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Opinión

  • | 2011/05/18 00:00

    ¿Es buen negocio el Mundial?

    El Gobierno ha invertido más de 100 mil millones de pesos en prepararse para el Mundial Sub20, ¿vale la pena la inversión?

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Más de cien mil millones de pesos es el dinero que el gobierno, según ha dicho el director de Coldeportes, Jairo Clopatofsky, se ha gastado en preparar la casa con motivo del Mundial sub20. Una cifra importante: con ella se podrían construir tres puentes como el que pronto se inaugurará en Bogotá en la 100 con 15, 8 megacolegios y por lo menos cuatro hospitales de segundo nivel.

Pero llevar la discusión a este terreno nos transporta a 1982 cuando, con el argumento de que con esa plata era mejor hacer hospitales y escuelas y que el Nobel de Gabo era suficiente para mejorar la imagen del país, se desistió de organizar el Mundial de mayores de 1986. Al final no hubo más colegios y los años negros del narcotráfico en los 80 opacaron al país de Macondo. Por eso, es mejor plantear la pregunta en términos de la relación costo-beneficio de esta inversión.

De entrada está claro que del dinero que le ingresa a la FIFA por derechos de televisión y publicidad no hay nada para el país organizador. El argumento entonces es que vendrán turistas, empresarios y periodistas a constatar que Colombia es hoy un país diferente al de hace unos años.

Simon Kuper y Stefan Szymanski en su libro “Soccernomics” demuestran, luego de revisar cifras de países que han organizado mundiales de mayores, que es un mito eso de los miles de dólares que vendrán en los bolsillos de los visitantes. En un artículo reciente, la revista Dinero cuestionó las cifras que se han manejado en torno al Mundial colombiano. De este artículo se concluye que una cosa es un Mundial de mayores y otra uno juvenil, un evento que atrae sobre todo a empresarios, directivos, algunos periodistas y, hay que ser francos, muy pocos fanáticos. La escasa atención que recibió el sorteo celebrado a finales de abril en Cartagena es un buen indicador del tratamiento que la prensa mundial le dará al certamen.

Tras su análisis, Kuper y Szymanski concluyen que un evento como este sólo le deja al país organizador felicidad para su gente y, en casos como el de Sudáfrica, elefantes blancos. No más. Es, sobre todo, un lujo. Los gobiernos utilizan este tipo de certámenes para presentar en sociedad los resultados de un período de prosperidad, de un avance importante en su desarrollo. Pasó con Sudáfrica, con China y sus Olímpicos y a eso le apunta Brasil. En Colombia apenas comienza la prosperidad democrática, 20 millones de personas todavía viven bajo la línea de pobreza. Bueno saber qué pensarán ellos de que se gaste tanta plata en construir zonas VIP, palcos y ascensores para que los directivos no entren en contacto con el público. Porque, atención, fue muy poco lo que se le invirtió a las tribunas populares de los escenarios.

La euforia del Mundial no puede ocultar lo que hay detrás. El gobierno se está gastando mucha plata en montarle el circo a la FIFA. Hay, por último, otro costo y es el del perjuicio que ha representado para equipos al borde de la quiebra como América y Pereira no poder usar sus estadios durante más de un año sólo porque estos se están adecuando para el torneo. Un torneo cuyo beneficio, como se ha visto, parece no ser el que se ha prometido. Habrá que ver; puede, y ojalá que así sea, que el evento sea un éxito, que convoque más turistas de lo previsto y que gracias a esto la imagen de Colombia quede cero kilómetros. Pero por ahora hay razones de peso para dudar y para creer que si lo que se quería era mejorar la imagen del país en el exterior, mejor y más barato era esperar el Nobel de Patarroyo.
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