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Opinión

  • | 2015/07/21 13:01

    "Saberes académicos, periodismo y posacuerdo”

    La academia requiere una actitud autorreflexiva que le ayude a comprender que el conocimiento académico, con todo su indiscutible y enorme valor, no es el único tipo de conocimiento social.

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Los académicos y analistas de las ciencias sociales que hemos dedicado nuestras vidas al estudio del conflicto pero también de muchos otros temas y problemas de la sociedad colombiana y de otras sociedades en América Latina y el mundo necesitamos socializar este conocimiento acumulado, no sólo para contribuir a una opinión pública más cualificada sobre el actual proceso de paz, sino para ayudar a construir una agenda ciudadana del país y las políticas que queremos para el posacuerdo.

Varios años de pertenencia a la organización periodística “Medios para la Paz” y mi relación y  trabajo conjunto con periodistas como miembro raso y parte de su junta directiva durante tres períodos, me mostraron facetas muy importantes y valiosas de la actividad y del campo periodístico. Por un lado, algo que ya había expresado Max Weber, que el buen trabajo periodístico cuando es realizado con seriedad y honestidad intelectual, y teniendo en cuenta que generalmente debe elaborarse en unos plazos temporales  extremadamente cortos debido a las rutinas de producción de los medios, tiene un enorme valor y que en nada desmerece frente al buen trabajo académico o a la obra artística. Aprendí también de ellos y en oposición constructiva a tal actitud, su efímero sentido del tiempo y de la obsolescencia: un exagerado centramiento en el presente (“actualodependencia” la llama Pierre Bourdieu en su libro “Sobre la televisión”)  y una visión a menudo descuidada del pasado que considera obsoleta la información producida hace un mes, hace una semana e incluso la del día anterior. Pero ese sentido efímero del tiempo y ese cierto descuido del conocimiento más estructural tiene también un lado valioso: el de estar bien informados (“muy bien dateados”) sobre los hechos del día a día. Descubrí también  –no sin cierta envidia-  la escritura periodística como un proceso más ágil y más rápido, frente a la escritura académica lenta y pesada, por lo llena de citaciones de fuentes documentales y bibliográficas.

Pero lo más valioso que aprendí de mi interacción con los demás integrantes de “Medios para la Paz” es que desde ese registro detallado del presente el periodismo elabora un tipo de conocimiento propio, diferente del conocimiento académico, y tan valioso como este último, que el académico no siempre reconoce: algunos colegas profesores usan el adjetivo “periodístico” para referirse a un conocimiento de dudosa o mala calidad o a un saber de tercer o cuarto orden. En este sentido pienso que en el actual momento de la vida nacional la academia universitaria requiere una actitud más autorreflexiva que le ayude a comprender que el conocimiento académico, con todo su indiscutible y enorme valor, no es el único tipo de conocimiento social. Ya Fals Borda en nuestro medio, Antonio Gramsci, Mijail Bajtín  y los historiadores culturales europeos nos habían mostrado la importancia de las culturas y los conocimientos populares y del “folklore” o “sentido común”: Gramsci llamaba la atención sobre esto con miras a que el trabajo cultural y educativo de los intelectuales orientado a la difusión de su conocimiento experto fuera una labor respetuosa y consciente  de esa diversidad de saberes y experiencias y un trabajo paciente de comunicación de un saber especializado que no se podía imponer simplemente sobre la base de la autoridad académica. En mi trabajo docente hace años vengo insistiendo en que el conocimiento periodístico es otro de los conocimientos no académicos que los saberes universitarios tienen que reconocer. Creo incluso que muchos colegas ni siquiera saben que hay un tipo de investigación que es la periodística, diferente de la investigación académica aunque en diálogo con ella, producida con otros tiempos y con otras herramientas, y que por ser diferente no es de ninguna manera de menor valor. Resulta un poco irónico que muchos profesores e investigadores  no reconozcan estos saberes periodísticos cuando con frecuencia nutrimos nuestras investigaciones de fuentes de prensa escrita y más recientemente de fuentes audiovisuales.   

