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Opinión

  • | 2009/03/07 00:00

    Falso positivo

    En realidad, Juan Manuel siempre ha concebido la política como una mesa de póquer. Y en muchas ocasiones ha sorprendido por sus agallas al apostar

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No veo cómo puede salir Juan Manuel Santos bien librado del delicado episodio que protagonizó la semana pasada. Aunque El Tiempo se ha empeñado en minimizar lo sucedido diciendo que se trata de un tema superado, en realidad la jugada que trató de hacer el Ministro es lo más parecido a un falso positivo; sólo que esta vez la patraña no fue diseñada por unos coroneles para aumentar a cualquier precio los éxitos de la seguridad democrática sino para posicionarlo a él como precandidato presidencial.

En el cumplimiento de ese objetivo personal, Juan Manuel Santos demostró que por un voto, es capaz de descender a los sótanos más degradantes de la política, sin ningún escrúpulo. Sólo así se entiende que se haya puesto de ruana las instituciones que él juró defender como Ministro y que hubiera llegado al extremo de intentar poner tras las cuerdas al presidente Uribe, indisponiendo a los generales en su contra, en lo que bien se podría calificar como un minigolpe, por el prurito de demostrar que él es más duro, más volado y más macho que el presidente Uribe. Llega a ser tan deplorable esta estrategia electoral que no sería raro que estuviera concebida por el nefasto J.J. Rendón, su otrora asesor de cabecera.

No dudo de que esta estrategia maquiavélica pueda terminar procurándole réditos electorales dentro del país ni que haya uno que otro colombiano dándole espaldarazos en los cocteles por haberse atrevido a retar al presidente Uribe en sus propios terrenos. Pero por fuera de esos recintos exclusivos, la sensación de que Juan Manuel Santos es capaz de llegar a extremos a los que ni siquiera llegaría el propio Uribe no deja de inquietar. En este episodio Juan Manuel Santos demostró que si bien es un buen jugador de póquer, no es precisamente el hombre al que uno le daría las llaves, porque puede terminar llevándonos al abismo o dejándonos sin carro. Y que ante su desdén por los límites, Uribe fácilmente parece un estadista ponderado. Hasta yo, que no soy propiamente una uribista pura sangre, esta vez estuve del lado del Presidente quien en este caso defendió las instituciones, desarmó el minigolpe y actuó como un estadista tratando de apagar la alarma que las palabras de Santos produjeron en nuestros vecinos. Con decirles que estuve a esto, de volverme uribista.

Si el presidente Uribe no hubiera estado montado en su afán reeleccionista lo hubiera sacado a sombrerazos del puesto en lugar de haberlo ratificado, como sucedió de hecho bajo el gobierno Pastrana cuando el entonces ministro de Defensa Rodrigo Lloreda intentó hacer lo mismo por cuenta de que no compartía el proceso de paz del Cagúan. Pero como está acaballado en la re-reelección, Uribe decidió ratificarlo pero no para premiarlo, como ha querido dar a entender Juan Manuel, sino para controlarlo e impedir que se le crezca el enano. Al fin y al cabo, en el último opinómetro publicado por Cambio, el Ministro aparece con un 9,8 por ciento al lado de Germán Vargas, muy por debajo de su ungido, el ex ministro Arias.

En realidad, Juan Manuel Santos siempre ha concebido la política como si ésta se tratara de una mesa de póquer. Y en muchas ocasiones ha sorprendido al país por sus agallas a la hora de apostar. No hay que olvidar que este Ministro es la misma persona que en la época del 8.000 fue la cabeza más preclara de otro intento de golpe que buscaba derrocar al presidente Samper, cuestionado por haber recibido dinero del cartel de Cali en su campaña. Para buscar apoyo a esta idea, el propio Santos consideró que era imprescindible contar con el aval no sólo de los paras -fue a hablar con Castaño-, sino de las Farc, para lo cual fue a entrevistarse con el propio 'Raúl Reyes' en la selva. Hasta los antisamperistas más vigorosos de entonces consideramos que Juan Manuel y su combo se habían pasado de la raya. Desde que llegó al Ministerio de Defensa ha sido evidente la forma como ha utilizado su cargo para apuntalar su candidatura presidencial, actitud que le ha valido toda suerte de rifirrafes con el presidente Uribe. Sin olvidar, claro, episodios menores pero no menos graves como el montaje que intentó de manera infructuosa hacer contra Rafael Pardo, al que trató de vincular con las Farc.

Sería injusto no reconocerle al Ministro que en medio de su obsesión desmedida por llegar al solio de Bolívar no ha tenido aciertos en su cartera ni que es un hombre preparado que le cabe fácilmente el país en la cabeza. Sin embargo, en el episodio de la intentona de golpe de la semana pasada, ha demostrado que no es un hombre confiable y que si es capaz de desafiar al Presidente que le ha dado todo, ¿de qué no es capaz?
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