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Opinión

  • | 2017/07/18 20:43

    Expresidente Vicepresidente

    Uribe no tiene interés en Vicepresidencia. La fuerza electoral de Uribe potenciaría al candidato del Centro Democrático. Andrés Pastrana vicepresidente. Inhabilidades deben ser expresas.

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Nada impide que expresidente sea vicepresidente. Fraude a la Constitución. María del Rosario Guerra buena precandidata. La excepcional fuera electoral de los jefes naturales. Los votos están, faltan los candidatos.

Aunque Álvaro Uribe ya manifestó no tener interés en postularse como vicepresidente, junto con la precandidata presidencial, María del Rosario Guerra, del Centro Democrático, conviene analizar la propuesta.

Desde el punto de vista político, parecía una fórmula ganadora, pues permitía canalizar toda la fuerza electoral del expresidente, ofreciendo a los electores votar por la persona misma de Uribe, así como mantenerlo en un cargo próximo al Poder Ejecutivo, que podría convertirse en uno de mayúscula importancia, según las funciones que le asignara la presidente.

Sin embargo, era una combinación desafortunada, desde la óptica interna de ese partido, pues colocaba a los demás precandidatos en condiciones de desigualdad, a no ser que se optara por ese común denominador, el mismo vicepresidente para todos los precandidatos de ese partido, lo que permitiría pensar que se hubiera podido tratar de una sonda exploratoria para evaluar la estrategia, que limitaría las posibilidades de coalición, como la ya anunciada con Andrés Pastrana, -que también podría jugar como candidato vicepresidencial, como otros expresidentes en otros partidos-.

Desde el punto de vista jurídico, las calidades, inhabilidades, incompatibilidades y prohibiciones, relativas a los cargos públicos, se deben establecer expresamente y no admiten interpretaciones extensivas o analógicas, por el contrario son de interpretación restrictiva, pues conllevan a limitar el derecho fundamental a ser elegido.

Para el caso del vicepresidente, la Constitución prevé que tenga las mismas calidades que el presidente, esto es, ser colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de 30 años. También prevé las mismas inhabilidades del presidente: haber sido condenado a pena privativa de la libertad, excepto delitos políticos o culposos; haber perdido la investidura de congresista; tener doble nacionalidad, exceptuando los colombianos por nacimiento; y que un año antes no haya sido vicepresidente o ministro, magistrado, procurador, contralor, defensor u otros donde no está comprendido el de presidente.

Es cierto que existe una prohibición expresa: No podrá ser “elegido” presidente quien hubiere ejercido la Presidencia a cualquier título. Pero no sería el caso, pues se trataría de la elección de vicepresidente, quien podría “asumir” o no la Presidencia en las faltas temporales o absolutas de su titular.

Por lo tanto, en principio, nada impediría que un expresidente fuera candidato vicepresidencial, pues no hay norma expresa que establezca dicha inhabilidad o prohibición. No obstante, si la intención fuera burlar la prohibición de reelección presidencial, podría configurarse una especie de fraude a la Constitución.

La senadora María del Rosario Guerra es una precandidata presidencial en quien confluyen afortunadas condiciones, es mujer y podría ser la primera en acceder a esa alta magistratura, es una académica calificada y destacada, es digna representante de la cultura Caribe, ha tenido distintas experiencias en la administración pública sorteadas con mérito, también ha tenido experiencia política en su actual condición de senadora. Entonces, ¿por qué acudir a Uribe como candidato a la Vicepresidencia? Porque ella como los demás precandidatos de ese partido no tienen la imagen, la recordación y la fuerza electoral de su jefe natural, algo que puede estar ocurriendo en otras colectividades políticas.

En fin, como decía un exregistrador, en política los votos están, lo difícil es conseguir los candidatos.

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