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Opinión

  • | 2011/07/14 00:00

    Eurocrisis: la debacle de las finanzas públicas griegas

    Desde comienzos del año pasado en Europa se vive una crisis motivada por la avaricia, las mentiras y la más rampante malversación de dineros de los contribuyentes.

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A final de la década de 1980 los países miembros de la Comunidad Europea comenzaron a buscar la forma de llevar un paso más allá el proyecto de una unión económica y monetaria. Tras muchas reuniones, planes, programas y sendos tratados con nombres de ciudades (Maastricht, Madrid, Lisboa, Ámsterdam y otras tantas), el proyecto de la Unión Europea se cristalizó y, con este, la idea de una moneda única: el Euro.

En aquel entonces – 1997 – la idea del euro era formar un selecto club en el que solo las más sólidas economías europeas pudieran participar. Como en cualquier club los criterios de admisión – también llamados Criterios de Convergencia - eran ácidos y de costoso cumplimiento. En primer lugar la deuda pública no podía exceder el 60% del PIB del país. Además, el déficit fiscal no podía exceder el 3 por ciento del PIB. Finalmente la inflación no podía exceder las más bajas de la Unión en más de un 1.5 por ciento. ¿Por qué querría un país someterse a semejante camisa de fuerza?

Las ventajas de la moneda única eran evidentes para la mayoría de países de la Unión. En primer lugar una moneda única daría mucho más peso a Europa como jugador en la arena económica internacional. Además, se eliminaba una parte importante del riesgo cambiario en el comercio internacional al menos entre los países de la zona euro.
 
Finalmente, los países con menor fortaleza económica se verían beneficiados al tener la misma moneda que países con mejor reputación y mejores fundamentales macroeconómicos: se esperaría en el corto plazo una reducción de la inflación, mayor crecimiento y una caída del desempleo.

Ante tan atractivo premio la mayoría de las 15 economías de la Unión de ese momento buscaron cumplir con los criterios para poder hacer uso de la moneda única. Solo Reino Unido, Dinamarca y Suecia se abstuvieron de entrar en el proceso por la oposición que causó en la opinión pública. De los doce países que buscaron entrar a la unión monetaria el único en incumplir los criterios de convergencia, a cierre de 1997, fue Grecia. Así, la eurozona – grupo de países que compartían el euro como moneda común – inició en 1999 con 11 países. La entrada de Grecia se pospuso para el 1 de enero de 2001.

Saltando hacia el futuro poco menos de una década, nos encontramos con la peor crisis financiera del último siglo. Las pérdidas de las instituciones financieras – bancos, aseguradoras, bancas de inversión e inversionistas privados – se cuentan en los trillones de dólares y los programas de ayuda no se hacen esperar. Es así como el gobierno de los Estados Unidos destinó dos millones de millones de dólares, pagados por los contribuyentes, para rescatar al sistema financiero a través de recompras de activos con problemas. En Europa, de forma similar, se establecen fondos de rescate al sistema financiero por valor de cientos de miles de millones de euros a lo largo de la mayoría de países de la eurozona.

A finales de 2007 los mercados financieros se paralizaron. Los inversionistas, en pánico, no querían invertir sus recursos, los bancos e instituciones financieras no tenían cómo acceder a recursos para seguir operando, las familias empezaron a perder sus casas a causa de las altas tasas de interés y de desempleo y los gobiernos vieron sus presupuestos mermados tanto por el gasto que implican los planes de rescate como por la caída en los ingresos a causa de la ralentización en la actividad económica.

Semejante coyuntura era, a todas luces, el peor escenario económico posible. En semejante situación se descubrió lo impensable: Grecia, que había entrado a la Unión Europea en 1981, había falseado sus estadísticas desde 1999 para poder cumplir con los criterios de convergencia y así pertenecer a la eurozona.

Así, lo que debía ser un déficit fiscal de máximo 3 por ciento del PIB, en Grecia era, para 2008, del 13.25 por ciento y la deuda, cuyo máximo valor según los criterios de convergencia debía ser del 60 por ciento del PIB, era del 110 por ciento. ¿Cómo logra un país mentir acerca de su situación fiscal durante un período tan largo de tiempo?
 
Después de exhaustivas investigaciones por parte de la autoridad monetaria europea se descubrió que el gobierno griego había pagado cientos de millones de dólares a Goldman Sachs – banca de inversión norteamericana – para que ocultara parte importante de sus deudas y de sus gastos al momento de reportarlos.

La crisis Griega detonó pues las principales industrias helénicas. Turismo y transporte marítimo de mercancías se vieron duramente afectadas por la merma en la actividad económica. Esta reducción en la actividad afectó directamente los ingresos del fisco que, al verse peligrosamente cerca de un impago de sus acreencias a terceros, tuvo que levantar la mano y pedir ayuda.

La situación era crítica entonces y lo sigue siendo hoy. Durante 2010 la Troika – tripleta conformada por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo – diseñaron un plan de rescate para el país helénico por 110,000 millones de euros. Este dinero, para evitar el impago griego, provendría del presupuesto de la Unión Europea y del FMI, presupuesto que se alimenta directamente de impuestos pagados por los contribuyentes. Ya durante 2011 se han aprobado desembolsos adicionales por 30,000 millones de euros sólo para Grecia.

Estos desembolsos, sin embargo, no se han entregado solo por el “buen corazón” de la Troika. A cambio se han exigido de los griegos mayores edades de jubilación, mayores tasas impositivas, una reducción en el tamaño del estado con el consecuente subempleo y una reducción del salario mínimo. Así, la calidad de vida del ciudadano griego promedio cae para pagar por la avaricia y las mentiras de sus dirigentes. A 2010 el nivel de deuda griego llega al 142 por ciento del PIB, el déficit fiscal al 9.45 por ciento y el desempleo al 12 por ciento. Lo único que prometen los políticos frente a estas patéticas cifras es que las cosas tendrán que empeorar antes de mejorar.

Este, sin embargo, es solo el primer capítulo de una crisis que se empieza a prolongar y a extender a otros países. En mi próxima columna de esta serie discutiré el más reciente caso de Portugal.

* Profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales. Master of Science en finanzas de la Universidad Pompeu Fabra. Profesor Investigador Cipe – Universidad Externado de Colombia.

Twitter: @GermanForeroL

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