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Opinión

  • | 2016/09/15 20:47

    La paz no discrimina

    ¡Es verdad que Uribe nos tiene a muchos hasta la coronilla! ¡Pero al ponernos en esa actitud, los partidarios del Sí en el plebiscito empezamos a parecérnosle!

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¡Es verdad que Uribe nos tiene a muchos hasta la coronilla! ¡Pero al ponernos en esa actitud, los partidarios del Sí en el plebiscito empezamos a parecérnos a los más recalcitrantes uribistas!

Vi con tristeza esta semana un video grabado en el centro comercial Unicentro de Bogotá, en el que una horda espontánea de cientos de compradores le gritaron al candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, que se encontraba en el lugar haciendo campaña por el No en el plebiscito, y lo sacaron casi a la fuerza en medio de chiflidos, abucheos y cánticos de !"no más Uribe, no más Uribe"!

Para nadie es un secreto que la decisión que tendremos en las manos el próximo 2 de octubre genera todavía una enorme polarización en todos los espectros de la vida nacional. Aunque todo parece indicar que el Sí tendrá una victoria contundente en las urnas, la opinión del país aún está dividida y hay un sector importante de la población que tiene reservas frente al proceso. Sin embargo, resulta difícil entender cómo quienes decimos querer la paz, apoyamos la salida del conflicto por la vía de la negociación, y afirmamos que deseamos un país incluyente, en donde los problemas se resuelvan, como diría Echandía, echando lengua y no echando plomo, no seamos capaces de oír al otro, de argumentar con quien piensa distinto y, sobre todo, de respetarlo.

El acuerdo que se firmó en La Habana, como hemos oído tantas veces, no es más que el comienzo de un largo camino hacia lo que todos entendemos por la paz. No obstante, quienes estamos por el Sí y quienes están por el No, debemos saber que esta no es la paz de Santos ni de Uribe sino la de todos; que a partir del 3 de octubre empezaremos un proceso de cambio que no será inmediato, pero que sin duda debe empezar en cada uno. ¿Cómo es posible que quienes apoyamos el proceso con las FARC, creemos en la reconciliación y el perdón, queremos y estamos dispuestos a oír a los guerrilleros para dejar de matarnos, no seamos capaces de dejar hablar a un uribista?

El ejemplo de construcción de paz debe empezar justamente por quiénes creemos que la firma de este acuerdo nos traerá a todos un país mejor. A quienes son partidarios de No, y tienen dudas frente al proceso, no está bien gritarlos, ni estigmatizarlos, ni buscar callarles la boca. A ellos justamente, como a los guerrilleros, habrá que invitarlos al diálogo, al debate, a buscar juntos el camino hacia una Colombia distinta. A ellos se les debe oír y controvertir con argumentos, respetando las diferencias. Las razones para defender el Si en el plebiscito superan con creces aquellas que existen para apoyar el No. En esa medida, no es difícil informarse y establecer un diálogo con un contradictor para explicarle uno a uno los beneficios de la paz. En algunos casos, el intercambio de argumentos hará que alguna de la partes cambie su posición, pero cuando eso no ocurra debemos aprender a vivir en medio del desacuerdo pues precisamente de eso se trata este proceso.

El posconflicto en Colombia ya empezó. Así como hemos visto desatinos como la rechifla a Zuluaga, comentarios desafortunados y descalificaciones personales en los medios de comunicación, por parte de lo voceros de los unos de los otros, en los últimos días hemos visto también gestos de reconciliación que parecían antes imposibles. El Senador Antonio Navarro, la semana pasada, se convirtió en el primer exguerrillero en ser condecorado por las Fuerzas Militares. Generales de esas mismas fuerzas visitaron, acompañados del jefe guerrillero Carlos Antonio Lozada, los campamentos de las FARC que antes bombardeaban, y las familias de los 11 diputados del Valle asesinados en medio de la guerra, tuvieron la oportunidad de ver a la cara a sus victimarios, recibir de ellos un ofrecimiento de perdón y hasta tomarse de las manos para llorar juntos. Ese es el camino que debemos seguir, debemos construir sobre lo que nos une y no quedarnos en lo que nos separa.

Debo decir que son muy pocas las veces que he estado de acuerdo con algún planteamiento del expresidente Uribe o de cualquier miembro de su partido. El Centro Democrático se ha convertido, a mi manera de ver, en un movimiento político que dedica todos sus esfuerzos y su discurso a controvertir el proceso con las FARC y se queda corto en lo demás. Así las cosas, después de la categórica victoria que seguramente tendrá el Sí en el plebiscito, el Uribismo se irá haciendo minoría.

Este proceso debe enseñarnos, por más difícil que parezca, que la única manera de que en Colombia quepamos todos, conviviendo sin matarnos, es hablar, oír, discutir, conversar y buscar puntos comunes. Eso de callar con gritos a quien tiene una opinión distinta, llámese Uribe, Zuluaga, Timochenko o Iván Márquez debe ser desde ya, parte del pasado por qué la paz no discrimina.

* @federicogomezla

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