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Opinión

  • | 1992/11/30 00:00

    Exhibiciones de poder

    El único de los dos que cumplió con el compromiso de callarse fue el Ministro

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RUDOLF HOMMES Y AUGUSTO LOPEZ son dos gallos finos de pelea, que en cierta medida han llevado vidas paralelas. Ambos son los hombres más poderosos en sus ámbitos, el sector oficial y el privado, en virtud del poder que les han delegado sus jefes,el presidente Gaviria y Julio Mario Santo Domingo, amos absolutos de extraordinaria influencia. Ambos tienen capacidad para ser más "presidentes" de lo que son, y por lo menos se sabe de uno que querría serlo de país, aunque no me extranaría para nada que el otro también. Ambos son peleadores y camorristas por naturaleza. Y ambos le han pisado a mucha gente los callos en los últimos años. Pero nunca, hasta la semana pasada, estos dos gallos de pelea habían quedado colocados frente a frente, y la pelea que casaron fue tema obligado de los últimos días.
Desde luego, uno de los aspectos mas atractivos del incidente descansó en su parte anecdótica. Gente que estuvo ahí, y que lo vió con sus propios ojos, asegura que el Ministro y el empresario se encontraron en La Dorada, como miembros de la comitiva presidencial que acompanó a Gaviria en la visita a esa ciudad, y que el primero le volteó la espalda al segundo. Que no lo quiso saludar. Que lo dejó con la mano extendida. Que le dijo: "Yo a tí no te saludo, Augusto".
Al parecer, este anecdótico disgusto de Hommes radicaba en que jamás pensó que una referencia genérica a los sectores evasores de la economía nacional, que aunque suene increíble, lo que tenía por propósito era bajarles el impuesto, daba pie para semejante escándalo que le armó el Grupo Santo Domingo, que sintió que la acusación del Ministro le respiraba en la nuca a su industria cervecera, Bavaria. La verdad es que la mención del caso de la cerveza, dentro de los sectores mencionados por el Ministro a los que se les han detectado signos de evasión, fue una imprudencia, porque en Colombia la industria cervecera es un monopolio, y ante cualquier acusación semejante, Bavaria no puede simplemente voltearse a mirar por encima del hombro, en busca de otro culpable de las insinuaciones del ministro Hommes.
Yo no sé si Bavaria está o no evadiendo impuestos, ni me meto en un tema que es eminentemente técnico. Pero si pienso que el enfrentamiento de estos dos gallos de pelea permite hacer ciertas reflexiones sobre el poder y sobre las diversas formas de ejercerlo.
Es peligroso que se institucionalice en Colombia la costumbre de que los ministros lancen acusaciones de esta índole por fuera de los canales administrativos y judiciales.
La forma como Bavaria resultó encasillada en la evasión de impuestos dejó en la opinión pública una interpretación simplista de los hechos, a tal punto que encartados en la controversia el Ministro y el empresario se pusieron de acuerdo para no volver a decir ni mú.
Pero lo que es evidente es que el único que cumplió con el compromiso de callarse fue el Ministro, con lo que evidenció su metida de pata. Lanzada la acusación contra Bavaria, le informó a la opinión que de ahora en adelante el tema lo manejaría la administración de impuestos, como había debido ser desde el principio, antes de que Hommes hubiera abierto la boca. Al parecer, el Ministro había comprendido su error: acusar a alguien de evadir impuestos, es una cosa. Pero acusar a un recaudador de impuestos -como lo es Bavaria del impuesto al consumo de la cerveza- de quedarse con los impuestos, y sin que haya mediado la investigación respectiva, es otra. Porque mientras lo primero es una simple contravención, lo segundo es un delito penalizado con cárcel.
Sin embargo, mientras el Ministro cumplía con el pacto de callarse -y de dar paso a la investigación que tenía que producirse-, el empresario continuó hablando por interpuesta persona. Organizó una arremetida coordinada de los medios de comunicación del Grupo, que ocasionó que para muchos colombianos, el supuesto problema de evasión de impuestos pasara a un segundo plano, frente al que se hizo de los medios.
En un abrir y cerrar de ojos desfilaron entrevistados por Caracol todos los gerentes de las compañías cerveceras del Grupo despotricando contra el Ministro. Y en Cromos, la revista del Grupo, pudo leerse la siguiente perla, sin firma responsable: "Hommes es el alacrán que es transportado a través del río por un caballo complaciente, al que había prometido no picar. Incumplió con su promesa, lo picó, y ambos se hundieron en el agua. ¿Por qué lo hiciste? Preguntó angustiado el caballo agonizante. Porque es mi temperamento, contestó el alacrán, mientras se ahogaba".
Hommes, como dice la parábola de Cromos, merecería haberse ahogado, de no ser por una razón muy sencilla: Fue tan inoportuna su declaración como desproporcionada la reacción del Grupo. Lo que deja, para volver a la parábola en virtual empate el episodio del alacrán y el caballo.
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