Pero la intención de este artículo no es hacer una diatriba contra el saber académico, sino llamar la atención sobre la necesidad que tiene hoy el mundo universitario de revisarse a sí mismo en su capacidad y su disposición para comunicar sus saberes expertos y para ponerlos en diálogo con las instituciones y grupos sociales que los necesitan. A veces siento que por ausencia de dispositivos de comunicación y de espacios de aplicación del conocimiento a la intervención social, los saberes académicos se quedan en las aulas, en los públicos letrados estudiantiles o en el círculo reducido de los pares académicos del campo del saber al cual pertenecemos.

Construida desde el campo periodístico, la Corporación “Medios para la Paz”, con sus distintas iniciativas y proyectos, entre ellos el “Diplomado en Cubrimiento Responsable del Conflicto Armado” o el Diccionario de Términos del Conflicto y de la Paz titulado sintomáticamente “Para Desarmar la Palabra”, constituyó una valiosa iniciativa de colaboración entre el periodismo y la academia universitaria, orientada a cualificar el cubrimiento periodístico del conflicto armado y de los procesos de paz. Mucha falta nos hacen hoy experiencias de este tipo en medio del cubrimiento televisivo superficial y mediocre de los diálogos de La Habana y de la improductiva y rutinizada polarización santismo-uribismo que los propios medios electrónicos atizan, presos de su amarillismo y de su sensacionalismo comercialista.

En las universidades colombianas tenemos reconocidos expertos en la historia del conflicto armado en el país y en las regiones, en temas de narcotráfico, paramilitarismo, movimientos guerrilleros, experiencias de reinserción de ex combatientes a la vida civil, crimen organizado, violencia urbana, movimientos sociales, etc. Con el desarrollo de los diálogos de La Habana se ha activado toda una línea de indagación sobre memoria del conflicto y de las violaciones a los derechos humanos, regímenes de la memoria y procesos de reconciliación en otras latitudes, justicias transicionales en el mundo, análisis comparado del funcionamiento en distintos países de las Comisiones de la Verdad, papel de los medios de comunicación en los procesos de verdad, memoria, justicia y reparación, entre otros temas.

Contrasta sin embargo ese conocimiento académico acumulado y ese intento de dialogar con la experiencia internacional en resolución de conflictos y procesos de paz que la prensa escrita y las revistas electrónicas han desarrollado durante los tres años de diálogos de paz, con la pobreza de la información y de la opinión televisiva de los canales privados, de un lado, y de otro, con los precarios niveles de información y las posiciones políticas hiperideologizadas y pasionales de millones de colombianos que no parecen estar haciendo algún esfuerzo importante en calidad de ciudadanos responsables para adquirir elementos de comprensión del proceso de paz que hoy vivimos y que piensan que lo pueden “despachar” con visiones ideológicas simplistas en términos de buenos y malos o de responsables únicos de la violencia. Es claro que los medios de comunicación masivos tienen una buena cuota de responsabilidad (por sus omisiones o por sus tomas de posición ideológica) en la proliferación de mitos como el de la amenaza castrochavista en las pasadas elecciones presidenciales, el de la supuesta entrega del país a las FARC por parte del presidente Santos en el actual proceso de paz, o el del supuesto complot  entre  Santos y las FARC para destituir al procurador Ordóñez, denunciado por este alto funcionario. En este último caso tendría que haber desde las redacciones un control narrativo mínimo (que no censura) sobre este tipo de declaraciones irresponsables de altos funcionarios del Estado orientadas claramente a desprestigiar al ejecutivo y a eludir la acción de control de las instituciones. Y el ciudadano bien informado tendría que saber, que desde hace más de un año está en curso ante el Consejo de Estado una demanda de nulidad de la elección del Procurador Ordóñez, interpuesta por el reconocido constitucionalista Rodrigo Uprimny, que no tiene nada que ver con ninguna acción ni del gobierno Santos ni de las FARC.

Invito entonces al periodismo, a  los medios de comunicación públicos y privados, a los académicos e instituciones universitarias, así como a los ciudadanos interesados, a construir iniciativas conjuntas de colaboración para construir una opinión pública más sólida y argumentada, menos montada en mitos e ideologías y más capaz de construir un pensamiento propio sobre los asuntos nacionales.

Más que reproducir unas letanías ideológicas que nada aportan ya a la construcción de nuevos horizontes de desarrollo, Colombia necesita hoy con urgencia nuevas aproximaciones a los problemas,  ideas y propuestas frescas e innovadoras para diseñar su futuro.  

*Director Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales  -IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia.
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