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Opinión

  • | 2015/03/07 18:18

    Es la justicia, señores

    A qué horas los colombianos perdimos la fe y la confianza en nuestra administración de justicia.

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Un día el reconocido empresario Víctor Maldonado, implicado en las estafas de InterBolsa y el Fondo Premium, empaca maletas, llama a su abogado y le anuncia que se va del país porque la justicia no le ofrece garantías. Que ahí deja algunos de sus bienes para que el Estado haga con ellos lo que le parezca y repare a sus víctimas. Días después aparece en Madrid, España, cenando como si nada en un restaurante de fama mundial.
 
Paula Jiménez, jueza encargada de los sonados procesos por la muerte de Andrés Colmenares ocurrida hace cinco años y el carrusel de la contratación en Bogotá confiesa ante la periodista Cecilia Orozco que le tomará por lo menos año y medio mas resolver el primer caso y más de seis meses escribir el “auto de pruebas” del segundo. Un documento que servirá de base para juzgar al exalcalde Samuel Moreno. ¿La razón? El Consejo Superior de la Judicatura le acaba de aumentar de 40 a 240 el número de procesos a su cargo. “Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano”, se queja.
 
El viernes 27 de febrero, el magistrado Mauricio González denuncia ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes a su colega el presidente de la Corte Constitucional, Jorge Pretelt porque, al parecer, le pidió 500 millones de pesos al abogado Víctor Pacheco para emitir un fallo de tutela a favor de uno de sus clientes. González aún no explica porque se demoró tres semanas para interponer la denuncia luego de enterado del presunto delito. Pacheco pasó por la Fiscalía y dejó la dirección de la oficina por si algún día lo necesitan.
 
En Cartagena, el Ministerio del Interior y Foros Semana reunen a cerca de 100 abogados, profesores, académicos y expertos en legislación, justicia, medición y generación de opinión pública nacionales e internacionales, para escuchar sus opiniones sobre la reforma constitucional de equilibrio de poderes uno de cuyos componentes fundamentales es la justicia. El ministro Yesid Reyes llega una hora tarde para su intervención, dice un par de generalidades y se devuelve para Bogotá sin escucharlos.
 
Desde La Habana, las Farc repiten que no están dispuestas a pagar un solo día de cárcel para resarcir a la sociedad por décadas terrorismo, secuestro, chantaje, extorsión, expropiación, desplazamiento, violación y asesinato.
 
En Florencia, Caquetá, un juez deja en libertad al presunto asesino del periodista Luis Antonio Peralta porque el policía que lo capturó “no diligenció el formato exigido para este procedimiento”.
 
En Pijao, un barrio de clase media baja al sur de Bogotá, una comunidad decide tomar justicia por su propia mano. Persigue y lincha a un joven de 16 años que intentó robar al conductor de un vehículo que pasaba por allí.
 
La desconfianza y el desprecio de Maldonado. La impotencia de Jiménez. Las dudas y temores de González. La insolencia de Pretelt. El descaro de Pacheco. La arrogancia de las Farc. El descuido del policía y la implacable rigurocidad del juez de Florencia. El desespero de la comunidad de Pijao. Y la falta de tiempo de Reyes para escuchar lo que pasa más allá de su despacho.
 
Todo en apenas una semana. Botones de muestra de lo que pensamos y sentimos frente a uno de los tres pilares de nuestra democracia. Los colombianos perdimos la fe y la confianza en nuestra administración de justicia. No creemos en ella. Y ella no parece darse cuenta. O no le importa.
 
Como tampoco parece importarles al gobierno y al congreso, para quienes la solución al ‘cáncer’ que devora a la justicia consiste en cambiarle el nombre a dos instituciones inútiles, como el Consejo Superior de la Judicatura y la Comisión de Acusaciones, agregar instancias y procedimientos en lugar de simplificarlos, crear más burocracia y concederles fuero a funcionarios que ni lo merecen ni lo necesitan.

Señores ficales, jueces y magistrados. Señores representantes y senadores. Señores ministros. Señor Presidente. La crisis de la justicia es seria. Muy seria. Requiere su atención. Toda su atención y con urgencia. No es un asunto de cosmética. Es hora aplicar soluciones de fondo. Y rápido.
 
En Pijao se cansaron de esperar.
 
@RicardoGalanO
 
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