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Opinión

  • | 2017/04/17 12:34

    El viacrucis de la ex

    No todo hombre machista es un feminicida en potencia, pero todo asesino o potencial asesino de su pareja anterior es un machista.

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Feminicidio es el crimen que se comete en contra de una mujer por ser una mujer, o como lo definieron las abogadas que en 1976 usaron por primera vez el término ante el Tribunal Internacional sobre los crímenes contra la Mujer en Bruselas, es “el asesinato de mujeres por hombres motivado por el odio, desprecio, placer o sentido de posesión hacia las mujeres”.

En Colombia desde 2015 el feminicidio está incorporado como delito en el Código Penal y establece para el feminicida penas entre 250 y 500 semanas de cárcel según sean los agravantes del caso, por ejemplo, haber sido cometido en menor de 14 años (caso Yuliana Samboní), entre otros. Así que aunque todavía haya gente que se hace la de los ojos ciegos y los oídos sordos preguntándose si el feminicidio existe o es un invento de feministas locas, la evidencia nos desborda.

De acuerdo con Medicina Legal hay al menos cinco tipos de feminicidio, según la clase de relación que exista entre la víctima y el victimario. En esta caracterización de la infamia existen, por ejemplo, los feminicidios sexuales (caso Rosa Elvira Cely), por ocupaciones estigmatizadas (asesinatos de prostitutas) o a los que llaman feminicidios íntimos, que son las muertes violentas de mujeres cometidas por hombres con los que tenían o tuvieron una relación íntima, familiar, de convivencia.

Esta última categoría conlleva la mayor cantidad de contradicciones, malinterpretaciones o convenientes reinterpretaciones que dificultan la aplicación del tipo penal tanto como la sanción moral de la sociedad. Podría decirse que el feminicidio cometido por las parejas o ex parejas de las mujeres, que corresponde más o menos a la mitad del total de feminicidios que se cometen en el mundo, es aquel en el que se concreta en la muerte de la mujer un incesante estado de acoso y amenaza del que ella no pudo, o no supo cómo, zafarse.

De acuerdo con la Fiscalía, 54 mujeres han sido asesinadas por sus parejas solo en lo que va corrido del 2017. Y para hablar de esta epidemia, todavía los medios y la gente siguen dándole al crimen un tratamiento que lo justifica: crimen pasional, dicen, como si la pasión conllevara muerte en no sé qué retorcida interpretación; que el tipo estaba enfermo de celos, hágame el favor; que ella era muy bruta por casarse con él, que ella se lo buscó, que quién la mandó a juntarse con ese asesino, como dicen de Claudia Giovanna. Y así. Se justifica el asesinato en los comentarios en las calles, en los chats y luego, en los estrados judiciales.

En la enorme mayoría de los casos de asesinatos de mujeres en manos de sus parejas o ex parejas, alguien cercano sabía y al menos una autoridad ya había sido advertida: un CAI, la URI de la Fiscalía, la Comisaría de Familia, el Bienestar Familiar cuando el tema involucra a los hijos. Estos crímenes no ocurren de un momento a otro, son el colofón de procesos en los que ya se han encendido alarmas por maltrato, abuso, amenazas, manipulación, seguimientos, golpes, violación a la intimidad, burla, escarnio público, presión indebida, violencia verbal o económica y un rosario de etcéteras en los que, lastimosamente, muchas mujeres no reparan durante el noviazgo ni en los primeros tiempos de lo que, sueñan, será su matrimonio feliz.

¿Cómo y cuándo un maltratador se convierte en feminicida? Simple. Dándole largas a una relación malsana, justificando lo que hace porque pobrecito él vive muy estresado, porque es hombre y así lo criaron, porque su papá era así, porque hay que entenderlo porque es el papá de los hijos, porque así son las cosas, porque así me tocó, porque él ya admitió su problema y me juró que va a cambiar. Así, los hombres siguen matando sin matar al interior de las relaciones de pareja como si todavía viviéramos en un mundo antiguo en el que su compañera es su propiedad, “porque si no es mía usted no es de nadie, ¿oyó? ¿sí me oyó?. Y quítese ese escote que parece una puta”. Un maltratador se convierte en feminicida cuando la mujer se separa y demanda y él, que siempre ha sido justificado en su maltrato, llega a pensar que es preferible matarla antes de que se le vaya de las manos. Como a un juguete, que es mejor dañarlo antes que prestarlo.

En términos generales, cada vez más las mujeres buscan liberarse de situaciones en las que se pretende que vivan sometidas, humilladas, y denuncian, tratan de separarse de sus agresores, acuden a la justicia, buscan protección. Pero los hombres parecen estancados en siglos anteriores, cuando su voz era la voz del mando, cuando no amaban sino que dominaban.

Digo yo, especulando, que las mujeres han cambiado y siguen cambiando el mundo para convertirse en seres cada vez más empoderados, fuertes, valientes. Pero pareciera que en ese mundo con nuevas relaciones, los hombres no ceden a la inercia de mantenerse como los machos de la relación, como superiores y no como iguales. No todo hombre machista es un feminicida en potencia, pero todo asesino o potencial asesino de su ex es un machista. Por eso ser la ex mujer, o querer serlo, es para las mujeres en Colombia una condición de alto riesgo.

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