Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/07/26 00:00

    Equilibrio de poderes

    Esta ‘reforma política’ planteada someramente por Santos puede tener cosas buenas si se tramita con responsabilidad.

COMPARTIR

Cargado de buenas intenciones. Así llegó Juan Manuel Santos a instalar el “nuevo” Congreso de la República. Habló de paz, claro está, de medio ambiente, de reformas al código de Policía, de reconciliación política, y de manera mucho menos detallada se refirió a una megarreforma dentro del Estado cuyo espíritu motivador será la reconstrucción de un equilibrio de poderes echado por la borda –según él– como consecuencia de haber aprobado la reelección presidencial.

La verdad es que las cosas venían mal mucho antes de la reforma del ‘articulito’ aquel. Esta Constitución que nos dejó conquistas tan significativas como la tutela, se convirtió rápidamente en una colcha de retazos que con el paso de los años dejó ver sus fallas en materia de diseño institucional.

Las enmiendas –40, según dice el exministro Jaime Castro– han resultado todavía más lesivas y ponen en entredicho la capacidad del Congreso de la República para promover las grandes reformas que en efecto se requieren.

Sin embargo, esta ‘reforma política’ planteada someramente por Santos puede tener cosas buenas si se tramita con responsabilidad y grandeza por parte de un parlamento que enfrenta el desafío de encontrar puntos de encuentro en medio de tantas diferencias.

Para empezar, estoy de acuerdo con que se acabe la reelección; la del presidente y también la del procurador. Pero que se entierren –sobre todo la del jefe del Ministerio Público– por métodos democráticos y legítimos y no a sombrerazos, como quieren algunos magistrados del Consejo de Estado que le hacen mandados al fiscal general de La Nación.

Es verdad que sin reelección cuatro años parecerán pocos, pero seis, con presidentes tan malos como los que hemos tenido, son una exageración. Quizás encuentren en cinco años un punto intermedio que parecerá aún excesivo para alcaldes y gobernadores sobre los que se tiene un limitado control ciudadano en varias regiones del país.

Acabar la circunscripción nacional tiene lógica en la medida en que se disminuyen los colosales gastos de las campañas al Senado y la detestable corrupción. No puede ser que 13 departamentos se hayan quedado sin representación en la cámara alta y que alrededor de 15 tengan sólo un senador, cuando otros en los que compraron los votos descaradamente lograron una ‘sobre-participación’ que distorsiona el concepto de democracia representativa.

Dar la batalla para eliminar la circunscripción nacional en el Congreso no será fácil, sin embargo. Los defensores de esta idea enfrentarán intereses legítimos de las minorías y los candidatos de opinión, cuya única alternativa para llegar al Congreso es apelar a los votantes de todo el país, y habrá otros intereses muy turbios de los que quieren seguir quedándose con un pedazo más grande de la torta que el que en sana proporción les corresponde.

La opción de un esquema mixto que deje unos 20 o 30 cupos para el voto de carácter nacional en el Congreso puede resultar interesante para no sacrificar figuras de opinión, mientras el grueso de las curules responde a auténticas dinámicas de representación regional.

No obstante, este tema tampoco está definido y aquí temo, de nuevo, una improvisación de parte del Gobierno que propone líneas generales de reforma sin llenarlas de contenido y precisión.

Finalmente, hay que acabar el voto preferente y como parece haber acuerdo entre uribistas y santistas en este punto, no entenderíamos que unos y otros se obstruyeran solamente para probar su capacidad de saboteo. Mediremos entonces la grandeza con que la oposición y los simpatizantes del Gobierno abordarán ciertos asuntos.

En últimas, la impresión que nos queda es que a este equilibrio de poderes le falta todavía llegar a su propio punto de equilibrio. También le falta un escudero que desde el Ministerio del Interior sepa defenderlo conceptualmente y le falta un esfuerzo grande –del presidente para abajo– para que los colombianos entendamos bien por dónde va la cosa.

Otro día hablaremos de eso a lo que están llamando ligeramente ‘reforma a la justicia’.

Twitter: @JoseMAcevedo
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.