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Opinión

  • | 2015/08/11 17:30

    Periodismo y polarización

    Hay que trascender la polarización uribismo-santismo que hace muchos meses se volvió repetitiva e improductiva y que nos está impidiendo pensar.

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La polarización de la opinión en las sociedades latinoamericanas contemporáneas poco favorece la veracidad de la información, la ampliación del pluralismo político y la innovación en la propuesta de ideas y soluciones a los problemas nacionales.

La polarización resulta inconveniente en la medida en que construye mundos de verdades totalmente apartados, sin ninguna tangencia, cada uno convencido de sus respectivas certezas. El propio campo del periodismo termina atravesado por esas polarizaciones.

Si en Venezuela, Ecuador o Argentina la polarización ocurre alrededor de opciones de desarrollo político y de movilización ciudadana inscritas en modelos de socialismo del siglo XXI, en la contraposición liberalismo-estatismo o en visiones oficiales de la sociedad en términos de su división en “Pueblo” y “Antipueblo” (Silvio Waisbord), en el caso colombiano la sociedad, los medios de comunicación y el periodismo están atravesados por polarizaciones similares generadas alrededor de dos ejes de disputa: el proceso de paz del presidente Santos con las FARC, y la gestión de Gustavo Petro como Alcalde Mayor de la capital y los intereses políticos y económicos  alrededor del manejo de Bogotá.

Para pensar, sobre el fondo de nuestra vecina Venezuela, los riesgos de la polarización de la sociedad, de los medios y de los propios periodistas, es conveniente escuchar al sociólogo Edgardo Lander, quien respondiendo a la pregunta de si ¿cree que nos hemos embrutecido con la polarización? , responde así:

“Aquí ha venido operando la polarización política de tal forma que ha empobrecido extraordinariamente la capacidad de reflexión. Todo se convierte en blanco y negro, hay una especie de filtro que todo lo transforma en gobierno u oposición. Hay una incapacidad para escarbar más allá de la coyuntura, para ver qué es lo que nos está pasando como sociedad.

No sé si lo llamaría embrutecimiento, pero con toda seguridad hay un empobrecimiento de la reflexión intelectual porque la polarización también hace que la reflexión sea muy de la coyuntura, de la inmediatez. No hay espacios, ni ha habido espacios en la sociedad venezolana, para una reflexión que vaya más allá, que se distancie del día a día, que se pregunte ¿qué nos está pasando como país?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde queremos ir?, cómo estas propuestas que se ponen sobre la mesa dan cuenta de unas cosas, pero obviamente no dan cuenta de otras”. Vea la entrevista completa.

Volviendo a nuestro entorno, hay que observar que la polarización aquí no ha llegado a los extremos de la polarización venezolana y eso tal vez se debe a que algunos sectores del periodismo escrito, del periodismo televisivo y radial, de las revistas electrónicas de actualidad política y de las redes sociales, -no obstante la concentración corporativa, aunque a veces también como reacción a ella-, mantienen algún grado de independencia y de equilibrio por lo menos en la valoración del proceso de paz.

Sobre la polarización petrismo-antipetrismo no deja de impresionarme la descalificación sistemática de toda la gestión de Petro por los grandes medios, su silencio sobre la inversión social en los barrios y los programas para las poblaciones vulnerables, pero también, del lado del petrismo, las visiones idílicas del alcalde, sin la más mínima visión autocrítica, como aquella de un líder nacional de Progresistas que entrevistado en Canal Capital se refería a  Gustavo Petro como a un mandatario de talla universal, para el cual el manejo de Bogotá era apenas una tarea menor. La polarización auspiciada por la toma de partido de los medios y de los propios periodistas, no sólo fomenta esas visiones compartimentadas de la ciudad, sino que en la actual campaña electoral para la Alcaldía de la capital, no contribuye para nada a hacer un balance equilibrado del estado de la ciudad, de lo que habría que continuar, de las ausencias y de las prioridades en las políticas públicas para Bogotá.

