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Opinión

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Hablábamos de los horrores de toda índole que suceden en Colombia _morales, físicos, económicos, políticos_ y me decía mi asesor ideológico-literario: _A este paso, le tocará escribir sobre Serpa. El país se derrumba. De tanto haberlo dicho en los últimos 20 ó 40 años ya nadie lo cree; y, aunque derrumba-do, ahí sigue. Pero lo cierto es que, objetivamente hablando, el país se derrumba desde su propio derrumbe, y a una velocidad creciente, chupado por el turbión de su entropía. Un solo ejemplo: los desplazados por la violencia en Colombia suman ya más de un millón de personas (de las cuales más de la mitad durante este que se llama a sí mismo "gobierno de la gente"). ¿Y hay que escribir sobre Serpa? No. Seamos serios. El país se derrumba. La guerra crece. Las muchas guerras: la de la tierra, la de la droga, la de la miseria, la de la política. El campo se hunde, azotado por la apertura económica, la violencia política, las catástrofes ecológicas paralelas y sumadas de la siembra de coca y amapola y de la erradicación de los cultivos de coca y amapola; y, por añadidura, por los rigores del 'Niño': sequías africanas, inundaciones asiáticas. Las ciudades estallan: inmigración campesina, desempleo, criminalidad, abandono. El Estado se disuelve en la corrupción y el saqueo. La educación es cada día peor. La justicia prácticamente no existe. ¿Y hay que escribir sobre Serpa? Seamos serios.Pero no se puede ser serio, periodísticamente hablando, en el vacío. Resulta que este país que se derrumba, y que a la vez se da cuenta de su propio derrumbe y no le importa, no piensa más que en Serpa. A favor de Serpa, en contra de Serpa. O para decirlo con más rigor: no piensa más que en las elecciones. Es célebre en la historia, como ejemplo de irresponsabilidad colectiva, el de los bizantinos del Imperio, que discutían sobre cuántos ángeles podían caber en la cabeza de un alfiler mientras los invasores otomanos escalaban las murallas de Constantinopla. Los colombianos somos iguales: se estará derrumbando el país, pero ¿cuántos senadores caben en un cuociente?, ¿cuántos representantes sobran en un residuo? Y, una vez que ya salimos de ese trance, ¿quién va a ganar las elecciones presidenciales? ¿En la primera vuelta, en la segunda? ¿Con qué candidato a la vicepresidencia? Y así, todos los aspectos del derrumbe del país son vistos o interpretados a la luz de su incidencia sobre las elecciones. El millón de desplazados ¿podrán votar? La Registraduría se ocupa de que figuren en el censo electoral, y va a instalarles urnas en los estadios y en los basureros en donde llevan meses refugiados. Agua potable no: pero urnas sí. La guerra que crece ¿afectará las elecciones? Las Farc quieren sabotearlas, y el ELN acaba de suspender sus prenegociaciones de paz con el argumento de que pueden ser manipuladas electoralmente por el gobierno (pues también los 'farianos' y los 'elenos' son ante todo colombianos: sólo les interesa el proceso electoral). El hundimiento del campo ¿debilitará el voto cautivo de los caciques tradicionales? El estallido de las ciudades ¿tendrá algún efecto sobre el voto urbano de opinión? La disolución del Estado ¿dificultará el recuento de los votos? El deterioro de la educación ¿impedirá el buen manejo del tarjetón electoral? El aniquilamiento de la justicia ¿favorecerá el fraude?El país se derrumba, pero vota. O se abstiene, lo cual es una manera de votar: no necesito volver a citar aquí la frase de Edmund Burke tan abundantemente citada en las últimas semanas por todos los comentaristas electorales del país (que son tantos _o tan pocos_ como los propios votantes). El país se derrumba, pero los analistas electorales (no hay otros) están eufóricos: a este paso, la participación electoral va a ser más alta que nunca.Tal vez no sea serio. Pero a este paso me va a tocar escribir sobre Serpa. La próxima vez.
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