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Opinión

  • | 1995/10/23 00:00

    ENTRE NOHEMI, EL CURA Y MOCKUS

    Las próximas elecciones van a ser las primeras en las que los partidos tradicionales van a estar en la barrera.

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A PESAR DEL INMENSO RESPETO QUE profeso por el Partido Liberal, debo decir que ninguno de sus ilustres militantes va a ser el próximo presidente de la República. Y no obstante la acrisolada historia del conservatismo y sus grandes aportes al desarrollo de la Nación, hay que reconocer que de su estructura de partido tampoco saldrá el próximo mandatario de los colombianos. Qué pena!
El asunto es que la pasada pudo haber sido la última campaña electoral en la que se enfrentaron un conservador y un liberal, aunque los ropajes que cobijaron a Andrés Pastrana ya eran para entonces de un azul bastante desteñido. Pero azul, al fin de cuentas.
Si para esa campaña de 1994 ya empezaba a ser cuestionable el que un político se presentara con banderas partidistas, para el 98 el asunto va a ser mucho peor. La única razón que justificaba hace un año que Ernesto Samper sacara el trapo rojo a la plaza pública era la constatación histórica de que en los momentos electorales de angustia liberal esa estrategia para elegir presidentes es infalible: cerrar los ojos y agitar la bayetilla. La prueba es que le funcionó. Salvo, por supuesto, que el fiscal Valdivieso tenga otra interpretación de esos hechos.
Pero el deterioro de imagen del Partido Liberal con el proceso 8.000, sumado al hecho de que ninguna de sus figuras ha calado lo suficiente en la opinión pública como para pronosticar alguna sorpresa, son elementos suficientes para comprometer el vaticinio.
Al conservatismo le pasa algo similar, pero distinto. Lo cubre el mismo desprestigio en cuanto clase política y no tiene en sus filas ninguna carta fuerte. Sus dos únicas posibilidades son Noemí Sanín y Andrés Pastrana, para quienes ser candidatos godos sería la última entre sus opciones. Y en el caso de Noemí -en encuestas, la candidata más fuerte del establecimiento-, es seguro que va a preferir la apariencia cívica que la de militante del conservatismo.
La pelea se va a dar por fuera de los partidos, y allí el gallo con más espuelas hasta el momento es el cura Bernardo Hoyos. La semana pasada hizo una notable demostración de fuerza al tratar a los putazos a los funcionarios de la administración barranquillera que él mismo ayudó a elegir. Y se quedó todo el mundo temblando de miedo, sin decir esta boca es mía.
A plata de hoy, la pelea de fondo del 98 va a ser Nohemí vs. Hoyos. Desventajosa para ella, por la falta de ataduras del ex clérigo dicharachero. Pero la manera como la embajadora en Londres se desmontó de la administración Samper demuestra que también se mueve con soltura en terrenos movedizos, y que de aquí a las elecciones nos va a dar más de una sorpresa en cuanto a su estilo.
Pero en esa gallera falta uno que hoy parece crudo pero que puede voltear las apuestas: el alcalde Antanas Mockus. En el festival nacional del apartidismo (¿o será antipartidismo?) ningún analista serio puede dejar de mencionar al mago Merlín de las pasadas elecciones, el símbolo hasta hace menos de un año de la derrota electoral de los partidos.
Mockus va a ser la gran paradoja del establecimiento colombiano, que hace apenas unos meses lo veía como la amenaza abominable contra la tediosa paz bipartidista, pero pronto lo va a apreciar como el hombre clave para atajar las locuras del reverendo Hoyos. Ya verán.
Se dirá que Antanas no salió con nada en la Alcaldía, y que un dirigente que se limita a sacar cuatro mimos a la calle cada dos meses no puede llegar a presidente. Pero los balances no se hacen al comienzo sino al final. Hasta ahora lo único que la gente ha podido establecer es que, en todo caso, se trata de un tipo serio.
Este cambio de fondo en la política colombiana será un buen ingrediente de los muchos que tendrá el cambio de siglo.
Las próximas elecciones pueden ser las primeras en las que los partidos tradicionales van a estar en la barrera. Ya empieza a afirmarse que se acabaron, como se dice siempre, o que todo va a volver a ser igual, como también se dice siempre. Y tanto los unos como los otros van a tener razón.-
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