no nos llame neutrales, aclaro que yo preferiría mil veces que ganara el Estado, así ahora esté gobernado por un grupo de personas tan poco compasivas), le bajamos unos grados al dolor de muchos: soltamos unos presos, pero liberamos a un montón de secuestrados que no tienen por qué estar perpetuamente en los campos de concentración de la selva. Está bien que el gobierno intente liberarlos, es su deber, pero si no consigue hacerlo eficientemente (y en todo un mandato no lo ha logrado casi nunca), debe buscar otras opciones. No todo puede ser disciplina; tiene que haber también algo de compasión.

A Bush (al fin, al fin) sus electores le están bajando los humos. Sería bueno que aquí también le bajaran la temperatura a su más fiel aliado en América Latina, al poco compasivo Uribe, que sufre de iras. Así como la estrategia furibunda en Irak es un fracaso, a la hora de ir a rescatar a los secuestrados a la selva, el presidente Uribe debería recordar lo que le pasó con el rescate de Gilberto Echeverri. Él, lo sé de buena fuente, fue a preguntarle a la familia si autorizaba un rescate por las armas. La familia respondió con el silencio y solamente le mostró una carta del ex ministro de Defensa donde decía: "Díganle al gobierno que no intente un rescate por la fuerza, que estamos en un hueco donde sería imposible salir con vida". En el operativo mataron a casi todos los secuestrados y no capturaron a un solo secuestrador. El tal 'Paisa', el asesino del ex ministro Echeverri, sigue suelto y secuestrando por las montañas.

La derecha, a la que tanto le gusta hablar de éxito y fracaso, debería recordar bien este fracaso, antes de actuar precipitadamente, y con esa confianza excesiva en que la disciplina le gana siempre a la compasión. No digo que a veces no se requiera la disciplina (yo también tengo mi vesícula biliar, al lado derecho), pero el corazón que se apiada palpita más sereno al lado izquierdo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.