Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1993/10/11 00:00

ENTRE EL MONO Y EL MORENO

No se sabe cuál va a ser el verdadero poder detrás de ese trono, y las posibildades son como escoger entre Dios y el diablo

ENTRE EL MONO Y EL MORENO

SI LAS ELECCIONES FUERAN MAÑANA, EL próximo presidente de la República sería Andrés Pastrana. De acuerdo con las encuestas que hasta ahora han sido más elocuentes que los propios candidatos Ernesto Samper y Andrés Pastrana siguen en punta, pero ninguno de los dos tiene los votos suficientes como para ganar la Presidencia en la primera vuelta.
Esto quiere decir todavia segun las encuestas que el gran elector va a ser Antonio Navarro, y sería muy extraño que él, que propuso en la reforma constitucional la figura de la segunda vuelta electoral, utilice su fuerza para confirmar al liberalismo en el poder y no para bajarlo de ahí, como intentó hacer en la Constituyente. Seguramente el conservatismo, que no huele la Presidencia desde hace dos gobiernos, se lo va a agradecer mucho más.
Resulta, entonces, que en cifras de hoy el presidente podría ser Andrés Pastrana, y esta es la hora en que no sabemos cuál va a ser el verdadero poder detrás de ese trono.
Porque hay dos posibilidades, tan distintas la una de la otra, que sería casi como escoger entre Dios y el diablo, por decirlo de alguna manera.
Uno es Luis Alberto Moreno, ministro de Desarrollo y mano derecha de Andrés desde siempre, a quien el país ya identifica claramente como su hombre más cercano y como el artífice de los aciertos en los que han desembocado buena parte de las actitudes políticas y decisiones de gobierno de Pastrana Arango en los últimos años.
A esta especie de ángel de la guarda se le atribuye una influencia fuerte en decisiones de Andrés como la de liberarse de la maquinaria conservadora y lanzarse al Senado con un puñado de jóvenes desconocidos de distintos partidos, a pesar de que lleva Ia etiqueta de conservador en la frente desde que nació. También desempeñó un papel fundamental hace algo más de un año cuando la Nueva Fuerza Democrática decidió jugársela al gobierno de César Gaviria en la negra oscuridad del apagón y con la impopular ley tributaria en pleno trámite, en lugar de lanzarse a la oposición como el resto de los conservadores. Cuando Moreno y Andrés oyeron que "con Gaviria habrá futuro", resolvieron que estaban hablando de ellos.
Pero resulta que el poder detrás del trono puede no ser Moreno (o el espíritu que hay detrás de esa figura) sino el expresidente Misael Pastrana Borrero, y en ese caso la situación cambia de blanco a negro.
Del suave "mono" Pastrana que cuentan las leyendas de comienzos del Frente Nacional ya no queda ni la sombra. El de ahora es un hombre duro, agresivo y vociferante, un general de división de una de las fracciones en que está dividido el Partido Conservador. No es exagerado decir que el expresidente Pastrana es, hoy por hoy, la única fuerza de oposición real al gobierno de Gaviria, y la ejerce con una crudeza sin limites a través del dia rio La Prensa que se ha convertido en algo asi como su brazo armado. Es tal la pasión en este sentido, que si Andrés Pastrana hiciera un gobierno del corte del que hoy forma parte, su papá se vería a gatas para explicar por qué no sigue siendo el jefe de la oposición.
Pero a estas alturas el pais identifica más a Misael Pastrana con la mecánica contable de la política que con la orientación ideológica de las masas. Por eso si el ex presidente Pastrana es el verdadero poder detrás de Andrés, o al menos su inspiración, la candidatura de éste último va a terminar siendo el resultado de una convención conservadora en la que su designación no será otra cosa que el triunfo de un sector el pastranismo sobre su rival ancestral el alvarismo y sobre las nuevas federaciones de la atomización azul.
Hace un par de semanas, en el debate sobre la ley de seguridad social, se discutió mucho acerca de que Ernesto Samper estaba navegando entre dos aguas: el neoliberalismo privatizador de Fernando Botero y el estatismo socialdemócrata de Horacio Serpa. Pero ese dilema parece un juego de niños frente a la disyuntiva política de Andrés Pastrana: a medida que pierde puntos en las encuestas, tiene que renunciar a su independencia y abandonar la idea de lanzarse por su cuenta porque no tiene fuerza para obligar a las maquinarias a apoyarlo. Pero al mismo tiempo la única manera de repuntar en las encuestas es evitando caer en brazos de los directorios del conservatismo, que se quieren apoderar de su campaña.
Y como en algún momento de este proceso tendrán que opinar no sólo las encuestas sino también los candidatos, ahí estarán los electores potenciales de Andrés Pastrana atentos a que él defina cuál de esas dos cercanías constituye una verdadera influencia para decidir, de paso, si lo siguen llamando Andrés o le empiezan a decir Pastrana, a secas, como a su papá.

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