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Opinión

  • | 2017/01/31 08:02

    Carta abierta al Secretariado de las FARC

    Las FARC deben entregar a todos los niños que tienen en sus filas. No es un juego. Es una obligación para la implementación de la paz.

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Señores:

Aún recuerdo la emoción tan inmensa que sentí ese día, hace ya varios años, cuando llegué a mi casa agotado, me acosté en la cama y prendí el televisor. A los pocos minutos, se interrumpió la señal y empezó a correr el video del Himno Nacional que antecede siempre una alocución presidencial.

Esta vez, no se trataba de una noticia cualquiera. Juan Manuel Santos se dirigía a los colombianos para anunciarnos el inicio de un proceso de paz con ustedes que, por la vía negociada, pretendía acabar con un conflicto de más de 50 años. En ese instante, levanté el teléfono con los ojos aguados y empecé a llamar uno a uno a mis amigos y familiares para celebrar la noticia.

Desde ese momento, hasta hoy, supe que si quería entregarles a mis hijos un país mejor que el que mis padres me entregaron a mí, debía hacer todo lo que en mis manos estuviera para que ese proceso, que apenas iniciaba, llegara a buen término.

Convencido de que el único camino hacia la paz era el diálogo, me dediqué a persuadir a todas las personas con las que tenía contacto, para que se sumaran a la causa; me fui hasta La Habana a hablar horas y horas con ustedes para tratar de entenderlos; y dediqué casi todos mis artículos a explicar por qué firmar la paz con las FARC era lo mejor para Colombia.

Sin embargo, señores del Secretariado, hoy les escribo estas palabras para decirles que se están equivocando. Ustedes tal vez han pensado que quienes somos amigos de la paz vamos a tolerarles todo, y que estamos dispuestos a mirar hacia otro lado cuando falten a su palabra. Pero la sociedad a la que hoy se reincorporan no funciona de esa forma. Ustedes deben saber que dejar las armas para cambiarlas por los votos es un privilegio que no viene solo. Al salir de las filas de la guerrilla se enfrentarán al escrutinio de la prensa y de la opinión pública, y seremos nosotros, quienes nos la jugamos por la paz, los primeros en salir a exigirles que cumplan sus compromisos.

Hoy, quiero contarles una historia a ver si dejan de hacerse los pendejos con la entrega de los cientos de niños que tienen en sus filas:

La semana pasada me invitaron a Cartagena a hacer parte del Hay Festival Comunitario, que organiza desde hace varios años la Fundación Plan. El propósito de mi viaje era dictar unos talleres a los niños de las comunidades a las que el Estado no llega, bien sea por corrupción o por que la plata se nos ha ido en darnos bala con ustedes. Uno de los eventos del festival era un conversatorio moderado por la periodista Mabel Lara, con tres niñas maravillosas quienes, a pesar de la guerra y de las dificultades de su contexto, han logrado salir adelante.

Luego de un rato de conversar con ellas, ya cuando todos en el auditorio estábamos impactados de ver la fortaleza de estas niñas, Mabel les preguntó cuál era su sueño, qué querían ser cuando grandes..

La primera en responder fue Adiela, una niña de 18 años, nacida en Tumaco, quien nos contó que sueña con ser una gran contadora pública. Luego fue el turno de Yadis, de Buenos Aires, Cauca, quien a sus escasos 15 años ya tiene claro que quiere ser Ministra de Educación. Cuando paramos de aplaudir a estas dos niñas, Mabel le repitió la pregunta a Liliana, de 18 años: ¿y tú, Liliana, cuál es tu sueño?. Luego de sujetar el micrófono en silencio por unos segundos, con la voz entrecortada pero llena de valentía, esta niña nos dejó a todos fríos con su respuesta: mi sueño, Mabel, es poder despertarme algún día y no sentir miedo, ese día habré cumplido mi sueño.

Me pregunto, señores comandantes, sí cuando dejaron el seno de sus hogares para unirse a la lucha armada y buscar una Colombia mejor, era esto lo que querían. Que un niño, en vez de soñar con ser policía, bombero, médico, o súper héroe, tuviera como mayor anhelo despertarse sin miedo.

Ayer, a mi llegada de Cartagena, perdiendo el tiempo en el computador, vi en la página de Facebook de su comandante, Rodrigo Londoño, un video de sus tropas ubicándose en las zonas de concentración que titulaba “Cumpliéndole a Colombia”. Pues no, señores, armar carpas y fogatas no es cumplirle a nadie. Sé que entregar a los menores de sus filas implica aceptar que, en efecto, tenían reclutados a cientos de ellos. Pero mientras sigan haciéndose los pendejos, mientras no entiendan que los niños no son para la guerra, mientras no nos devuelvan hasta el ultimo menor por que “no les conviene¨, ¡no están cumpliendo un carajo!

Bienvenidos a la sociedad, los acogemos, los perdonamos, los entendemos, les cumplimos. Ahora ustedes, pónganse la mano en el corazón no sean cobardes y devuelvan a los niños, no de a poquitos, entréguenlos a todos y háganlo YA.


En Twitter: @federicogomezla

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