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Opinión

  • | 2017/03/07 07:26

    Carta a alias “Iván Márquez”

    Con una entrega pública de armas, el develamiento de milicianos, un regreso exprés de menores y una “efectiva” colaboración en la lucha contra el narcotráfico, la guerrilla puede generar mayor confianza en el proceso.

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Estimado señor “Márquez”:
Leí con atención sus recientes entrevistas a Yamid Amat en el noticiero CM& y El Tiempo. Me alegró escuchar que hoy usted reconoce que “la política no se hace con armas” y que “las FARC están dispuestas a aportar verdad y asumir responsabilidades”. Comprenderá, señor Márquez, que como decimos los colombianos, del dicho al hecho hay mucho trecho.

Cuatro asuntos, en particular, generan dudas sobre sus palabras: la entrega o “dejación” de todas sus armas, la desmovilización e identificación de los milicianos, el regreso a casa de los menores reclutados por ustedes y el compromiso de las FARC en colaborar en la lucha contra el narcotráfico.

Señor Márquez, cuando eran un ejército insurgente en crecimiento en la época del Caguán, ustedes ostentaban su moderno armamento. Felices mostraban a los camarógrafos y fotógrafos sus herramientas de muerte y terror con el fin de aterrorizar a millones de colombianos de bien. Hoy, cuando profesan ser pacifistas rehúsan exhibirlas. Me cuentan que su reticencia a permitir imágenes de la entrega de las armas se debe a que no quieren que el acto sea interpretado como una rendición.

A los hechos hay que llamarlos por su nombre señor Márquez: ustedes perdieron y por eso se están desmovilizando. En su entrevista a Yamid Amat, usted sentencia que “solo a una persona que esté mal de la cabeza se le ocurre que es mejor la guerra”. Que mayor prueba de su sinceridad, que hacer público su desarme. Igual aplica para sus milicianos. No sabemos cuántos son ni quiénes son. Es hora de que el Partido Comunista Clandestino ponga la cara para que la combinación de las formas de lucha quede en el pasado. Como diría usted en su juventud de religioso, “hay que ver para creer”.

Señor Márquez, desde noviembre de 2015, su comandante Timochenko anunció que dejarían de permitir el “ingreso de menores de 18 años a sus filas”. Es evidente que no cumplieron: usted mismo reconoció este fin de semana que hay por los menos 33 niños de 15 años. Y otros tantos menores de 18 años. No entiendo porque sigue insistiendo que los menores eran “refugiados en los campamentos guerrilleros porque los paramilitares mataron a sus padres”. Eso no es asumir la responsabilidad. Devolverlos a las escondidas no los librará a usted y sus compañeros del Secretariado de ser señalados como autores y cómplices de reclutamiento forzoso. Nadie va creer el cuento de que “en la guerrilla no se obliga a estar a nadie”. Si la “verdad sana las heridas”, como le dijo a Yamid, empecemos con los niños.

En el tema del narcotráfico, sin embargo, la solución no es tan sencilla. Seamos sinceros, señor Márquez, en este campo la colaboración de ustedes ha sido más bien poca. Con excepción del proyecto piloto de sustitución de cultivos de Briceño, las acciones de las FARC han ido en contravía de su compromiso de “contribuir de manera efectiva” en la lucha contra el flagelo. Tal vez hubiera sido preferible, señor Márquez, que en lugar de motivar la siembra de coca en las regiones bajo su influencia hubiera optado por lo contrario. Así no estaríamos hoy con la crisis de más de 150.000 hectáreas de mata para erradicar.

No es necesario reactivar el debate sobre si su organización participó en el negocio de la droga. Esa confirmación la tuvimos todos con la disidencia de Jhon 40 y sus compinches en diciembre 2016. Prefirieron seguir delinquiendo que desmovilizarse y con su decisión, los implicaron a todos ustedes con sus actividades anteriores. El reto para las FARC, señor Márquez, es demostrar que el narcotráfico es el pasado y no el presente ni el futuro de la organización. Y eso se logra colaborando en serio: denunciando rutas, identificando intermediarios, etcétera, etcétera. Usted, más que nadie sabe, que el narcotráfico es la gasolina del conflicto y una amenaza latente para la integridad de sus hombres y mujeres.

Nada de lo anterior es excepcional; interpreta el espíritu del acuerdo que su jefe Timoleón Jiménez firmó el pasado 24 de noviembre. Por la paz de Colombia, ya es hora que se cumpla a cabalidad.
Atentamente,

Alfonso Cuéllar

En Twitter Fonzi65

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