Viernes, 20 de enero de 2017

| 1984/10/22 00:00

ERASE UNA VEZ UN CONCURSO...

ERASE UNA VEZ UN CONCURSO...

La historia de Cuánto vale su actuacion es tan larga y enredada que ya puede contarse por capitulos. Comenzó pisando fuerte con Fanny Mikey a la cabeza y rutilantes jurados semanales escogidos entre lo más granado del arte, la literatura y el periodismo que eran invitados con la obligación de decir cosas agradables, originales, inteligentes y hasta geniales. Los primeros programas desataron gran polémica pues el desenfado de Fanny escandalizó al país. En efecto, muy pocos comprendieron sus chistes nacidos de una manera particular de ser. Se produjeron críticas, presiones y hasta censuras que desembocaron en el lógico cambio de animación.
Fue así como un domingo cualquiera, la controvertida presentadora bajó del escenario llevándose también su contagiosa vitalidad plagada de impertinencias y sonoras carcajadas. Para reemplazarla saltó al ruedo Jairo Alonso, un locutor convencional entrenado en el rutinario trajín de los reinados de belleza cuyo léxico formal va bien con el traje oscuro y el corbatín. Quizá para equilibrar su natural seriedad llegó acompañado de Hernando Casanova, actor cómico que se ha distinguido por no tener términos medios pues simplemente gusta (Eutimio-Show de Jimmy) o no gusta (Farzán) y en esta ocasión no gustó. Se dijo que intervenia a destiempo, que decía tonterlas e incluso que por causa de sus impertinencias la virreina Adriana Rumié, que actuaba como modelo, habla renunciado. Chismes o no, lo cierto fue que el programa entró en una etapa diflcil, de concursantes mediocres y jurados desalentados que parecian aburridos cuando debían dar su opinión. Aún así, resistió nueva licitación y volvió a la cartelera conservando su horario dominical. Meses después gracias a los efectos de los tan criticados "ajustes", Cuánto vale su actuación se volvió concurso de una hora. Digo mal, se transformó en una colcha de retazos armada por media docena de secciones que apenas si tienen entre si un lejano parentesco. El paren tesco que permite evaluar cuál es el precio de una actuación.
Quizá el punto delicado de esta nueva versión es que ninguna de las tantas secciones ha logrado darle al concursante su justo valor, pues si bien algunas como "Hasta quemarse los dedos" y "Quién es quién en la farándula" reducen la participacion del invitado al más elemental ejercicio de memoria, otras como "A que no es capaz" y "Luz, cámara, accion" lo exponen a situaciones tan comprometedoras que muy fácilmente bordean el ridículo.
Dicen que los refranes se inventaron para utilizarlos y aquí cabría decir: "Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre". Refrán que igualmente se puede aplicar a los jurados invitados, en exceso condescendientes y dispuestos al fácil elogio. Para escribir este comentario estuve repasando una y otra vez los programas de muestra que tenía grabados. No miento al decir que a la hora de hablar, todos los jurados comenzaron felicitando y terminaron felicitando, pero además coincidieron en muchas cosas: al juzgar un intérprete de música salsa "se morian de las ganas por bailar"; cuando hubo arreglos especiales, se preguntaban admirados "cómo pudieron lograrlos"; si el juicio era a un coro "parecía increible la perfección del acople"; a la hora de evaluar un solista: " jqué voz! ¡qué oldo! ¡qué estilo!". Sin embargo,cuen tan fuentes de alta fidelidad que no siempre es así. En cierta ocasión el jurado resultó más drástico y en vez de flores lanzó puyas, entonces el concursante se rebeló (que bueno hubiera sido ver algo diferente) pero los encargados de editar cortaron el pedazo antes de salir al aire... Ahora bien, si uno se pone en el lugar del jurado comprende que no es tarea fácil juzgar con equilibrio a un concursante que se ha esforzado y está ahí, expectante, mirándolo a los ojos, pendiente de una palabra, enmarcado por la sombra del gran público. Es el momento en que cualquier corazón se ablanda y le hace trampas a la memoria para olvidar los errores, sin detenerse a pensar que tanto pétalo marchito puede poner resbaloso el escenario.
Hasta aquí he señalado sólo detalles negativos en relacion con el programa y haciendo honor a la justicia también habría que insistir en sus aspectos positivos: 1) la oportunidad para tanta gente que de otra forma no podría hacerse conocer y 2) el notorio afán por mejorar, manifiesto en pequeños cambios y ajustes.
Es algo que se observa cuando se ven programas distanciados en la fecha. Pongo ejemplos concretos: en la sección "A que no es capaz" antes se montaba un pequeño show con el concursante para tratar de hacer creer que todo era improvisado. Hoy se acepta la preparación como parte de la sección y se gana en espontaneidad. Para "Luz, cámara, acción", se ensaya y escoge mejor los concursantes y para acompañar el tema de presentación se viene resumiendo en imágenes la vida de su compositor. Todo lo cual hace suponer que en Cuánto vale su actuación los mejores tiempos están todavía por venir. -

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