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Opinión

  • | 1983/05/23 00:00

    ¿ESCUDOS VS. ESPADAS?

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En días pasados, Ronald Reagan sorprendió al mundo al formular un opción futurista para la defensa de su país. Esta nueva alternativa de protección es un cambio radical de la política estadounidense y una apertura a posibilidades inéditas sobre la seguridad mundial. Sin duda, el proyecto contiene implicaciones tanto beneficiosas como nefastas, y, ante todo, una incertidumbre total sobre sus efectos.
El presente debate no ha sido analizado a fondo en nuestro país. La sensación de impotencia frente a las maniobras de las superpotencias no nos debe impedir tomar conciencia de las determinaciones que nos afectan. Aunque nuestra capacidad sea limitada para influir sobre un problema tan complejo, no por ello debemos permanecer impávidos para luego padecer las consecuencias de nuestro silencio e inconciencia. El plan de defensa desborda en significado los límites de la propuesta en sí y engendra preguntas sobre la política de defensa de los Estados Unidos, su manejo y su credibilidad. Además, el proyecto es un espacio de reflexión que nos envuelve a todos; apoyarlo o criticarlo es apenas una obligación. Por eso, es imperioso analizar no sólo si tal técnica es posible, sino si es deseable o necesaria. Para esto, es preciso balancear sus ventajas y desventajas. De las primeras, sobresalen las siguientes:
- La defensa expuesta es un avance con relación a las negociaciones de desarme. Henry Kissinger ha indicado que éstas se hallan estancadas, dirigidas peligrosamente a un callejón sin salida. Es esencial un viraje, un cambio radical para hacer eficaces las negociaciones. El proyecto de Reagan puede ser ese nuevo giro, el hecho es que es una alternativa, y por ende un esfuerzo significativo.
- El sistema garantizaría la seguridad de los Estados Unidos, y, según Reagan, no sólo de su país sino el de todos por igual, "liberando al mundo del peligro de conflictos cataclísmicos entre superpotencias".
- Finalmente, de acuerdo a TIME, se provocaría un vuelco fundamental sobre los ejes de la seguridad. Aceptada la supuesta perfección de la defensa, atacar sería inútil, y frente a la futilidad de lanzar la primera piedra ninguna se arrojarla. La paz resultaría de esta inutilidad, y no del tambaleante terror a la absoluta aniquilación.
No obstante, el proyecto en este momento es seguido por una cola incandescente de críticas y oposiciones. Dentro de las más obvias estan, por ejemplo, los costos y las dificultades técnicas. Posible o no, será ardua y costosa la creación de esta estrategia nuclear espacial. Veamos otros obstáculos:
- La Modernidad. Se trata de una defensa que tardará años en implementarse, una cuestión que eventualmente aflorará. Sin embargo, dado el peligro de la presente amenaza nuclear, según varios dirigentes inventar soluciones para un después, es desviar la atención del preocupante ahora.
- Los críticos afirman que si se procede con el programa, se desprenderá un crecimiento inflacionario de armamento.
Entre mejor esté defendido un grupo social mayor será la inversión de parte de su adversario para debilitarlo nuevamente. Es absurdo pensar que EE.UU. pueda construir este resguardo sin que los soviéticos intenten superarlo. La consecuencia: una acción ilimitada en la cual cada nación procurará defenderse y, simultáneamente, hacer vulnerable la muralla de su contrincante. - Confeccionar tal tipo de protección que por necesidad sea infaliblé es un riesgo difícil de asumir.
Strobe Talbott, ensayista de TIME, explica: "... para que funcionen estos sistemas tienen que ser 100% efectivos. Aún un minimo de escape... significaría millones de muertes".
- Si una superpotencia, unilateralmente, creara un sistema de conservación que prometiera su seguridad, se desequilibraría el balance de poder y resurgiría el peligro de una guerra nuclear. Si las amenazadas o seguridades no están balanceadas, nace la tentación de exterminar al enemigo ya que se poseen las armas para hacerlo y el escudo necesario para impedir una respuesta demoledora.
- Finalmente, existe una falacia en las raices del proyecto. Desde su presentación, se ha tratado, en primer lugar, como un sistema exclusivamente de defensa. Y, en segundo lugar, como amparo contra agresiones soviéticas. Desgraciadamente, las divisiones tajantes entre ofensa y defensa sólo se dan en el papel, pero en la práctica son poco menos que ilusorias. Las armas, al depender de su uso, pueden servir para defender o agredir. Examinemos en detalle ambos factores
a. La proyección de rayos destructores disparados desde satélites, impediría la llegada de misiles dirigidos a cualquier lugar con tal de caer dentro de las fronteras de la red blindada. Pero, dada la capacidad tan avasalladora de los satélites, sería innecesario que los cohetes fuesen disparados: se podrían destruir en sus puestos de almacenamiento.
Así, ¿no es posible destruir, además de proyectiles, tanques y submarinos, gente, oficinas y ciudades? Pasaríamos de un artefacto de fortificación a un instrumento de agresión. b. ¿De qué manera se puede asegurar que este arquetipo de preservación (con capacidades ofensivas) fuera utilizado únicamente contra la Unión Soviética? ¿No se puede suponer que, bajo el pretexto de velar por los intereses del capitalismo, esta arma se empleará contra cualquier nación? Se trata ya no de una red protectora sino algo más complejo: la libertad y el derecho de soberanía propia de los pueblos menos desarrollados. Que ésta no haya sido la intención de Reagan es probable, pero el hecho que existe en potencia es suficiente para condenar el proyecto.
En conclusión, consideremos una serie de elementos. Por un lado, resalta el hecho que el balance del poder se puede desequilibrar no sólo con una sobreproducción de armas sino con una de defensa. Por otro lado, a nivel político, es evidente el mal momento de la proposición. La respuesta de Reagan a las protestas antinucleares en Europa, para muchos fue la de fomentar la carrera armamentista y elevarla al espacio, multiplicando sus costos y el paralelo terror que la acompaña. Como consecuencia, la credibilidad de Washington en torno al desarme se desintegra vertiginosamente y la promesa de reducir armas nucleares parece cada vez más una broma.
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