25 julio 2013

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FARC: los puntos de encuentro

Por Rafael GuarínVer más artículos de este autor

OPINIÓNTodos los actos de la guerrilla, desde la acción violenta hasta el proceso de paz, se articulan hacia un mismo camino.

FARC: los puntos de encuentro.

¿Cómo se articula la masacre de 21 soldados en Arauca y Caquetá con la activa participación de las FARC en la organización, promoción y dirección de paros en diferentes zonas del país? ¿Cuál es la  relación del proceso de paz en La Habana, la escalada terrorista y
el hecho de que las FARC y Marcha Patriótica decidieran que el 2013 sería un año de intensa movilización y agitación social?

Todo está articulado: acción violenta y movilización social, actividad guerrillera y “lucha de masas” en el marco de la tradicional concepción fariana de la combinación de todas las formas de lucha. Carlos Lozano Guillén explica en el libro ‘¿Guerra o Paz en Colombia?’ que para las FARC la llamada “solución política” es parte “de su táctica y estrategia política y militar” al servicio del objetivo revolucionario y “el diálogo es un punto de encuentro de la lucha armada con las luchas populares”. 

Además, la organización considera que la mesa de diálogo debe reflejar la correlación de fuerzas en el terreno, esto es, en la confrontación armada y en la movilización política.

Esta concepción de hacer la guerra tiene varias consecuencias:

1. Pretende mostrar que la organización terrorista sigue vigente, no está derrotada, tiene capacidad ofensiva, no está reducida a milicias y grupos pequeños sin capacidad de ataque, contrario a la propaganda gubernamental.

2. También que tiene bases sociales en zonas en las que con el movimiento bolivariano, el partido comunista clandestino, organizaciones de fachada y el despliegue de ataques terroristas ha demostrado capacidad de sobra para sostener una movilización social que enfrente a las autoridades, al tiempo que controla de facto el territorio. Detrás de Tibú no hay una simple protesta sino un pulso que hasta ahora lo gana las FARC y lo pierde Santos.

3. Las movilizaciones por la implementación de zonas de reserva campesina y la minería ilegal reflejan lo que pasa en la mesa de negociación y son el encuentro entre la “lucha guerrillera” y la “lucha de masas”. Aspectos claves del primer punto de la agenda no se han pactado y se presionan por el grupo criminal con acciones de este tipo, a las que suman la masacre de soldados. El “Acuerdo de Paz” no está “cocinado”. 

4. La combinación de acción política y violenta crea la sensación en la ciudadanía de que Santos es incapaz de controlar el desafío. Sin duda, debilitan al presidente y lo hacen más dependiente de un “Acuerdo de Paz” y en últimas de las FARC y del gobierno de Venezuela. A Timochenko y Márquez les interesa un Santos débil y dependiente para su reelección, no un Santos con suficiente capacidad de maniobra.

5. Las FARC evidencian el resultado de su proceso de adaptación iniciado en 2009 con el Plan Renacer Revolucionario de las Masas. El mayor énfasis en el trabajo de masas, la importancia dada a las milicias, la readecuación de sus estructuras y nuevas formas de control de territorios y población le han funcionado, a pesar de los golpes que recibe. Esto muestra el peso de la organización sobre los líderes de turno, también que la estrategia puramente militar y tradicional del gobierno colombiano es insuficiente, al igual la limitación que tiene Santos para enfrentar de forma integral a las FARC.

6. La debilidad del gobierno motiva el escalamiento de la estrategia fariana. La validación por el gobierno de la calidad de vocero campesino de César Jerez, no obstante ser un individuo sobre el que tiene información de que hace parte del Partido Comunista Clandestino de las FARC, demuestra que quienes ponen las condiciones son los líderes del paro en Tibú, no el gobierno. 

7. Santos optó por dejar que la movilización avanzara posiblemente confiado con ingenuidad en que se resolvería rápidamente, mientras las FARC y sus organizaciones de fachada sabían a lo que jugaban: ganar tiempo, fortalecer el proceso de masas, combinarlo con ataques y revelar la incapacidad del Estado para ejercer control  en una zona estratégica de frontera con Venezuela y corredor del narcotráfico.

8. El enfoque de la guerra irregular con el que las FARC asumen el proceso de paz explica La escalada terrorista. Los contactos secretos entre el gobierno Santos y las FARC,  se sabe hoy, se iniciaron en 2010, fecha en la cual los actos terroristas, según las estadísticas públicas del Ministerio de Defensa, comenzaron a ascender hasta aumentar en 73%, si se compara ese año con 2012. El carácter dado a la guerrilla de interlocutor político legítimo, el desmonte de la Seguridad Democrática, más el estímulo de un nuevo proceso de paz, las asimiló el grupo a debilidad produciendo el recrudecimiento de la violencia. Para la cúpula terrorista no es más que la comprobación de las enseñanzas de Jacobo Arenas en el sentido de que los procesos revolucionarios tienen “flujos y reflujos”.

9. El Presidente Santos aparece desorientado y víctima de su propia ambigüedad. Mientras defendía abiertamente la convocatoria de la Marcha del 9 de abril efectuada por las FARC y la Marcha Patriótica, ahora censura que las mismas organizaciones hagan parte del paro en El Catatumbo y del que adelantan los mineros. El gobierno es víctima de legitimar a los terroristas para movilizar a segmentos de la población.

10. La debilidad de Santos, la cercanía progresiva de la reelección y su dependencia de las FARC, más su afán de pasar a la historia como el hombre de la paz, es una amenaza para los intereses de la sociedad colombiana. Un presidente con esas características puede firmar cualquier cosa. Las FARC lo saben y por eso juegan duro.

Lo anterior es suficiente para prever que las acciones de FARC van a aumentar hasta que lo consideren conveniente. Seguirá dando golpes devastadores y de forma paralela impulsando movilizaciones que pongan en jaque al gobierno. La estrategia es imponerse utilizando la “solución política”, pero sin abandonar su plan estratégico. Mientras tanto Santos seguirá diciendo a cada soldado asesinado y bomba detonada, que todo hace parte de las reglas de juego pactadas para adelantar el proceso de paz y el ministro de defensa tratando de hacer creer que cuando las FARC masacran 17 soldados en Arauca en realidad se trata de una victoria del Ejército.

*Ex viceministro de Defensa. Máster en Análisis y Prevención del Terrorismo.
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