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Opinión

  • | 2015/09/01 19:58

    “Medios públicos y comunitarios y posconflicto armado”

    La sociedad colombiana requiere de unos medios públicos renovados y fortalecidos para encarar el posconflicto armado y la reconciliación.

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Aunque considero que no podemos descartar a los medios privados comerciales de la posibilidad de contribuir con amplitud e imaginación en la promoción de la justicia transicional, en visibilizar de manera equitativa a las distintas víctimas y a los diferentes victimarios, creo que para avanzar en los próximos años en procesos de verdad, justicia y reparación, como en la construcción de unas relaciones sociales y políticas menos intolerantes y violentas y más transaccionales, vamos a requerir de unos medios de comunicación públicos fortalecidos y proyectados a la reconstrucción de la sociedad y del tejido social, profundamente afectados por la guerra.

Esos medios públicos deberán jugar un papel clave en la construcción de las agendas nacionales, regionales y locales para el manejo del posconflicto y en la visibilización de objetivos sociales compartidos. Si imaginamos que debemos prepararnos para el posacuerdo no solo en Bogotá, sino en las regiones y localidades, un papel clave pueden jugar la Radio Nacional y Señal Colombia, conjuntamente con los canales regionales de televisión y el Canal Uno, que aún conserva algo del espíritu semipúblico que caracterizó al sistema mixto de televisión colombiano. Los canales regionales (Teleantioquia, Telepacífico, Telecafé, Telecaribe, Televisión Regional de Oriente - TRO, Teleislas) deberían también empezar a proyectar el lugar que podrían tener y las funciones que podrían jugar en la orientación del posconflicto.

Pero para eso necesitamos que los políticos no se apropien de los canales públicos como un feudo politiquero, confundiendo los intereses de lo público con estrechos intereses gubernamentales o con mezquinos intereses individuales o familiares. Necesitamos unos canales públicos que representen la diversidad de las regiones y subregiones y no solo las capitales departamentales. Que tengan consejos de redacción pluralistas que expresen la diversidad política pero también la diversidad social y cultural de la nación y de las regiones. Que empiecen a diseñar una agenda informativa y de deliberación rica, para que superada la guerra y las ideologías guerreristas de izquierda y de derecha, nuestras sociedades (la nacional y las regionales) puedan proyectarse hacia fines colectivos más nobles que los de ganar la guerra fratricida y eliminar de la faz de la tierra al enemigo. Esos canales nacionales, regionales y locales públicos, deberán ofrecer, como norma básica de su funcionamiento como medios públicos, espacios de expresión para la oposición, cualquiera que ella sea: uribista, liberal, de izquierda, cristiana, conservadora, postfariana, postelena, etcétera.

Los temas de la justicia distributiva en una sociedad profundamente marcada por la inequidad, la exclusión social y la ausencia de oportunidades, deberán tener un lugar importante en la agenda mediática: en medio de la crisis actual con Venezuela por las expulsiones, la mayoría de ellas abusivas, de ciudadanos colombianos pobres residentes del lado venezolano, nadie recuerda ni lleva la cuenta de los cientos de miles de colombianos (muchos de ellos procedentes de los departamentos de la Costa Atlántica y de zonas fronterizas), que desplazados por la violencia y la falta de oportunidades en su país, viajaron a Venezuela en busca de un mejor destino, seducidos por la política social de Hugo Chávez.

Sería deseable también que esos canales regionales contaran con algún presupuesto básico para fomentar la escritura y la producción de historias que nos narren otros conflictos y dilemas, distintos de los de las narcotelenovelas. ¿Cuáles van a ser las historias del posconflicto? ¿Cómo vamos a recrear la diversidad de trayectorias humanas de nuestras víctimas? ¿Quiénes van a ser nuestros héroes culturales cuando el fin de la confrontación armada haga innecesaria la abusiva y banal propaganda de los héroes?

