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Opinión

  • | 2014/09/12 00:00

    Las contradicciones de las FARC

    El panfleto publicado por las FARC sobre el secuestro de Clara Rojas nos hace recordar el programa de chismes diarreicos de la Negra Candela en Canal Caracol.

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Parece que ahora a las FARC se les ha dado por pontificar, como cualquier Papa. Decir quiénes son víctimas de este disparate -al que han contribuido con creces- y quiénes no, es ir contra la dignidad, ya vilipendiada, de aquellos que sufrieron “sus retenciones”. Decir que Clara Rojas no es víctima de ese delito que ellos convirtieron en política, equivale a decir que la guerrilla no es parte de esta guerra.

Ya nos hemos acostumbrado a escuchar con regularidad sus disparates. Y nos dan la impresión de que tantos años en el monte echando plomo, traficando cocaína, volando oleoductos y reclutando niños que destetan para incorporarlos a sus filas, les ha trastocado el sentido de la racionalidad. El panfleto que apareció colgado recientemente en uno de sus portales, donde una guerrillera con el alias de ‘Diana’ culpa a la hoy representante de su propio secuestro, no tiene ni pies ni cabeza para cualquier cerebro pensante. Un secuestro es un secuestro sin importar el nombre que los captores le den.

Las “retenciones”, como suelen llamarlas, es la privación de la libertad de un individuo contra su voluntad, sin aclarar si este es de carácter político o económico. Decir que un secuestro tiene como objetivo salvarle la vida a una persona carece de lógica. Y mucho más cuando este dura siete años. Tampoco tiene sentido decir que tanto Íngrid como Clara tuvieron privilegios durante ese largo tiempo en cautiverio. La señora se refiere al hecho de que tanto la una como la otra casi nunca se les colgaba las cadenas al cuello ni se les ponían los grilletes en los tobillos.

La vaina daría risa si no fuera porque es dolorosa y trágica. Pero lo peor del asunto es que ‘Diana’, la guerrillera que supuestamente escribe el panfleto, confunde un gesto de solidaridad de un amigo con otro y crea un entramado de cama y sexo que nos hace recordar los chismes de la Negra Candela en su programa diarreico y bochornoso del Canal Caracol.

Para terminar de empantanar la embarrada, la señora justifica esas pequeñas libertades de las “retenidas” por un hecho que resulta mucho más absurdo que todas las babosadas expresadas con anterioridad: esas libertades obedecen a que Clara e Íngrid vienen de una clase social privilegiada. No quiero imaginar siquiera la fiesta que habrán hecho los uribistas ante semejante y desacertada afirmación, propia sin duda de un pequeño burgués que defiende con sangre el statu quo que ha logrado a lo largo de toda una vida y del que no está dispuesto a ceder un centímetro bajo ninguna circunstancia.

No puedo afirmar nada  sobre el estado mental en que se encontraba la señora que escribió el panfleto. No puedo asegurar si estaba ebria o había consumido algún alucinógeno, pero de lo que sí estoy seguro es que las FARC, como se dice popularmente, “pelaron el cobre” una vez más y dejaron ver las grandes diferencias que yacen incluso al interior de sus propias filas. Tan fuerte golpearon las palabras del texto de marras entre las víctimas del conflicto y los grandes medios de comunicación del país que los delegados de esa guerrilla en La Habana salieron de inmediato ante las cámaras a  afirmar que “el comunicado recogía la opinión libre de una guerrillera”.

Particularmente, tengo dudas, ya que a lo largo de los dos años de diálogos que llevan sentados en la mesa de La Habana los miembros de esta guerrilla han hecho hasta lo imposible por demostrarles a los colombianos y a los medios internacionales que las FARC son una fuerza militar y políticamente cohesionada. Es decir, que cuando vuelan un oleoducto, destrozan con cilindros bomba una población, envenenan con cianuro un acueducto, reclutan bebés o trafican cocaína es el resultado de una política establecida por los altos mandos de esa organización ilegal. En otras palabras, es el resultado de un libreto cohesionado que debe seguir al pie de la letra desde el guerrillero más recluta hasta el más cucho. 

Hace poco, los diarios del país publicaron las declaraciones de Sandra Ramírez, la excompañera de Manuel Marulanda. En esta, la curtida guerrillera aseguraba que las FARC sí tenían “prisioneros de guerra” y estaban a la espera de que el gobierno Santos aprobara un canje. Ante semejante afirmación, el canciller de esa agrupación, Rodrigo Granda, salió presuroso ante los medios de comunicación a desmentir lo dicho “por la compañera Sandra”, alegando que esta “había cometido una ligereza”, seguramente de interpretación.

Pero la vaina no termina ahí. Las contradicciones de este grupo armado han sido reiteradas y cualquier ciudadano, por muy desprevenido que sea, podría leer las reculadas y afirmaciones de dos maneras: uno, la tan cacareada cohesión de las FARC es un mito. Es decir, algunas columnas son simplemente ruedas sueltas dentro del engranaje fariano y actúan sin importarles las órdenes del Estado Mayor Central, impulsados más por un deseo económico y menos político. Dos, hay diferencias, de fondo, entre algunos comandantes sobre el proceso de paz y, al igual que algunos políticos colombianos, hacen hasta lo imposible por dinamitar la mesa de diálogos.

Si es cierto que en las dos oportunidades en que las FARC han decretado cese unilateral al fuego los atentados han disminuido en un 70 % en todo el territorio nacional, no quedan dudas de que algunos frentes han seguido volando torres de energía, oleoductos y atacando sin miramientos a la población civil. Lo anterior quedó en evidencia con el secuestro de los cuatro ciudadanos chinos de los cuales el “canciller Granda” afirmó que las FARC no los tenían en su poder. Sin embargo, poco después de 17 meses de “retención”, uno de sus frentes se los entregó a la Cruz Roja Colombiana luego de que se hiciera, según el comandante de la Policía de entonces, el pago de una gruesa suma de dinero por la liberación.

Si las cosas son así. Si es cierto, como se sospecha, que en La Habana solo hay una parte representativa de las FARC, lo que puede suceder es que esas llamadas ruedas sueltas continuarán rodando después de que se llegué --si es que llegamos--  a firmar la tan anhelada paz. Solo entonces sabremos qué tan conveniente es para el Estado la reducción de sus Fuerzas Armadas y qué tan cohesionada estaban en realidad las FARC. Lo demás, como dijo un amigo, es paja.

POSTDATA: Resulta absurdo que en el debate que se llevará a cabo en el Congreso de la República el 18 de septiembre por los supuestos nexos del expresidente Uribe con el paramilitarismo, se le haya prohibido al senador Iván Cepeda mencionar el nombre del “colombiano supremo”. Es como escribir un artículo sobre la historia del narcotráfico en Colombia sin mencionar a Pablo Emilio Escobar Gaviria y a los hermanos Rodríguez Orejuela. 

En Twitter: @joarza
E-mail: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.
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