Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2011/06/20 00:00

    Evocando el Corazón

    Dicen que la grandeza de los seres humanos se evidencia en sus momentos de debilidad. Días antes de morir había hablado con Augusto Ramírez Ocampo.

COMPARTIR

Dicen que la grandeza de los seres humanos se evidencia en sus momentos de debilidad. Días antes de morir había hablado con Augusto Ramírez Ocampo. Estaba en su casa, terminando su convalecencia. Me dijo que ya se sentía mucho mejor y que quería pronto regresar a sus actividades. Le pesaba, sobre todo, el aniversario de la Constitución del 91. No sólo fue coautor de ella sino que fue un defensor incansable de su integridad. Como siempre, estaba alegre, optimista y contento. Cada pequeña cosa, proyecto o idea que le comentaba, la escuchaba con entusiasmo. Era un hombre vital, fuerte y de espíritu muy joven.

Lo conocí años atrás en la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y al cabo de un tiempo le pedí el favor de escribir el prólogo de mi libro sobre el acuerdo humanitario. Era el año 2003, ya no trabajaba con el gobierno, estaba embarazada de mi hija. El momento político para la paz era pesado. Sólo se permitía hablar de guerra y menos aún de diálogo para lograr la liberación de los secuestrados.

El libro nació y mi hija también. Augusto Ramírez Ocampo celebró con sus palabras la presencia de los dos. Siempre supo valorar lo pequeño. Mientras ella crecía los secuestrados se hundían bajo las raíces de los inmensos árboles de la selva. Las FARC los condenaban a llevar cadenas y el gobierno a ver pasar sobre sus cabezas ráfagas de mortero. Gracias al empeño por el acuerdo humanitario lo conocí mejor, como también a los familiares de los cautivos y a quienes después salieron libres. Curiosamente, en aquella lucha contra el secuestro pude evidenciar dónde radica verdaderamente la libertad de la persona.

Esta semana de luto que pasó, coincide con el aniversario de la muerte de los diputados del Valle del Cauca, cuya memoria evoco. Difícil entender de dónde provenía su fuerza, cómo tras infernales años de cautiverio, seguían pidiendo reconciliación y teniendo esperanza en los colombianos – fueran gobernantes o guerrilleros. Anhelo que, además de anotar en la agenda de la historia la masacre de aquellos hombres y la muerte de quien fue alcalde de Bogotá, constituyente, embajador, diplomático, anotemos también su legado de paz.

La causa de la muerte de Augusto Ramírez Ocampo fue justamente un fallo en el corazón. Sé que tenía muchas “reparaciones” y hoy puedo imaginar la explicación de los daños. Antes no lo percibí porque aquel corazón parecía perfecto; además de bombear con fuerza y energía, lo hacía con bondad. Tengo la certeza que aquel órgano fue el que supo guiar su brillante cerebro en las sabias decisiones que tomó. Doy gracias por lo que fue su vida y, sobre todo, su corazón.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.