Los lectores sensatos y realistas, que hayan llegado hasta este punto de mi artículo, dirán que ese señor López está delirando sobre esos medios públicos ideales, se preguntarán de dónde van a salir tales medios públicos, qué políticos virtuosos los van a proponer y construir, se cuestionarán también si el columnista no ha leído los informes que salen diariamente en los periódicos alertando acerca de los cruces de los candidatos políticos locales y regionales a las elecciones de octubre, con las maffias de la contratación, del narcotráfico o del contrabando.

Ante esas probables y en parte justas críticas a esta columna, sólo podría responder que la creación de esos medios públicos demanda sin lugar a dudas de todo un trabajo contra-cultural frente a la lógica clientelista y la falta de criterio sobre lo público de muchos de nuestros políticos. Esa construcción de medios verdaderamente públicos precisa de un respaldo en una nueva actitud de la gente frente a lo que se juega en los medios, en cuanto a la posibilidad de fortalecimiento de nuevas ciudadanías. Sin esos ciudadanos y políticos conscientes de lo que está en juego en los medios privados y públicos (nada menos que la representación de la sociedad, de sus conflictos, intereses y horizontes de futuro), ninguna de las propuestas arriba esbozadas podrá realizarse.

Quiero referirme por último a lo productiva que podría ser la conexión entre medios públicos y medios comunitarios.

La semana pasada estuve en Manizales en un encuentro auspiciado por el Ministerio de Cultura y la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, donde se presentaron varias iniciativas de grupos culturales comunitarios que trabajan por la convivencia y la paz. Colectivos culturales como “Full Producciones”, de Medellín, organizador del Festival de Cine y Video de la Comuna 13 “La otra historia”, y “Mejoda” (Medios Alternativos de Jóvenes del Distrito de Aguablanca), de Cali, entre otros, presentaron ricas y novedosas experiencias de afirmación cultural en contextos urbano-populares, a través de proyectos de creación musical, audiovisual y de comunicación de sus barrios y comunas con frecuencia estigmatizadas por los grandes medios como territorios peligrosos.

Estas iniciativas gestadas en contextos urbanos de fuerte marginalidad y exclusión han demostrado ser muy importantes en la construcción de los proyectos de vida de los jóvenes. En el caso de poblaciones desplazadas y de víctimas de la violencia, algunos de estos proyectos han posibilitado la gestación de nuevas ciudadanías de jóvenes y adolescentes, incluso de niños afectados también por la violencia y la marginalidad, que a través de espacios  como “Disparando cámaras en Cazucá”, un proyecto de fotografía participativa llevado a cabo en los límites entre Bogotá y Soacha, desarrollaron nuevas miradas sobre sus territorios, su condición social y sus vidas. Varias de estas propuestas han contribuido a generar una capacidad de darle la vuelta a la condición de víctimas, para superar la victimización y proyectarse como ciudadanos fortalecidos por la superación del trauma y por la reconstrucción de sus proyectos de vida.

Aunque algunos medios como Semana, desde el Premio de Periodismo Semana-Petrobrás, han reconocido con premios y menciones de honor en años recientes a algunas de esta experiencias culturales y comunicativas comunitarias, ellas no son muy conocidas por una amplia opinión masiva, en la medida en que por lo regular no son apreciadas como temas e historias relevantes por los grandes medios comerciales radiales y televisivos.

Pienso entonces que los medios públicos arriba nombrados, en tiempos de posconflicto armado y reconciliación nacional, cuando sabemos que uno de los sectores más vulnerables pueden ser los jóvenes de sectores populares, podrían jugar un papel clave, visibilizando estas experiencias que en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional han sido denominadas con razón “ciudadanías al límite”.

*Historiador. Ph.D en Literatura Latinoamericana y Estudios Culturales Universidad de Pittsburgh, Pennsylvania. Analista cultural y de medios de comunicación. Director Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales - IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia.
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