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Opinión

  • | 2010/05/27 00:00

    Europa, zona de fracturas

    Siempre se ha asumido que los países europeos surgieron de una relación natural entre los habitantes de cada pueblo, que las naciones dieron paso a los Estados.

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Con el temor de que Bélgica sucumba, ahora sí, a una partición, se ponen en evidencia los históricos roces poblacionales al interior de muchos Estados de la Unión Europea. Por donde se mire, Europa es una colcha de retazos unida por puntadas más o menos fuertes según la superficie del mapa de la que se esté hablando. En el caso belga, los valones francófonos del sur y los flamencos de cultura neerlandesa del norte viven permanentemente en una situación de zozobra, alimentada por sucesivas renuncias del jefe de gobierno y choques constantes entre la población, lo que se hecho especialmente fuerte en los últimos tiempos.

Siempre se ha asumido que los países europeos, contrario a lo que pasó con Suramérica y el África –que fueron partidos “con regla”, según los intereses de los grandes imperios-, surgieron de una relación natural entre los habitantes de cada pueblo, que las naciones dieron paso a los Estados. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo se han puesto de relieve enormes diferencias entre territorios del antiguo continente que se han asumido a nivel internacional como cohesionados y se han profundizado las diferencias dentro de muchos Estados pluriculturales.

Los ejemplos de Irlanda del Norte y del País Vasco son tal vez los más publicitados. Con relación a Belfast, las negociaciones de paz, aún con las dificultades inherentes a ese tipo de procesos, han ayudado a superar las diferencias. El Acuerdo de Viernes Santo, suscrito en abril de 1998, tejió un puente entre ingleses y norirlandeses que poco a poco ha contribuido a cerrar las heridas de una confrontación brutal. Sin poder dar aún un parte de victoria, es un evento más o menos exitoso dentro de la Unión. Por su parte, Euskadi, la comunidad vasca española, es un caso diferente pues sus reivindicaciones de independencia se ven bombardeadas, literalmente, por los métodos de ETA y por el argumento del gobierno español de que ya no es posible darle más autonomía sin que se rompa la unidad estatal, lo que sería muy peligroso teniendo en cuenta intereses en el mismo sentido desde otras regiones, como Cataluña y Andalucía.

En Italia también se oyen voces secesionistas. La Liga Lombarda, con raíces históricas profundas, conocida hoy como Liga del Norte, funciona como un partido político fundado por Umberto Bossi y ha ventilado ideas como la ruptura de los territorios del norte de Italia del resto del país, ya que son mucho más ricos y sus partidarios no ven porqué deben compartir su producción con el resto de la población. Este partido ha tenido gran participación en el Parlamento, lo que demuestra que muchos ciudadanos secundan estas ideas.

Así como hay pueblos sin Estado en el mundo, como los palestinos y los kurdos, también hay Estados con varios pueblos en su interior, que es lo que estamos viendo aquí. Con relación a esta última situación, existen tres maneras de zanjar las diferencias. La primera sería a través de la concertación democrática, de políticas incluyentes y plebiscitos para decisiones vitales entre las diferentes minorías. La segunda, al mejor estilo de la antigua Yugoslavia, una guerra fratricida. Eslovenia, que ya es Estado parte de la Unión, y Macedonia y Croacia, que son países candidatos, vienen de uno de los sucesos bélicos más violentos del siglo XX. Por último, está el caso de Checoeslovaquia, que se dividió de manera pacífica en 1993 debido básicamente a que sus diferentes etnias -51% checos, 16% eslovacos, 22% alemanes, 5% húngaros y 4% de rutenos- no se sentían a gusto en un Estado centralizado. Hoy en día tanto la República Checa como Eslovaquia también hacen parte de este bloque europeo que, por lo que parece, no ha terminado de fraccionarse.
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