Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/02/10 11:42

Las FARC y la lista de grupos terroristas: a jugar limpio

Las FARC están reclamando su exclusión de la lista de grupos terroristas extranjeros del Departamento de Estado. ¿Es viable su inmediata exclusión o va a ser un camino largo y tortuoso?

Eduardo Pizarro Leongómez

A mi modo de ver, la cúpula de las FARC va a tener que tomar decisiones serias y de fondo si quiere ser excluida de los listados de la ignominia: ser catalogado hoy en día como terroristas, después de las Torres Gemelas, Charlie Hebdo y cientos de otros atentados, es una carga muy pesada.

Alrededor de 20 países en el mundo construyen este tipo de listas y no solamente, como podría pensar algún antimperialista despistado, países occidentales. Igualmente, Rusia y China tienen sus propios listados y con consecuencias similares.

Las FARC y el ELN están considerados actualmente como grupos terroristas por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. Y, con los reductos de Sendero Luminoso, son los únicos tres grupos de América.

En el año de 1997, el gobierno de los Estados Unidos, a través del Departamento de Estado y con base en la sección 219 de la Immigration and Nationality Act (INA), construyó la primera lista de las que consideraba como “organizaciones terroristas extranjeras”, con objeto de combatirlas, debilitar sus bases de apoyo y afectar sus finanzas. El primero listado apareció el 10 de agosto de 1997 e incluía 28 organizaciones del todo el mundo, cinco de ellas en América Latina: dos colombianas, las FARC y el ELN, dos en Perú, Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amarú y una en Chile, el grupo disidente del Frente Manuel Rodríguez.

A esta lista se incorporó el 10 de septiembre de 2001 a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las cuales fueron eliminadas una década después de su desmovilización, el 15 de julio de 2014. Ojo: casi 10 años más tarde.

En el caso de la Unión Europea su lista se aprobó diez días después del derribo de las Torres Gemelas en Nueva York, en un Consejo Extraordinario celebrado el 21 de septiembre de 2001. La lucha contra el terrorismo fue considerada como uno de los objetivos centrales de la Unión Europea y, aunque inicialmente dieron prioridad a grupos en la propia Europa de España e Irlanda del Norte, lentamente la lista se fue extendiendo al resto del mundo. Las AUC, las FARC y el ELN fueron incorporados poco después de la ruptura de las negociaciones de paz con las FARC en la antigua “zona de distensión” en el año 2002, al final del gobierno de Andrés Pastrana.

También Canadá aprobó una ley anti-terrorista pocos meses después del 11 de septiembre e, igualmente, incluyó a las AUC, las FARC y el ELN, agrupaciones que permanecen todavía en su lista. 

Aun cuando el propio Presidente Santos ha planteado de manera pública la conveniencia de retirar a las FARC de la lista del Departamento de Estado, una vez firmen los acuerdos de paz, las respuestas provenientes de los Estados Unidos han sido muy cautelosas. El Embajador Juan Carlos Pinzón afirmó que “este tema no se ha discutido, es soberano de Estados Unidos, ellos son quienes califican eso y lo deciden. Asumo que lo hacen en función de que las organizaciones no estén más en la violencia, en la delincuencia, en la criminalidad”.

El Secretario de Estado, John Kerry, a su turno, sostuvo claramente que solamente tras la firma de los acuerdos de paz, el gobierno entraría a analizar el tema: “Si se firma la paz, en ese momento probablemente tomemos alguna decisión (…), pero este no es el momento para hacerlo,  no tengo nada que decir al respecto de esta designación como terroristas, excepto que los tenemos catalogados como tal en este momento”.

Por su parte, el delegado de los Estados Unidos para el proceso de paz, Bernard Aronson, condicionó el retiro de las FARC de la lista a su desmovilización y dejación efectiva de las armas.

En mi opinión, el balón está en el campo de las FARC. Y su exclusión de esas tres listas va a estar relacionada con la claridad, transparencia y seriedad con el cual asuman el proceso de desmovilización, desarme y reintegración a la vida civil. Jugar con cartas marcadas como intentar posponer la entrega de armas para el futuro, esconder armamento en depósitos secretos, continuar vinculados a redes criminales o esconder bienes que deben ir para el Fondo de Víctimas, sería un juego lleno de riesgos.

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