Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2009/08/29 00:00

¿Estado asociado?

la sensación de que colombia ya no puede lidiar con los narcos, ni con las farc, ni con chávez, si no es con la presencia de los norteamericanos, subyace en todo este escenario

¿Estado asociado?

O El Tiempo vio otra transmisión distinta a la que vimos los colombianos de la reunión de Unasur en Bariloche -yo vi la de RCN- o ese diario está tan desesperado por hacerse al tercer canal, que ya no le importa tergiversar lo que sucedió en tan apasionante reality. 
 
Digo lo anterior porque a los pocos minutos de conocido el documento de Bariloche, en el que se desecha la tesis central de Uribe según la cual el acuerdo militar entre Washington y Bogotá es un tema bilateral que no afecta la región y se concluye precisamente lo contrario, es decir, que sí afecta a la seguridad de esta parte del continente y que se le va a someter a estudio, el tiempo.com afirmó sin mayor empacho que el presidente Uribe se había anotado un éxito en Unasur. Según el diario de Planeta, el Presidente había logrado meter en el punto 2, en el que Unasur se compromete a reafirmar la lucha y la cooperación contra el terrorismo y la delincuencia organizada y sus delitos conexos como el narcotráfico, una frase que, según el diario, "perjudica a los grupos guerrilleros y a los paras". La frase, que según el tiempo.com le habría reportado un éxito a Uribe, sería esta, según vimos en la transmisión: "…como el rechazo a la presencia de grupos armados al margen de la ley".

Si estos son nuestros éxitos diplomáticos, los colombianos nunca vamos a entender por qué estamos quedándonos solos en la región y por qué ni siquiera pudimos obtener de parte del presidente peruano, Alan García, dizque nuestro aliado en el tema de las bases, un apoyo incondicional en Bariloche.

A decir verdad, lo que quedó claro el viernes pasado, más allá de los éxitos pírricos del Presidente colombiano, es que a lo largo de la extensa reunión, él nunca dejó de parecer un perro a cuadros. Mientras todos los demás Presidentes estaban sintonizados en que Unasur era el escenario para discutir los problemas regionales sin la presencia tutelar de Estados Unidos, Uribe insistió siempre en poner por encima a la OEA -de hecho, cuando afirmó que iba a entregar a Unasur el acuerdo militar con Estados Unidos, condicionó la entrega a que estuviera también la OEA-. Mientras el Presidente colombiano insistió en poner como condición para empezar a crear confianza entre los países de la región, el que todos los Estados de Unasur debían declarar terroristas a las Farc, reeditando de nuevo la guerra preventiva del presidente Bush que Obama no ha podido o no ha querido desmontar, los demás, con excepción de Perú, se negaron a hacerlo. Y mientras todos al unísono condenaron el golpe militar que produjo el derrocamiento de Zelaya en Honduras, el presidente Uribe fue el único que dejó entrever que sus huesitos y sus carnitas estaban más cerca de Michelletti, insinuación que alebrestó los labios llenos de bótox de la Kirchner. Y ni siquiera las palabras generosas que el presidente Uribe tuvo para con Unasur, al final de su segunda intervención, lograron maquillar la impresión de que Uribe estaba como el comercial de Davivienda: en el lugar equivocado.

Quedó claro que si a él le dan a escoger entre mirar al sur y mirar al norte, sin pensarlo dos veces, prefiere el norte, así allá el nuevo Presidente sea un hombre veleidoso, que no sabe montar a caballo, con el que Uribe poco se la va; que por lo demás no lo quiere mucho; que le tiene engavetado el TLC y el mismo que hasta hace poco no miraba con buenos ojos sus intenciones de perpetuarse en el poder.

Uribe, hay que reconocer, interpreta a más de medio país que quiere lo mismo. Si nos atenemos a las encuestas, hoy los colombianos quieren las bases y no sienten que su soberanía esté amenazada por el hecho de que los norteamericanos aumenten su capacidad táctica y operativa de manera significante. Una realidad que no por cierta deja de ser preocupante. La sensación de que Colombia ya no puede lidiar con el narcotráfico, ni con las Farc, ni con Chávez, ni con nadie, si no es con una presencia considerable de armamentos y tropas norteamericanas, subyace en todo este escenario. Y la sensación no es buena. Por ese camino el siguiente paso que habría que dar sería aspirar a que Estados Unidos nos integre como un Estado asociado, al igual que Puerto Rico. Una inmensa minoría, en la que me encuentro yo, considera que ese no es el camino apropiado para una democracia y que la forma de enfrentar esos desafíos es a través de instituciones democráticas fuertes.

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