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Opinión

  • | 2016/07/29 21:57

    La ceguera del éxito

    Entorno a los Juegos Olímpico de Rio 2016, se abre el debate hacia Curitiba, ciudad de Brasil, cuyo modelo de innovación está en duda frente al próximo evento deportivo.

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Curitiba es la capital del estado de Paraná, en el sur de Brasil. Tiene 1.9 millones de habitantes, pero con su región metropolitana alcanza un poco más de 3 millones de personas. Desde mediados del siglo XIX la ciudad recibió un gran número de inmigrantes alemanes, polacos, italianos, japoneses, ucranianos, sirios y libaneses, con sus saberes y prácticas culturales, lo que para muchos ayuda a explicar la particularidad de su desarrollo. Es mundialmente reconocida por su red integrada de transporte, por su programa de reciclaje y por tener más de 55 m2 de área verde por habitante.

¿Cómo lo logró?

Entre 1943 y 1958 Curitiba contó con el "Plan Agache" (apellido del arquitecto y urbanista francés que lideró su elaboración) como directriz que orientó la construcción de grandes avenidas, la localización de las fábricas en una zona industrial y la ubicación del centro cívico donde se concentrarían los edificios gubernamentales. Sin embargo, es en la década de 1960 cuando con el "Plan Director" y la creación del Instituto de Investigación y Planeación de Curitiba (IPPUC por su nombre en portugués) se sientan la bases del modelo curitibano. Desde el mandato como alcalde del arquitecto y ex director del IPPUC, Jaime Lerner, y durante las últimas casi cinco décadas, se pusieron en marcha una serie de medidas que llevaron a Curitiba a recibir innumerables reconocimientos internacionales como referente para la solución de problemas urbanos. Entre otras, vale la pena resaltar las siguientes intervenciones:

- Sistema de transporte de buses que circula por vías exclusivas y que orienta el crecimiento urbano

- Programa de protección de rondas de ríos a partir de parques lineales

- Construcción de la primera calle peatonal de Brasil, la calle XV de Noviembre

- Transformación de antiguas canteras en parques como el Tanguá

- En escenarios culturales como la Ópera de Arame  

- O en espacios de conocimiento como la Universidad Libre del Medio Ambiente 

- Programa de separación de basura desde la fuente e intercambio del material de reciclaje por alimentos.

Pero las cosas han cambiado.

Según el Instituto Ambiental del Paraná (IAP), de acuerdo con una investigación que se hace anualmente, nueve de cada diez lagos de los parques de Curitiba están contaminados. Lo más grave es que en algunos casos la información permite evidenciar que en los últimos 13 a 15 años no se presentó ninguna mejora en la calidad de los ríos de la ciudad.

Según la Asociación Nacional de Empresas de Transportes Urbanos (NTU) entre 2014 y 2015 el transporte público de Curitiba tuvo una caída de -8% en el número de pasajeros. Si bien esta problemática es común en la mayoría de las ciudades de Brasil, eso también es consecuencia de una tarifa muy alta (3.7 reales que equivalen $3.460) que refleja unos procesos licitatorios que no fueron actualizados para aprovechar los avances tecnológicos para reducir el pasaje y de una serie de subsidios para ciertos sectores de la población. A esto se suma que en 2015 la red integrada de transporte dejó de cubrir el área metropolitana por las dificultades financieras de mantener una única tarifa, con lo cual la demanda se vio impactada de forma negativa. Y para completar el oscuro panorama en materia de movilidad, Curitiba tiene cerca de 1.3 millones de carros particulares, lo que equivale a tener casi un carro por habitante.

Curitiba, la ciudad que muchas veces ha sido elegida como una de las mejores ciudades para vivir, hoy tiene un grave problema de inseguridad. En el primer trimestre de 2016 hubo un aumento de 11% en el número de homicidios al compararlo con el mismo periodo en 2015. Según los datos que presentó la Secretaria de Seguridad Pública y Administración Penitenciaria del Paraná, Curitiba tiene 30 homicidios por cada 100 mil habitantes – casi el doble que Bogotá. Adicionalmente, son asaltadas 2 personas cada hora en la calle y 5 casas por día. Esto ha llevado a los ciudadanos a encerrarse tras muros altos, a instalar un gran número de cámaras, a contratar seguridad privada y a blindar sus carros.

Otros dos problemáticas también crecen con rapidez. Por un lado, según datos de la Fundación de Acción Social – FAS, los habitantes de calle en Curitiba en 1998 eran cerca de 600, en 2013 aumentaron a 2.700 y hoy se calcula que pueden ser entre 4 mil y 5 mil. Por otro lado, el consumo de drogas se ha expandido con prevalencia en los jóvenes. Según un estudio del Centro de Brasilero de Información sobre Drogas (Cebrid), en 2012 el 14% de los estudiantes de la ciudad habían experimentado algún tipo de droga y para 2013 el 78% de los jóvenes entre 13 y 15 años ya habían probado alguna bebida alcohólica en su vida.

¿Qué pasó?

Durante años los defensores de lo que se había hecho en la ciudad optaron por ignorar o subvalorar tanto las críticas al modelo curitibano como los hechos que evidenciaban que las cosas estaban cambiando. Las voces que llamaron la atención sobre los problemas fueron señaladas casi como herejes. Al mismo tiempo, los que iniciaron la transformación y fueron sus protagonistas se convirtieron en profetas de una religión exitista que ahogó la innovación. “Curitiba es todavía una referencia, pero ya no es un foco de innovación. Hay que volver a innovar”, afirma Jaime Lerner en un artículo que plantea algunos de los desafíos que enfrenta hoy esa ciudad.

Sin embargo, lo que queda claro es que el modelo de Curitiba está desgastado y se quedó estancado en un pasado glorioso que no responde a las necesidades ni a los problemas actuales y futuros de la ciudad. Lo que vive hoy Curitiba no se dio de un día para otro. Se desarrolló por varios años pero la ceguera del éxito nunca les permitió verlo.

En Bogotá, desafortunadamente, pasó y pasa algo similar. En algún momento, es posible que ocurra lo mismo con los modelos de Barranquilla y Medellín. La complejidad de las ciudades requiere de innovación permanente y de la grandeza, la generosidad y el liderazgo de personas que sepan reconocer a tiempo que lo que aportaron fue importante pero ya no suficiente. Que es necesario dar un giro para encontrar nuevos caminos. Que lo que está en juego no es un prestigio personal sino las condiciones de vida de millones de personas. Al mismo tiempo, se requiere de una ciudadanía que asuma un mayor protagonismo en el desarrollo de su ciudad y frente a los retos que enfrenta, sin esperar a un mesías que los resuelva por ella.

*Politólogo con maestrías en gestión urbana e historia. Estudiante de doctorado en historia de la Universidad de los Andes. @ferrojasparra

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