Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/08/09 12:02

No traguemos entero

La desinformación está abonando el campo a las mentiras de Uribe.

Federico Gómez Lara.

Así parecen indicarlo las últimas mediciones de varias firmas encuestadoras sobre el apoyo al plebiscito, pues ellas son, en sí mismas, la evidencia de que el grueso de la gente no se ha tomado el tiempo de leer lo que hasta ahora se ha acordado en La Habana. 

En principio, resulta difícil entender cómo en una decisión tan importante y tan de fondo, en la que por medio del voto se define el rumbo que quiere dársele al país, pueda haber tantos y tan rápidos cambios de opinión en la gente. Lo cierto es que la dinámica planteada por el ex presidente Uribe y su partido ha tenido éxito, en la medida en que ha logrado identificar que la opinión pública en Colombia se mueve más por la emoción que por la razón. 

El Centro Democrático se ha valido de esa condición para plantear un escenario de mentiras y desinformación alrededor del Proceso de Paz, que al parecer está teniendo un efecto tangible en la intención de voto en el plebiscito. Los seguidores de Uribe, más o menos la mitad del país, suelen ser fieles a las posiciones que fije el ex presidente, aunque muchas de ellas carecen de sentido común o sean puramente utópicas. “Si quiere la paz, vote no al plebiscito,” es la confusa consigna con la que pretende vendernos la mentira de que lo mejor que puede pasarle a Colombia es que gane el no, pues en ese escenario, él se encargaría de que las FARC aceptaran todas sus condiciones y culminara un proceso de negociación en el que al final van a carecer de un espacio político y a pasar el resto de su vida en la cárcel. Basta con apelar al sentido común para entender por qué eso es imposible. 

No contento con liderar una campaña en la que las mentiras empiezan por el eslogan, Uribe decidió que su partido promoviera el voto por el no en una refrendación que, para él, es ilegítima, argumentando que no le quedó otra opción. En ese orden de ideas, si gana el no, acogerá la decisión con alegría, pero si gana el sí, no estará dispuesto a aceptar su derrota con dignidad.

Además de usar la estrategia de confundir al electorado con falsas afirmaciones sobre los acuerdos, el uribismo ha logrado que gran parte de los colombianos determinen su apoyo a la paz en función a la imagen que tengan del gobierno de Santos. Eso ha hecho que las mediciones de la intención de voto en el plebiscito y de la confianza en el proceso de paz fluctúen cada vez que hay un anuncio esperanzador desde La Habana, o una crisis de cualquier naturaleza en el gobierno, o un pronunciamiento de Uribe en contra de la paz. 

En ese escenario, al plebiscito se le ha dado el tinte de puja electoral, y se ha ido desviando la atención de los temas de fondo y de la discusión de los puntos que componen el acuerdo, hacia una disputa partidista que parece hoy, más que una discusión sobre temas de paz, la antesala de las elecciones del 2018. 

Es necesario que todos entendamos que la decisión que estará en nuestras manos el día que nos toque refrendar los acuerdos, no puede verse reducida a una medición de favoritismos políticos: no se trata de si preferimos a Santos o preferimos a Uribe. Está en las manos de cada uno saber valorar la importancia del momento que vive Colombia. Es natural que ante la terminación de un conflicto de más de sesenta años, que ha cobrado centenas de miles de víctimas, no todo el mundo esté de acuerdo con la manera en que el jefe de estado maneja la negociación, pues la heridas derivadas de la guerra siguen aún muy abiertas. Sin embargo es fundamental que la sociedad vote estando informada y que se usen todos los mecanismos posibles para llevar los acuerdos a conocimiento de todos. Así, si el uribismo hace campaña por el no, debe hacerla con argumentos en la mano, en vez de dedicarse a exponer sin reservas sus mentiras. 

No es verdad que se le va a entregar el país al castro chavismo. No es verdad que se esté negociando la propiedad privada. No es verdad que esté en discusión con la guerrilla la estructura de la fuerzas militares. No es verdad que el Estado le va a pagar 1´800.000 mensuales a cada guerrillero. No es verdad que el tribunal especial para la paz vaya a estar conformado por miembros de las FARC. Y, finalmente, es engañar al pueblo decir que es posible realizar un proceso de paz que no suponga la participación en política de los insurgentes y el sacrificio de algo de justicia. 

Es apenas justo con Colombia, que está hoy más cerca de conseguir la paz que nunca, que nos dediquemos a leer los acuerdos antes de ir a las urnas, para que el resultado del plebiscito sea el del veredicto de un pueblo informado. Sería muy triste que, por habernos tragado enteras tantas mentiras, perdamos todos esta oportunidad única de empezar a construir la paz. 

* @federicogomezla

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