La polarización de los medios y del periodismo alrededor del proceso de paz con las FARC, expresa en parte, y sólamente en parte, la polarización de la sociedad.  Porque de otro lado, algunos medios también la promueven, consciente o inconscientemente.  Si bien los dos canales privados de televisión se hacen caja de resonancia de los tweets del senador Uribe contra el proceso de paz, seguramente más por razones comerciales, en la medida en que producen rating, es muy claro en el caso de RCN Televisión su apoyo ideológico incondicional al ex presidente, muchas veces controvirtiendo o poniendo en tela de juicio legítimas decisiones de la Justicia que han condenado a altos ex funcionarios de su gobierno como aquellos implicados en la aprobación fraudulenta de la reelección o en las interceptaciones telefónicas ilegales del DAS.

Varios de los tweets de Uribe sobre el proceso de paz y sobre algunos hechos del conflicto armado  (como el tweet con la foto del supuesto soldado colombiano afro, llorando, en la coyuntura del ataque de las FARC de abril pasado contra los soldados en el Cauca, cuya imagen se descubrió que había sido tomada de la guerra de Irak), constituyen hechos inadmisibles de manipulación de la información, montajes irresponsables, frente a los cuales el periodismo debe ejercer un mínimo y sano control narrativo (que no censura, aclaro, para evitar mala interpretación).

Como en medio del actual proceso de paz  la información se volvió un botín de guerra, hechos recientes como las dos bombas en Bogotá, la caída del avión de la Fuerza Aérea Colombiana o la del helicóptero que perseguía a miembros del Clan Úsuga en el Urabá, estos dos últimos con toda la carga simbólica por la pérdida de valiosas vidas humanas, terminan agudizando la polarización alrededor del proceso de paz,  y lo más grave, permitiendo que las audiencias de los medios generen sus propias versiones y sus propias “verdades”, independientemente de lo efectivamente sucedido. El mal manejo por los medios de estas situaciones puede terminar minando su propia credibilidad como informadores.

Frente a la posibilidad real de que hechos como los que acabamos de nombrar se repitan sería recomendable de parte de los grandes medios masivos y de sus conductores bajarle al sensacionalismo, una mayor cautela y responsabilidad en la atribución de autoría de los hechos (recuérdese el caso del collar-bomba durante el Caguán), evitar las reacciones histéricas y de condena automática al supuesto responsable,  consultar varias fuentes y las versiones de los posibles implicados. Y a la ciudadanía, que también tiene su cuota de responsabilidad en la polarización, tener un mayor cuidado en el manejo de sus pasiones, afectos y desafectos.

El gobierno Santos y sus voceros deben también tener mucha prudencia en el manejo informativo y comunicativo de estas situaciones, pues presos de la prevención que genera la polarización que vivimos alrededor del proceso de paz , y temerosos de los goles que les puedan meter los enemigos del proceso con las FARC, han terminado en sus declaraciones descartando de tajo, antes de las necesarias investigaciones periodísticas y técnicas, cualquier involucramiento de esa guerrilla en los accidentes o actos terroristas convertidos en hechos noticiosos relacionados con el proceso de La Habana.   En las acusaciones contra el ELN y en las capturas de presuntos responsables de las dos bombas explotadas cerca de las sedes de Porvenir, nos quedó también a muchos ciudadanos una incómoda sensación de apresuramiento en la atribución de autoría, y una búsqueda forzada de responsables donde no necesariamente tendrían que estar.

Quisiera decir por último, que hay que trascender una polarización uribismo-santismo que hace muchos meses se volvió repetitiva e improductiva y que nos está impidiendo pensar, como muy bien lo expresa Lander para el caso venezolano, el país que queremos y que tal vez podríamos compartir, progresiva e inteligentemente reconciliados y sin los desgarramientos de hoy, colombianos de distintas vertientes políticas.

*Historiador. Ph.D en Literatura Latinoamericana y Estudios Culturales Universidad de Pittsburgh, Pennsylvania. Director Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales - IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia.
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