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Opinión

  • | 2015/03/11 12:34

    Escala la ‘guerra sucia’

    El panfleto se convirtió en el mecanismo de intimidación contra defensores de derechos humanos y contra aquellos que respaldan las negociaciones con la guerrilla de las FARC. ¿Qué hay detrás?

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Este martes (10 de marzo) fue un día de grandes contradicciones en el país en los temas de la guerra y la paz. De un lado, se revelaron varios panfletos amenazantes contra un grupo de defensores de derechos humanos, activistas políticos, congresistas y políticos, entre los que se encuentra el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro; y de otro lado, se anunció el cese de bombardeos, por un mes, contra campamentos de las FARC, como un gesto de desescalamiento del conflicto entre esa guerrilla y el gobierno nacional.

Son las paradojas de un país que se debate entre la continuidad y la terminación de la guerra. Mientras se buscan mecanismos para desescalar las acciones armadas de un lado, y de otro, aquellas fuerzas “oscuras” tratan, por todos los medios, de infundir terror con el fin de crear las condiciones propicias para desestabilizar el proceso que se adelanta en La Habana. Sin duda alguna, el fin de la confrontación armada parece perjudicar a un sector del país que vive cómodo entre las balas, se ha enriquecido a su costa y se han apalancado sus carreras profesionales.

Ese escalamiento de la ‘guerra sucia’ se ha expresado con intensidad desde el año pasado a través de panfletos amenazantes que normalmente están mal escritos, a propósito, sin duda, y contienen listas de personajes importantes en la vida nacional que centran sus actividades en la defensa y la promoción de los derechos humanos y en la defensa de la salida negociada del conflicto armado. Vienen en esos textos alcaldes, congresistas, activistas, investigadores sociales, periodistas y líderes de procesos de restitución de tierras.

Pero ¿qué hay detrás de un panfleto? ¿Cómo leerlo? Algunos análisis precisan que estos documentos “configuran la expresión de una nueva fase del conflicto, avizorando nuevo escalamiento de la violencia”, que se podría traducir en la acción efectiva contra los amenazados si, en caso dado, no cumplen las indicaciones que les dan, como por ejemplo “abandonar la zona en 24 horas” o “desistir de las reclamaciones”.

Uno de los efectos más complejos que producen este tipo de intimidaciones es la incertidumbre: ¿se cumplirán las amenazas si no se hace lo que indican? Y justamente a ese tipo de sensaciones le apuntan los “desconocidos” para generar zozobra y desestabilizar. Escalar por esta vía la ‘guerra sucia’ es provocar una parálisis que desactive el discurso reivindicativo y de apoyo a aquellas causas que esos sectores recalcitrantes y violentos consideran “subversivas” y “comunistas”.  

El panfleto también se ha convertido en un mecanismo de control, sobre todo cuando su blanco son líderes sociales barriales, marginales, que propenden por mejores condiciones de vida para sus vecinos. Por la vía de la intimidación se contienen esas reclamaciones y se evita que los intereses de sectores pudientes en lo local o lo regional se vean afectados. También ha ocurrido que se dirijan contra “delincuentes” y “jíbaros” a quienes conminan a dejar sus fechorías, so pena de enfrentarse al destierro o a la muerte.

Una parte fundamental de estos volantes intimidantes son las listas que conforman; pocas veces un documento de esos está dirigido contra una persona, lo frecuente es que aparecen allí varios nombres, por ello es frecuente que se haga referencia a esos panfletos como “listas”. Quien aparezca allí es un proscrito social, una amenaza, un riesgo.

El temor a esas “listas” lo introdujeron facciones paramilitares de diversa índole, quienes entraron a sangre y fuego a los caseríos y barrios llevando en sus bolsillos trozos de papel donde estaban consignados los nombres de aquellos que debían morir. Y efectivamente se tiene registro de diversas acciones en las que perdieron la vida aquellos que estaban en esas “listas”.

Ese aprendizaje, introducido a fuerza de violencia, ha sido útil para aquellos grupos que surgieron después del 2006, cuando finalizó la desmovilización colectiva de las Autodefensas Unidas de Colombia y coparon sus territorios, en una acción que, en algunos casos, fue concertada con algunos jefes paramilitares. Por ello no es descabellado destacar que los panfletos hacen parte de un modelo de intimidación contrainsurgente que juega con los miedos incorporados en el pasado y ataca sectores sociales críticos con los órdenes establecidos.

Uno de los problemas que afrontan quienes son blanco de estas amenazas es la poca investigación que adelantan las autoridades para identificar realmente a los autores de los panfletos, son tantos los nombres que rubrican las intimidaciones y los insultos que si bien parecen difusos y desarticulados, los cohesiona sus blancos específicos. Ejemplo de ello es el senador Iván Cepeda, quien el mismo día es citado en dos panfletos, por dos grupos en apariencia distintos.

Discursivamente algunos panfletos se parecen a las posturas que en determinados momentos han adoptado sectores críticos contra el proceso con las FARC, pero también contra la decisión del gobierno nacional de adelantar con éxito su política de restitución de tierras a campesinos despojados por grupos armados ilegales en zonas productivas del país. Esa semejanza introduce sospechas sobre la real autoría de los panfletos, que se profundiza cuando se observan la incapacidad, el desgano y la extraña ineficiencia de los organismos de seguridad para investigar este fenómeno.

En resumen, los panfletos revelan ataques verbales sostenidos contra sectores que defienden y promueven los derechos humanos, así como las negociaciones con la guerrilla de la FARC; generación de incertidumbre entre los amenazados y sus familias; estrategias de control territorial, tanto en lo urbano como en lo rural; prácticas de destierro que favorecen intereses económicos y políticos; continuidad de ideologías contrainsurgentes, y cohesión alrededor de unos blancos concretos.

A medida que avancen las negociaciones con las FARC, se tomen decisiones que allanen el camino al fin de la confrontación armada con ese grupo subversivo y se avance en la recuperación de tierras, se escalará esa 'guerra sucia’ y serán muchos más los panfletos amenazantes que circularán impunemente porque, reitero, a las autoridades el tema parece no interesarles.  

En Twitter: jdrestrepoe
(*) Periodista y docente universitario

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