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Opinión

  • | 2017/06/22 08:52

    Exgenerales y exguerrilleros

    La matanza de policías y líderes sociales, así como la explosión en el Centro Andino, son la cabeza de playa.

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En la tercera temporada de Fargo -la singular serie de TV inspirada en el inquietante cine de los hermanos Coen- un enigmático hombre que se hace llamar V.M. Vargas, cuyo pasado parece vinculado a la desaparecida Stasi, se dirige a un empresario que ha caído en su retorcida telaraña: «Sabes que en el libro del Génesis hay 25 capítulos que se refirieren a la enemistad entre hermanos, los más famosos Caín y Abel, pero a José le traicionaron sus hermanos y lo vendieron como esclavo. ¿Creerías que todos los hermanos en la historia han solucionado sus problemas?»

Esta observación sobre el Antiguo Testamento podría encajar en algunos miembros del llamado Cuerpo de Generales y Almirantes en retiro de las Fuerzas Militares de Colombia (CGA) que, sistemáticamente, se oponen a la reconciliación entre hermanos colombianos que durante un largo periodo se enfrentaron a tiros por distintas motivaciones. La única explicación racional para entender esta obstinada conducta es que detrás de ella se esconda alguna clase de negocio particular. En países que padecen conflictos, la seguridad privada es una de las tajadas más apetitosas del pastel. Armas, munición, equipamiento, raciones de campaña, combustible, logística, son algunos de los jugosos negocios de la guerra, en las que hay muchísima gente involucrada. Esto lo entiende hasta un vendedor de baratijas.

Estas cosas también las entiende un soldado raso. Las entiende, por ejemplo, el hermano menor de mi padre que fue soldado raso e hizo parte del contingente que participó en la Guerra de Corea y tuvo la suerte de regresar vivo de una contienda en la que murieron cientos de sus camaradas del Batallón Colombia y otras tantos volvieron heridos, mutilados o locos. Fueron a pelear una guerra ajena en la que los metió un político conservador, simpatizante del nazismo, llamado Laureano Gómez que con su retórica sectaria y guerrista desató la violencia en la que murieron miles de campesinos liberales y conservadores. La violencia se salió de las manos de sus promotores, tanto que Laureano Gómez huyó a España, lugar en donde fue recibido con los brazos abiertos por el dictador Franco. Se sabe que los veteranos de la Guerra de Corea han recibido más reconocimiento del gobierno de Seúl que del de Bogotá.

Estas cosas las entienden los soldados, policías y guerrilleros mutilados. Los que tendrán que juntarse algún día, como pasó en Nicaragua y El Salvador después de la guerra, para reclamar ayudas a los políticos empotrados en las instituciones del Estado. Me extraña araña, que algunos ex Generales y ex Almirantes no estén pensando en la suerte de los hombres y mujeres que estuvieron bajo su mando. Lo digo porque desde el minuto uno de las negociaciones de paz asumieron una actitud hostil, como si su interés fuera contraria a uno de los principios rectores de su carta fundacional que reza así: «La obtención de la paz interna y su preservación hacia el futuro, constituye la más alta urgencia nacional» (Vea la carta completa).

El más reciente pronunciamiento del CGA fue a raíz de una visita circunstancial de ex guerrilleros de las FARC a una escuela de entrenamiento de la fuerza aérea en compañía del presidente Santos y dos ex jefes de Estado (Felipe González y José Mujica) elegidos en democracia. Cuando se acaban las guerras o son derrocadas las dictaduras, los ejércitos están llamados a aceptar y proteger a todos los ciudadanos de un país, incluso a quienes fueron sus adversarios en el teatro de operaciones, tales como los ex combatientes de las FARC que han dejado la armas.

Colombia, compañeros ex generales, no se va a derrumbar porque un par de ex guerrilleros desarmados, que han aceptado someterse al imperio de la Constitución y la ley, hayan posado sus traseros en los asientos de una escuela militar. Colombia se va a derrumbar, compañeros ex generales, si ustedes no les enseñan a los políticos el camino de la reconciliación y les explican, además, que no hay nada más apocalíptico que una violencia extendida en lo territorial e indefinida en lo espacial, tal como se avizora por estos días. La matanza de policías y líderes sociales, así como la explosión en el Centro Andino, son la cabeza de playa.

Yezid Arteta Dávila
* Escritor y analista político
En Twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: En el puente: a las seis es la cita

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