Jueves, 25 de agosto de 2016

| 2016/02/02 10:57

Las armas de las FARC

Esta semana el máximo comandante de las FARC, 'Timochenko', afirmó que “vamos a dejar las armas a un lado y vamos a meternos en la lucha política”. La dejación de las armas por parte de las FARC es una gran noticia.

Eduardo Pizarro Leongómez

Sin embargo, no han sido muy claras las declaraciones de distintos voceros de esta guerrilla con respecto al futuro de las armas. En algunos momentos han planteado que las van a guardar sin usarlas como medio para garantizar el cumplimiento de los acuerdos; en otros, han planteado su conservación en un museo, pues, según dijo en una entrevista reciente Iván Márquez, jefe de la delegación de las FARC en La Habana: “las armas son un símbolo de la resistencia de las FARC”.

Se trata, a mi modo de ver, de dos pésimas ideas.

La conservación de las armas fue una de las medidas que acordaron tanto el Ejército Republicano Irlandés (IRA), como diversos grupos paramilitares protestantes tras la firma del Acuerdo de Belfast (o Acuerdo de Viernes Santo) el 10 de abril de 1998. Esta decisión envenenó el ambiente político en Irlanda del Norte, paralizó los avances alcanzados y, solamente, tras la dejación definitiva de las armas años más tarde, en manos de un tercero, la Comisión Internacional Independiente de Desarme, fue posible iniciar en firme el proceso de reconciliación nacional.

Si esto ocurrió en Gran Bretaña, no nos podemos imaginar lo que sería el ambiente de desconfianza en Colombia y las consecuencias que esta decisión conllevaría para los desmovilizados. Debemos a toda costa evitar un nuevo “partidicidio”, como el que sufrió la Unión Patriótica.

En el caso de El Salvador hubo, a diferencia de Irlanda del Norte, una inmediata dejación de las armas por parte del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), tras la firma de los acuerdos de paz en enero de 1992. El inventario y la recepción de las armas estuvieron a cargo de la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL).

Sin embargo, el descubrimiento de varios depósitos de armas en Nicaragua pertenecientes al FMLN, no solamente puso en grave riesgo los acuerdos alcanzados, sino que terminó con demandas del gobierno salvadoreño ante Naciones Unidas.

Por ello, comparto plenamente las palabras recientes del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, Monseñor Luis Augusto Castro: “Si las FARC salen a hacer política pero tienen armas escondidas, nadie les va a creer y nadie los va a aceptar, por eso es muy importante que se sepa que las armas se eliminaron para que ellos sepan que salen democráticamente a realizar los ideales políticos con los que sueñan”.

Y, añade con mucha sabiduría: “Las armas hay que entregarlas porque si eso no se hace es como dejar otra puertica abierta para volver a la guerra, es dejar la tentación de volver a la guerra, hay que estudiar cómo van a hacer para que las armas se eliminen”.

Las FARC, sin ningún titubeo, deben hacer dejación de las armas en manos de un tercero ajeno al conflicto armado y el ideal, creo yo, es que sea en manos de los propios verificadores, es decir, Naciones Unidas a través de expertos procedentes de países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Otra pésima idea es la de conservar las armas en un museo como símbolo de la historia de resistencia de las FARC. Las familias de quienes han perecido en este largo, costoso e inútil conflicto armado, van a sentir que se trata de un agravio a la memoria de sus víctimas.

Por ello, la experiencia contemporánea recomienda que las armas sean fundidas y, en muchos casos, los más exitosos, transformadas. En Camboya y en Mozambique, las armas livianas fueron recortadas y transformadas por artistas en obras de arte. El EPL, tras la fundición de sus armas, le solicitó a un artista una escultura que hoy se encuentra en un parque de Medellín. Se trata de un árbol que simboliza la vida. Con las armas de la Corriente de Renovación Socialista se hicieron campanas para siete pueblos distintos.

Es decir, el ideal es transformar las armas, que son el símbolo de la guerra, en obras de arte que se conviertan en símbolo de la vida, de transformación, de regeneración de una sociedad que quiere dejar atrás el dolor y el duelo eterno.

Cuando una organización armada quiere hacer el tránsito hacia la política, las armas dejan de ser un activo y se convierten en una carga pesada. Ojalá el Secretariado de las FARC entienda que las armas no les sirven ya para nada.

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