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Opinión

  • | 2018/04/14 05:38

    Entre fiscales y “comisionados regios”

    Los problemas por los que atravesamos y nuestras debilidades institucionales han favorecido el paulatino debilitamiento de la autonomía nacional.

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Entre las múltiples actividades que cumplió la distinguida primera ministra de Noruega durante su visita a Colombia, fue la de un viaje a Leticia, ya que el Amazonas ejerce una gran atracción para los extranjeros. Viajó también a la frontera con Venezuela a “verificar” la condición de los migrantes venezolanos en territorio colombiano y ofreció algunas ayudas para ellos.  

Coincidió su estadía con el pronunciamiento de su embajador en Bogotá y de otros dos jefes de misión, que pusieron al descubierto el manejo irregular de los fondos que los tres países habían otorgado para la implementación del acuerdo de paz con las FARC. El gobierno hizo todo tipo de aclaraciones sobre la transparencia con que ha manejado los 200 millones de dólares, que Noruega y los otros dos países habían obsequiado, no obstante que esa suma para un “estado ricachón” como nosotros en el que hay plata para todo y para todos, es una bicoca. Lo que muchos se preguntan es que hubiera pasado si no se hace el pronunciamiento por los representantes extranjeros: posiblemente nada.

Naturalmente que la distinguida visitante, no venía en la misma condición de los comisionados regios que enviaba el rey de España durante la colonia a sus dominios hispano americanos, para verificar la gestión de los funcionarios y atender las quejas de sus súbditos de ultramar. Como fue el caso de Antonio Villavicencio que el 20 de julio de 1810, al que los criollos quisieron agasajar con un banquete, para el que necesitaban el único florero que había en la ciudad.  

De todas maneras, Noruega, no sólo había actuado en las negociaciones con las FARC en La Habana, sino que le había otorgado, en un momento complejo de la negociación, el premio Nobel de Paz al presidente Santos.

Al mismo tiempo Trump tenía previsto un viaje a Colombia, que a pesar de todas las especulaciones sobre la “distinción” que era para nuestro país su visita, se sabía que venía a tomarle cuentas al gobierno sobre el incremento de los cultivos ilícitos y el aumento de la exportación de cocaína a los Estados Unidos.  

La captura de Santrich, que iba a enviar 10 toneladas de cocaína a Estados Unidos, coincidiría con la visita del mandatario norteamericano. Otra vez la gente se pregunta ¿qué habría sucedido si Trump no hubiera proyectado su visita a Colombia y la DEA no hubiera actuado? La respuesta que muchos dan vuelve a ser la misma: de pronto nada. El debate ahora es establecer si el dirigente de las FARC va a ser extraditado a los Estados Unidos, porque algunos temen que, si no es así, los delitos que se le imputan quedarían impunes. Es en el fondo es el reconocimiento de nuestra fragilidad institucional.

Como si fuera poco el señor Maduro, también “actor” en el proceso de paz de La Habana, dedicó una hora de sus procaces peroratas contra Colombia, a actuar también como fiscal para censurar la captura del dirigente de las FARC. Entre tanto algunos representantes de la ONU dan pautas a diestra y siniestra sobre lo que se debe hacer o no hacer en nuestro territorio.   

Aunque estamos en la globalización, el afán de implementar el acuerdo de La Habana, unido a los problemas que siempre hemos padecido pero que han crecido desmesuradamente en los últimos años, nos están llevando al paulatino debilitamiento de la autonomía nacional.   

La guerrilla logró internacionalizar “la guerra civil”, como han calificado algunos mandatarios extranjeros al conflicto colombiano. Incluso ahora el ELN, siguiendo el ejemplo de las FARC, convoca a embajadores y a los candidatos presidenciales, no a la zona de distensión como lo hicieron aquellos, sino a Quito.

Ojalá que el nuevo gobierno, cualquiera que sea, fortalezca nuestras instituciones y luche eficientemente contra el tráfico de influencias, la incompetencia, la corrupción y la impunidad: sería no solo la renovación nacional, sino que limitaría la acción de los “comisionados regios” a los que nos hemos acostumbrado.

(*) Profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad de El Rosario.

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