Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/06/01 09:47

Nadie sabe para quién trabaja

El gobierno Santos ha cometido muchos errores y tiene grandes defectos, pero tildarlo de “castro-chavista”contradice cualquier evidencia razonable.

Esteban Piedrahita.

El modelo económico colombiano es altamente imperfecto. De una parte, no ha logrado alcanzar los niveles de productividad e ingresos para garantizar una calidad de vida adecuada a la mayoría de la población. Por otra, la “repartición” de la riqueza que genera es altamente inequitativa. Lo que parece olvidarse con frecuencia es que el desarrollo económico es un proceso de acumulación que dura décadas y que si bien los resultados de Colombia a la fecha dejan que desear, las mejoras tanto en nivel de vida como en desigualdad frente al pasado son notables.

El ingreso por habitante (medido en términos de igualdad de poder adquisitivo) que tenía Colombia en 2010 (última fecha para la cual hay comparativos fiables de largo plazo) era similar al que tenían Estados Unidos y el Reino Unido en 1940, Japón en 1967, España en 1972 o Corea en 1987. Desde que el país adoptó un modelo económico de mercado que se podría considerar moderno—en la década los 30—el ingreso per cápita real se cuadriplicó a 2010. El mismo salto en ingreso tardó más de 150 años en el Reino Unido, más de 100 en los Estados Unidos y casi 80 en España. Japón logró lo mismo en 50 años y Corea en 40. Desde esa óptica, los 70 años largos que le tomó a Colombia no lucen mal.

En procesos de largo aliento y acumulación gradual, la constancia normalmente vence lo que dicha no alcanza. Los que tradicionalmente han sido los dos países más ricos de América Latina, Argentina y Venezuela, han sido dados a experimentos con modelos económicos “alternativos” de corte estatizante que, en ocasiones, han contribuido a brotes de crecimiento, pero que desde una perspectiva más prolongada han sido terriblemente ineficaces, por no decir devastadores. ¡Venezuela tenía en 2010 prácticamente el mismo nivel de ingreso real por habitante que tenía en 1960! En el mismo lapso de 50 años, el ingreso real de los argentinos aumentó un 80%, mientras que el de los colombianos, con nuestro “nadadito de perro”, se multiplicó casi por 3.

El perfectible modelo colombiano, que ha producido un crecimiento bastante respetable (3,9% anual promedio desde 1934) y, sobretodo, extraordinariamente consistente (solo un año, 1999, de crecimiento negativo), ha vivido siempre bajo ataque de las izquierdas, desde la razonable, que exige más reformas pro-equidad, hasta la delirante, que nada aprende de los vecinos ni de la historia. Lo novedoso es que, quizás por primera vez en la Colombia contemporánea, una porción importante de las élites también está ahora enfilada en su contra, desde la derecha, con una virulencia inusitada.

El gobierno Santos ha cometido muchos errores y tiene grandes defectos, pero tildarlo de “castro-chavista” no solo contradice cualquier evidencia razonable (¿no es la privatización de Isagén, por ejemplo, anatema al “castro-chavismo”?), sino que puede acarrear consecuencias peligrosas. Cuando una importante facción del establecimiento se dedica, con un uso liberal de los hechos y la verdad, a minar la credibilidad del Estado y, por ahí derecho, del modelo económico, abandonando cualquier ánimo reformista y resollando revolución, se juega con candela. Tal y como se desprende del libro “La Rebelión de los Naúfragos”, de la periodista venezolana Mirtha Rivero, la destitución de Carlos Andrés Pérez, aupada por buena parte del establecimiento político, mediático, empresarial e intelectual del vecino país, allanó el camino para el indulto y, luego, el ascenso al poder de Hugo Chávez. Nadie sabe para quién trabaja.

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