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Opinión

  • | 2013/11/28 00:00

    La esclavitud, marca indeleble del Caribe

    Aunque aparentemente las distintas etnias que conforman los territorios conviven en armonía, las deudas históricas no se han saldado.

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En el último año, he tenido la oportunidad de viajar, por diferentes motivos, a distintas islas del Caribe, en cuatro oportunidades y me he encontrado con un panorama sorprendente que vale la pena conocer más a fondo.  Cuando se viaja por las islas no puede uno menos que recordar las palabras de García Márquez cuando dice “(…) el Caribe no es sólo un área geográfica, como por supuesto lo creen los geógrafos, sino un área cultural muy homogénea.” 

A pesar de que los anaqueles de las bibliotecas están cargados de  miles de libros, tratados, estudios y artículos sobre el Caribe, denominado por algunos, el sexto continente, esta sigue siendo una región que permanece oculta para la gran mayoría pues, no sólo se desconoce su historia, sino que se ignora su composición y situación geográfica y sobre todo sus procesos y tensiones políticas, riquezas y necesidades. Lo máximo que, en muchos casos, se conoce del Caribe, son su ron, su música, sus atractivas playas y sus tentadores planes turísticos. Pero el Caribe es una región fascinante que tiene mucho más para ofrecer.

Lamentablemente, el Caribe tan sólo se dibuja en nuestro mapa mental, cuando suceden acontecimientos extraordinarios como el terrible terremoto que devastó a Haití en el 2010, o cuando alguna isla es azotada por un huracán. Recientemente, se ha asomado a ese mapa San Andrés, por el fallo de La Haya y Cuba, por el proceso de paz que se está llevando a cabo en su territorio. Pero poco o nada sabemos de las actuales tensiones migratorias entre República Dominicana y Haití, por ejemplo. Conocemos mucho más de los Estados Unidos y de Europa, a pesar de que se encuentran más distantes en todo sentido, que del resto de América Latina y sobre todo del Caribe.

Lo más grave es que aun internamente, entre los mismos países del Caribe, las distancias entre un país y otro, entre una isla y otra, no son sólo de acceso entre ellas sino que muchos caribeños desconocen los procesos de sus vecinos, su geografía e incluso su cultura, a pesar de las semejanzas. 

Hay varias razones que explican este fenómeno. La primera, y la más visible, es la enorme desconexión aérea y marítima que existe entre los países del Gran Caribe, ese que es la suma del Caribe insular y del Caribe continental, conformado por los países de la cuenca. Por otro lado, está el tema lingüístico. En el Caribe conviven el inglés, el francés, el español y el creole y esto hace aún más complicado el diálogo. 

Todo lo anterior, es consecuencia de una conquista y una posterior colonización bárbara hecha a sangre y fuego, agravada por la esclavitud. Esta última y sus consecuencias, todavía permean el diario vivir de los pueblos del Caribe y se sienten vivas en cada una de las islas. Las tensiones raciales de todo tipo y en varios sentidos, se perciben en la cotidianidad. Aunque aparentemente las distintas etnias que conforman los territorios conviven en armonía, las deudas históricas no se han saldado y siguen vivos muchos resentimientos y sobre todo muchísimas desigualdades. En todo el Gran Caribe, tanto en las islas que aún son territorios anexados a imperios, como en los territorios que son independientes, aún muchos negros continúan desempeñándose en las labores de servicio, mientras que los blancos nunca lo hacen y, en muchos casos, mantienen las posiciones de poder. 

En Martinica, existe una estatua de Josefina, la mujer de Napoleón, que ha sido decapitada tres veces, porque los martiniqueños sostienen que ella fue la que impidió que Napoleón decretara la libertad de los esclavos. Equivocados o no, quienes llevan a cabo este acto repetido de resistencia y protesta y que mantiene, pintorescamente, a Josefina, sin cabeza, en la mitad de un céntrico parque, están dando una clara muestra de que esas tensiones raciales siguen vivas.  

Esto es tan cierto, que recientemente, los 15 países que conforman la comunidad del Caribe CARICOM, del cual Colombia no hace parte, han hecho una petición a Francia, Inglaterra y Holanda, para que les paguen, un monto de dinero, aún indefinido, como indemnización  por la esclavitud y el comercio de esclavos. 

Este grupo de países, está dispuesto a ir hasta las cortes internacionales para hacer valer lo que consideran su derecho. Sin embargo, como dice el académico y estudioso del Caribe, Laurent Dubois en un reciente artículo en el New York Times, estas solicitudes de reparación tienen una larga historia y hoy no será fácil mantener unidos a estos países ya, que como lo decía antes, las distancias lingüísticas y las tensiones políticas no facilitan el mantenimiento de esta unidad.

Lo que sí es cierto, es el derecho que les asiste a todas las comunidades que fueron esclavizadas a solicitar una reparación que nunca han recibido. Por la barbarie de la esclavitud no se ha condenado a ningún país, ni legalmente, ni simbólicamente y ninguno de los que participaron en uno de los episodios más vergonzosos de la historia de la humanidad, ha hecho un mea culpa riguroso y público, como sí se le solicitó a Alemania por el Holocausto Nazi. Los alemanes mismos, de forma autónoma, decidieron dedicar una  manzana completa en Berlín a un monumento impactante que no permitirá olvidar el horror de este episodio. 

Pero, me pregunto, si no ha habido reparación económica, ¿dónde está por lo menos el gran monumento o el gran símbolo de reparación que deberían haber construido los países que cometieron el horror de la esclavitud? ¿Dónde están las reparaciones y los homenajes que se deberían haber hecho al pueblo negro que en muchos casos, continúa subyugado por el hambre, la ignorancia y la pobreza? En buena hora los países de la comunidad del Caribe solicitan esta reparación. Lo mismo se debería solicitar a España y a Portugal, que fueron los mayores esclavistas de la historia. 

iliana.restrepo@gmail.com
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