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Opinión

  • | 2016/08/26 11:35

    Bronx: entre la indiferencia, el oportunismo y la incomprensión

    Los habitantes de calle y el narcotráfico se han trasladado hacia otros sectores de la ciudad, provocando peleas con comerciantes y vecinos de los sectores.

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Hace unas semanas estuve caminando por el Bronx, luego de la intervención por parte de la administración. Me encontré con un lugar, custodiado por la policía, que aun vacío estaba cargado de dolor, muerte, sordidez, tragedia e indiferencia. Un lugar en el que el vicio dejó tantas huellas que en algunos andenes las maticas de marihuana se habrían paso como evidencia de lo que allí pasaba. Hoy varios predios han sido demolidos y muy seguramente otros más tendrán el mismo final.

Desafortunadamente, lo que pasó en el Bronx, y que se propaga en otros lugares de la ciudad, se incubó entre la indiferencia, el oportunismo y la incomprensión. El narcotráfico sigue rampante, el consumo no ha bajado y el problema social con los habitantes de calle parece habérsele salido de las manos al alcalde y a su equipo.

Indiferencia

Por años las autoridades se hicieron los de las gafas ante el crecimiento de la problemática del Bronx. Varias evidencias así lo confirman: el costado oriental del Bronx estaba públicamente camuflado por una especie de falsa fachada de la jefatura de reclutamiento del Ejército Nacional; el presidente Santos en 2013 fue hasta allá, acompañado del entonces alcalde Petro, y dio la orden (¿incumplida?) de acabar con esta y 26 ollas más; el Palacio de Nariño, el congreso, la Alcaldía de Bogotá, la Corte Constitucional y un sin número de entidades públicas están a pocos metros de tan oscuro lugar.

Y como si todo esto fuera poco, aún están frescas las imágenes en las que unos policías, entregaban a un detenido a los sayayines del Bronx. No se sabe qué pasó con esa persona, pero en febrero de este año, el entonces director de la Policía, general Rodolfo Palomino, admitió que un teniente, cuatro suboficiales y nueve patrulleros adscritos al CAI de San Victorino hacían parte de una red de distribución de microtráfico en el centro de Bogotá.

Oportunismo

La izquierda, que estuvo 12 años en el poder, que no hizo nada para resolver la crítica situación que se vivía en el Bronx, hoy sale oportunistamente a señalar de forma inquisidora al actual gobierno. Independientemente de si es apropiada o no la intervención que fue realizada en mayo de 2016, las administraciones del Polo y Progresistas no se comprometieron de fondo con la recuperación de la zona y la prevención del consumo de drogas. Así lo confirma el experto en seguridad Hugo Acero, quien afirma que para 2003 aunque se contaba con una metodología de trabajo y estaban definidas las intervenciones del ‘Bronx‘, Cinco Huecos, San Bernardo, La Estanzuela y Las Cruces, estas "no fueron continuadas por el alcalde Luis Eduardo Garzón y que desaparecieron en los siguientes gobiernos. Finalmente, las distintas intervenciones que se han hecho en el Bronx en los últimos años solo han sido intervenciones policiales sin que la administraciones del Polo y de Progresistas se comprometieran plenamente en la transformación de seguridad y de desarrollo social de este sector".

Y es que por un lado, bajo los gobiernos de la izquierda el número de habitantes de calle en Bogotá aumentó. Al comparar los últimos dos censos de habitantes de calle, realizados por la secretaría de integración social del distrito, hubo un incremento del 36,72 % pues se pasó de 7.033 personas identificadas en 2007 a 9.616 en 2011. Hoy a ciencia cierta no se sabe cuántos hay, pues aunque se calculan en más de trece mil, desafortunadamente, el censo que debía realizarse en 2015 no se hizo.

Por otro lado, en el caso concreto del Bronx, mientras que con bombos y platillos la administración de Gustavo Petro anunció la intervención social de la zona, la realidad evidenciaba que, no sólo que el hampa siguió imperando, sino que además el deterioro social también continuaba ante su discurso populista.

Incomprensión

El alcalde Peñalosa no reflexionó, antes de intervenir el Bronx, sobre lo que pasó cuando destruyó el Cartucho en 1998. Si bien la acción policiaca permitió la recuperación de una zona céntrica de la ciudad, al igual que hace 18 años, dispersó a los habitantes de calle que consumían drogas en el sector; no le hizo ni cosquillas al narcotráfico; y los programas sociales son pañitos de agua tibia que sirven para mostrar la buena fe del gobierno y el deber ser, pero que están lejos de ir a la raíz del problema.

Entonces ¿era mejor no hacer nada? Lo que diría es que en lugar de trabajar para reducir los efectos negativos de la intervención, que eran previsibles, la administración Peñalosa se engolosinó con la idea de mostrar autoridad, determinación y contundencia, como lo muestra el video que difundieron del momento en que la policía entra al Bronx.

Por ejemplo: hoy la administración dice que hay una sentencia de la Corte Constitucional que la deja maniatada, pues no es posible trasladar a instituciones a los habitantes de calle que consumen drogas si ellos mismos no dan su consentimiento. Sin embargo, esta sentencia, la 043, es de 2015. O sea, aunque esa dificultad ya era pública, no se pensaron caminos para reducir los impactos negativos que sobre la intervención esto podría tener.

Tan es así, que hoy, tres meses después de la toma del Bronx por parte de la policía, no solo los habitantes de calle y el expendio y consumo de droga se han trasladado hacia otros sectores de la ciudad, como canales, puentes, parques y zonas aledañas a colegios, entre otros lugares; sino que además, las tensiones entre habitantes de calle, comerciantes y vecinos de diversos barrios van en aumento. A pesar de los anuncios del alcalde, no se ve clara la estrategia que se seguirá, incluso, da la sensación de que la situación se le salió de control.

Esto significa que estamos frente a una mezcla muy negativa para la ciudad en la que perdemos todos sus habitantes. La frágil estrategia del actual gobierno distrital, el oportunismo de la izquierda, la indiferencia del gobierno nacional y la miopía de asumir como micro un negocio de venta de drogas que mueve al año solo en la ciudad cerca de 250 millones de dólares, no permitirán encarar el consumo de drogas con acciones concretas que vayan a la raíz del problema ni definir una estrategia eficaz contra el narcotráfico urbano.

Politólogo, asesor en el Concejo de Bogotá y experto en temas de movilidad.

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