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Opinión

  • | 2017/03/09 10:18

    El ejemplo de Gates y Buffett

    Si bien cada muerte de un niño es una tragedia, la Fundación Gates estima que esto significó que en esos 25 años se salvaron 122 millones de vidas.

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En medio de la estridente cacofonía que emana por estos días de la Casa Blanca, han pasado relativamente inadvertidas dos iniciativas de la administración Trump que podrían amenazar el que es quizás el logro humano más importante de la última generación: la pronunciada reducción en la mortalidad infantil. Según Unicef, mientras que en 1990 murieron 12,7 millones de niños menores de 5 años en el mundo, en el 2015 murieron 5,9 millones –una disminución de más del 50 % (en Colombia los casos bajaron de 31.000 a 12.000). Si bien cada muerte de un niño es una tragedia, la Fundación Gates estima que esto significó que en esos 25 años se salvaron 122 millones de vidas.

Esa fundación, en la que Bill Gates y Warren Buffett han comprometido la casi totalidad de sus fortunas y que ya ha invertido más de 40.000 millones de dólares principalmente en iniciativas de salud en países pobres, recientemente publicó su ‘balance’ anual (Vea el balance aquí). Su estrategia para salvar vidas y erradicar la pobreza se basa en la noción de que si los padres de familia creen que sus hijos van a sobrevivir, y si tienen la capacidad de planificar mejor sus embarazos, tendrán menos hijos. Ello no sólo produce niños más saludables, mejor nutridos y con mayores capacidades cognitivas, sino que además permite que los padres inviertan más tiempo y dinero en el bienestar y la educación de sus hijos (así cómo también en sus propias actividades productivas), todo lo cual es, a su vez, clave para salir de la pobreza.

Una de las herramientas más efectivas y ‘costo-eficientes’ contra la mortalidad y la morbilidad infantil son las vacunas. Con el concurso activo de la Alianza Gavi, lanzada por la Fundación Gates y a la que concurren varios gobiernos de países ricos, (incluido EE. UU.), empresas, y otras organizaciones de la sociedad civil, se ha logrado aumentar la cobertura del paquete básico de vacunas del 50 % al 80 % de los niños de países en vías desarrollo entre el 2000 y el 2015. La Fundación calcula que el ‘retorno’ sobre cada dólar invertido en esta iniciativa, que ha apoyado la vacunación de 580 millones de niños, ha sido de 44 dólares y ha comprometido 10.000 millones de dólares en 2010-2020 para investigación, desarrollo y distribución de vacunas en los países más pobres del planeta.

Otra palanca que incide fuertemente sobre la mortalidad infantil, la tasa de natalidad y la pobreza es el uso de métodos anticonceptivos. En los últimos 13 años, la Fundación y sus aliados han contribuido a ampliar el número de mujeres que usan métodos anticonceptivos modernos en países en vías de desarrollo de 200 millones a 300 millones. Pero estiman que aún hay 225 millones de mujeres que quisieran tener acceso a esos productos y no pueden costearlos. Aquí la estrategia implica trabajar en desarrollo y diseño de productos, redes de distribución y normas culturales. El objetivo de la Fundación al 2020 es llegar con anticonceptivos económicos y de fácil uso a 390 millones de mujeres.

La administración Trump ha dado señales preocupantes en estos dos ámbitos. Primero anunció que conformaría una comisión para revisar la seguridad de las vacunas liderada por Robert F. Kennedy Jr. (un reconocido crítico de las mismas sin formación científica alguna). Y luego expidió una orden ejecutiva cortando todos los fondos del gobierno estadounidense a cualquier organización extranjera de salud que mencione el aborto como una opción in extremis de protección de la salud materna o planificación familiar. Ahora cuando la vertiente más ramplona del capitalismo norteamericano campea en la Casa Blanca, resulta aún más destacable el ejemplo de generosidad con rigor, innovación y foco en resultados de los dos empresarios más ricos de ese país.

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