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Opinión

  • | 2016/07/19 18:37

    ¡Uribe no sea terco!

    Después del nombramiento de César Gaviria y la negativa del ex presidente Uribe a la invitación de Santos para hablar sobre el proceso de La Habana, los partidos quieren ganar protagonismo y asegurar su vigencia electoral para 2018.

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Después del nombramiento de Cesar Gaviria como líder de la campaña por el sí en el plebiscito, y de la negativa del ex presidente Uribe a la invitación de Santos para reunirse a hablar sobre el proceso de La Habana, los partidos alistan motores para ganar protagonismo y asegurar su vigencia electoral de cara al 2018.

La semana pasada, en medio de un hábil cálculo político, el Presidente Santos decidió tender la mano para buscar un encuentro constructivo con el Senador Álvaro Uribe en torno a los temas acordados hasta ahora con las FARC y los que aun quedan por acordarse. Era apenas previsible que el ex presidente no vería éste gesto como uno de buena voluntad, y trataría de torpedearlo con la ya conocida retórica del Centro Democrático.

Santos planteó una fórmula que le dejaba a Uribe esencialmente dos caminos: aceptar la invitación a un diálogo con el Presidente, corriendo el riesgo de debilitar su caballito de batalla por el no rotundo y dejar la impresión de que se está montando al bus de la paz, o, hacer lo que hizo y rechazarla de plano  argumentando que es inútil invitarlo a ser notificado de lo ya resulto. Esa segunda opción que adoptó el ex mandatario también tiene sus matices. Si bien logró, a los ojos de sus seguidores, mantenerse firme en sus convicciones, ante el resto de la opinión publica queda con la imagen de un líder terco y llevado de su parecer, al que le puede más el ego y la soberbia que las ganas de trabajar en conjunto para lograr, dentro de los debates que deben darse, la consecución de una paz más estable y duradera.

Nadie puede negar que la oposición ejercida hasta ahora por el partido de Uribe ha sido seria, disciplinada y en ocasiones constructiva. No obstante, en los temas referentes a la paz que se está negociando entre el gobierno y las FARC, el uribismo, se ha dedicado a vender mentiras incomprobables desde lo fáctico que se han ido volviendo verdades entre sus adeptos y han afectado de manera tangible la credibilidad y el apoyo al proceso. La bancada del ex presidente ha planteado además, unos inamovibles que resultan puramente utópicos al tratarse de condiciones que la guerrilla no estaría dispuesta a aceptar bajo ninguna circunstancia. Así las cosas, las salidas reales que existen hoy por hoy son dos: votar sí en el plebiscito y aprovechar la oportunidad única que tenemos en nuestras manos, o hacerle caso a Uribe y votar no sabiendo que si ésta opción sale victoriosa, no estamos reiniciando el proceso para plantear condiciones distintas a las que hoy se tienen, sino que estamos enterrando,  quizá de manera definitiva, la posibilidad de darle una salida negociada a un conflicto de más de sesenta años.

En una entrevista reciente el ex presidente dijo que lo mejor que le puede pasar a Colombia es que gane el no en el plebiscito. ¡Que equivocado está!. Si Dios no lo quiera, llegase a cumplirse su sueño y los colombianos le dieran la espalda al proceso en las urnas, olvídese  doctor Uribe de que las FARC van a aceptar sentarse a negociar sabiendo que van a pasar el resto de la vida en la cárcel, olvídese también de que es posible llegar a un proceso de paz que no  contemple elegibilidad política para los implicados, y olvídese de que van a entregarle toneladas en canecas de dólares para encargarse ellos mismos de la reparación económica de las victimas. No le niego que sería una opción interesante con la que muchos quedaríamos contentos, pero déjeme decirle un secreto; resulta que eso no se puede. De manera que, o hacemos la paz, con los sacrificios sociales,  jurídicos y políticos que eso implica o nos condenamos a volver al camino de las balas. Al decirle esto apelo a su condición de un político inteligente como pocos, que debe ser fiel a sus convicciones pero debe además saber jugar bien las cartas que tiene en la mano y no quedarse esperando una baraja que de seguro no va a llegarle.

Usted está hoy enfrentado a la decisión de seguir sumido en la terquedad vendiéndonos a los colombianos la falsa esperanza de una paz que es a todas luces imposible, o de aceptar la invitación del Presidente Santos para construir juntos  sobre los puntos que los acercan. Lo que se ha acordado en La Habana es apenas el principio de un camino de varios años hacia la paz que todos queremos. Queda aún la ardua tarea de firmar el acuerdo definitivo e implementar lo pactado.  No cabe duda de que usted es un hombre que conoce el conflicto de primera mano y ha sido tal vez la persona que ha propinado los más duros golpes a la guerrilla.

Su presencia en esta última etapa del proceso seria una garantía para los millones de colombianos que lo siguen  y su mano dura aconsejando al presidente y exponiéndole sus reservas nos regalaría a todos un mejor acuerdo de paz. Usted debe pensar seriamente en reconsiderar su decisión y reunirse con Santos;  si no lo hace por la paz de Colombia hágalo entonces por su partido. Como están las cosas es casi imposible que en el 2018 sea elegido Presidente el candidato del Centro Democrático, y con todos los partidos salvo el suyo haciendo campaña por la paz lo más probable es que gane el sí en el plebiscito. Si eso pasa, en un país emocionado por haber acabado el conflicto y  que seguramente querrá premiar en las urnas ese hecho, ¿no cree que se le irá cerrando el espacio político?. Por su bien, el de Centro Democrático y el de toda Colombia, no sea terco y móntese de una vez al tren de la paz. 

@federicogomezla

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