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Opinión

  • | 2014/03/25 00:00

    Cómo engañar con números

    Si la realidad en Colombia correspondiera a lo que dicen las cifras de políticos, las empresas e instituciones, en este país no habría pobres, ni violencia, ni desempleo.

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En alguna ocasión le escuché decir a un sabio de las empresas encuestadoras, que aunque los estudios de opinión pública se enfocaban en medir lo que las personas decían, sería importante también aprender a medir lo que la gente calla, ya que frente a muchos asuntos es más lo que las personas se guardan que lo que verbalizan. “Por eso, hay que seguir innovando en métodos que vayan más allá de las encuestas”, dijo él.  La idea me quedó dando vueltas y esa misma noche, casualmente, en otra reunión, oí decir al director de una prestigiosa agencia de publicidad que el libro de obligatoria lectura para los profesionales de esta rama se llamaba: “Cómo mentir con estadísticas”.  
Pensé entonces en esa tendencia mañosa que reina en nuestro país y que es extendida en todos los ámbitos de engrupir con cifras, porque claro, existe la tendencia a pensar que estas no mienten; y la poca formación matemática de nuestros ciudadanos del común no permite hacer distinciones sobre la representatividad de una muestra, la validez de un promedio, o la poca relación que puede tener un número con el fenómeno que se explica.  Tampoco se sabe que el paradigma objetivista puede darnos respuestas acertadas sobre ciertos hechos, pero en algunos casos resulta insuficiente para explicar realidades complejas que demandan de otros métodos de investigación más refinados, lentos y costosos.    

De esta manera, una gran cantidad de incautos caen en la trampa, y creen en las exitosas cifras económicas que revelan los gobiernos justo en época electoral,  o en los coloridos informes de gestión que muestran con gráficos cuánto ha crecido una empresa y cómo se benefician de ello los empleados.  Si la realidad en Colombia correspondiera a lo que dicen las cifras de los políticos, o a los informes de gestión de las empresas e instituciones, en este país no habría pobres, ni violencia, ni desempleo y el ambiente organizacional en todas partes sería maravilloso, aunque con algunos “desafíos”, por supuesto.   

La ignorancia colectiva y el eco de periodistas ingenuos que caen en el juego de las cifras, reproducen noticias que afirman que Colombia ha batido récords históricos en generación de empleo, mientras, en la página siguiente, se anuncia el hecho de que el 49% de los trabajadores son informales. También se dice que ha aumentado la cobertura de la educación, pero no se relaciona con los índices de calidad en los que seguimos ocupando los peores puestos del mundo. Se saca pecho mientras se publicita que las cesantías de los trabajadores subieron un 15%, mientras los empleados se preguntan por la existencia de las mismas. ¿Cuántos de ellos con el sistema de contratación actual (términos definidos de seis meses o un año, a lo sumo), pueden darse el lujo de ahorrarlas? Estas se agotan en la supervivencia del mes  sin contrato.

Se habla de los miles de beneficiarios de las capacitaciones del Sena, pero no de cuántos están empleados gracias al curso que hicieron.  También que los presupuestos de cultura o de ciencia y tecnología aumentaron al doble durante el período del mandatario de turno, sin decir cuál era la cifra inicial, que seguramente antes era doblemente miserable y ahora solo miserable.  Muchas gráficas de reducción de la pobreza, pero silencio absoluto frente a lo que se hará con las más de cinco millones de personas en situación de desplazamiento.

Lo primero que me enseñaron en mis clases de métodos de investigación y de estadística, es que la realidad no puede ser dilucidada de una sola manera.  En algunos casos los números aportan suficiente información, en otros,  no son más que meras cifras, que requieren de una interpretación aguda, o de un paradigma metodológico que se escape de la exactitud y se relacione más con la cultura o con los tejidos de significación. Hay que hacerse más preguntas, hilar más fino, dudar.  Pero esto parece mucho pedir. 

Mientras tanto, los publicistas siguen leyendo “Cómo mentir con estadísticas”, los gobiernos los siguen contratando y los gerentes se aprenden el modelo para la reunión con sus jefes.  Así, todos felices, mientras Colombia sigue siendo una cifra, una cifra decepcionante.

En Twitter: @morozcoa
margaraorozco@yahoo.es
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