Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/08/02 00:00

Están lloviendo dólares… ¡Cúbranse!

La revaluación, más que una amenaza, es un hecho desde hace más de un lustro. El sector exportador del país debería protegerse en vez de mendigar ayudas del nuevo gobierno.

Están lloviendo dólares… ¡Cúbranse!

La revaluación, más que una amenaza, es un hecho desde hace más de un lustro. El sector exportador del país debería protegerse en vez de mendigar ayudas del nuevo gobierno.

Es un hecho: la marea verde no es un movimiento político sino un fenómeno económico. La inversión extranjera directa (IED) a cierre de 2009 es casi cinco veces la que recibía el país una década antes. El Ministerio de Minas y Energía espera que la inversión en el sector petrolero para 2010 sea de 4,000 millones de dólares, más de 50% superior a la de 2009. Así, estamos ante una muy avisada abundancia de dólares en el mercado.

Además, la participación del sector de hidrocarburos y minería es creciente dentro del total de inversión de agentes económicos extranjeros en el país. En 2009 esta participación alcanzó el 77% del monto total, máximo histórico desde 1994. Esto no es del todo positivo, pues como se ha dicho en columnas anteriores esta IED no se traduce en mayores empleos: el sector hidrocarburos no es intensivo en mano de obra, y el resto de la inversión consiste en comprar empresas ya constituidas en Colombia (Bavaria y Avianca son buenos ejemplos).

La amenaza al sector exportador a causa de una caída constante del tipo de cambio está ahí, latente. El exceso de oferta de dólares ha impulsado desde hace años el precio del dólar a la baja y esto, para los exportadores, es una situación “nueva”. En enero de 2003, cuando el dólar tocaba niveles cercanos a los $3,000 los exportadores se enriquecían más por un negocio cambiario que productivo. Realmente cualquier exportación era rentable a causa de la devaluación. Mucho antes que esto sucediera el gobierno auguraba alguna certeza sobre el tipo de cambio: primero con la devaluación “gota a gota” (decreto 444/67), luego con la banda cambiaria que cayó finalmente en septiembre de 1999.

Sin embargo, la herencia del consenso de Washington - monedas fuertes y mercados libres - ha hecho que el país se suba en la montaña rusa del mercado de cambios sin restricciones. Muy lejos están las épocas del dólar a $3,000 o a $2,500 y de hecho lo que antes parecía el piso de los $2,000 ahora es añorado por muchos como un techo que algún día se romperá. En este proceso de caída del tipo de cambio que, aparte de recuperaciones insípidas causadas por la coyuntura internacional, lleva sucediendo más de 7 años, los exportadores han recibido muchos paquetes de ayuda por parte del gobierno. No sólo se subsidió en repetidas ocasiones el precio de venta del café, sino que se les pagó a los floricultores una parte de las coberturas de tipo de cambio para que pudieran seguir funcionando.

Aunque es claro que no se puede dejar fracasar al sector exportador, esto no es tema de dilapidar dineros del erario público. Al fin y al cabo el Estado debería otorgar bienes públicos que para el sector privado es demasiado costoso proveer. Así como el Estado no debe subsidiar a los grandes terratenientes del país (AIS), tampoco debe financiar al sector exportador cuando éste tiene las herramientas para protegerse al alcance de sus manos.

El tipo de cambio no debería ser un argumento ni a favor ni en contra del flujo de caja de un negocio. Para eso existen productos que ofrecen todos los bancos del país y que garantizan un tipo de cambio al adquiriente. Algunos de ellos, como los forwards, son gratuitos. Es decir que aquel que firma el contrato no tiene que pagar nada en el momento de la firma y simplemente se compromete a vender dólares (en el caso de un exportador) en una fecha futura a un precio fijado desde hoy. Seguro, si el dólar sube de precio el exportador no gana de más, pero si el tipo de cambio baja el interesado no pierde.

Entiendo que querer ganar dinero a través de la especulación cambiaria puede ser razón suficiente para no cubrirse a través de estos productos “sofisticados” y gratuitos. Sin embargo, me parece injusto que si el exportador no se cubre, las utilidades se vuelven privadas y las pérdidas se socializan en la forma de los ya conocidos subsidios y apoyos estatales.

Esto es similar a la política de rescate a los bancos norteamericanos durante la reciente crisis. Éstos tenían el capital humano y técnico para entender que los riesgos que estaban asumiendo eran excesivos y aun así en vez de quebrar recibieron recursos del Estado para continuar su operación. Hasta hoy no se ha visto una política que busque acabar con el perverso incentivo a esperar el rescate, ni en Estados Unidos ni en Colombia.

Este es mí llamado al nuevo gobierno: La revaluación no va a desaparecer, así haya una regla fiscal y fondos de estabilización en el exterior. Por tanto, antes de ver un lobby de los exportadores en el congreso o en los ministerios, es importante que el gobierno ponga en claro que el mitigar el riesgo cambiario es responsabilidad de los dueños del negocio y no de los millones de colombianos que, con sus impuestos, han venido subvencionando esta exposición al riesgo, absolutamente voluntaria, desde hace casi una década.
 
*Profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales. Master of Science en finanzas de la Universidad Pompeu Fabra. Profesor Investigador Cipe - Universidad Externado de Colombia. germanf.forero@uexternado.edu.co <mailto:germanf.forero@uexternado.edu.co>

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