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Opinión

  • | 2016/12/01 15:16

    Fidel: ¿cielo o infierno?

    El siglo XXI, carece de líderes y políticos que tengan una visión futurista de los desafíos del planeta y la humanidad.

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Moscú. Verano de 1981. Entre el grupo de colombianos yo era el único que dominaba las reglas del béisbol. Las había aprendido jugando desde niño en los solares de Barranquilla. Los cubanos que tenían bola, bate y guantes reunieron una novena. La otra novena se formó con panameños, dominicanos, venezolanos, nicaragüenses y yo. Comenzamos el partido en una cancha de fútbol del complejo educativo. Al rato llegó un grupo de estudiantes soviéticos y angoleños a jugar fútbol. Béisbol y fútbol al mismo tiempo y en una misma cancha era un problema. El problema se transformó en una bronca.

La bronca era en español y portugués. Los soviéticos no entendían. Los angoleños dejaron claro que el problema era con nosotros y no con los cubanos. La actitud de los angoleños tenía lógica: Cuba, entonces, era el país que estaba poniendo los hombres y el coraje para la descolonización de África y conteniendo al regimen sudafricano del Apartheid que, tenía a Nelson Mandela con un martillo en la mano, triturando piedras en la prisión de Robben Island. Miles de los soldados y médicos cubanos que fueron hasta los confines de África eran negros descendientes de los que fueron llevados como esclavos a América. Millares de niños defenestrados por las guerras coloniales en África fueron educados en Cuba y volvieron como profesionales a sus países. Una épica tatuada por Fidel Castro Ruz.

«Toda mi fortuna, señor Bush, cabe en el bolsillo de su camisa», dijo Fidel en un discurso ante el parlamento de su país. Son contados los hombres que dejan tirada una fortuna para aventurarse en una desigual lucha en la que es más seguro hallar la muerte que llegar a alguna parte. Fidel fue uno de esos hombres. Abandonó la hacienda de sus padres, y luego, cuando llegó al poder junto a un ejército revolucionario, la repartió entre los obreros y campesinos −en su mayoría analfabetas− que no tenían ni siquiera un pedazo de tierra en donde cavar una sepultura. La tabla de valores con las que vivió Fidel, contrasta con la mayoría de gobernantes de nuestra época en las que el poder es un instrumento para enriquecerse o son meros engranajes de entramados criminales o empresariales despojados de humanidad.

Yuval Noah Harari, autor de los best seller «Sapiens» y «Homo Deus», y uno de los intelectuales más influyentes en el mundo político y corporativo de nuestro tiempo, comentaba en una reciente entrevista que, el siglo XXI, carece de líderes y políticos que tengan una visión futurista de los desafíos del planeta y la humanidad como lo tuvieron hombres como Lenin. Es triste observar como Europa, por ejemplo, está gobernada por personajes sin ideas y que no despiertan entusiasmo entre los electores. Fidel era el último Quijote que, a lo largo del siglo pasado, desdoblaron ideales que iban más allá de una sede de gobierno o de las estrechas fronteras estatales. Cuando las grandes potencias se acobardaron ante la epidemia de ébola en África Occidental de 2014-2016, el humanismo de Fidel tomó forma en centenares de médicos y paramédicos que, emulando a los santos o los evangelistas, arriesgaron sus vidas para salvar a la de millares.

«Ha muerto el líder más carismático del mundo», tituló el inobjetable portal de la BBC de Londres. Un líder mundial que, tal como lo reconoció en la extensa e íntima entrevista que concedió a Ignacio Ramonet y tiempo después a Carmen Lira, directora de La Jornada de México, tuvo sus desaciertos, tales como las injusticias que se cometieron contra hombres y mujeres cubanas por su orientación sexual. Una cosa es cometer errores en la conducción de una nación y otra es la de engañar a un pueblo. La revolución que encabezó Fidel ha sido leal con su pueblo en la medida en que ha resuelto sus necesidades básicas, hasta el punto de alcanzar un Índice de Desarrollo Humano superior, por ejemplo, al de Colombia.

Así como una generación quedó sentimentalmente unida a la música de Los Beatles o al Hippismo de los sesenta, existen también varias generaciones cuya educación sentimental está incorporada a la Revolución Cubana y sus iconos. Una Revolución que, a pesar de sus críticos, ha dado seguridad a una nación que sigue conservando ese desparpajo que caracteriza a los pueblos del Caribe. Esa desenvoltura critica con la realidad se puede apreciar en filmes como «Fresa y Chocolate» y «Guantanamera» del cineasta Tomás Gutiérrez Alea o en la obra de escritores como Pedro Juan Gutiérrez que hizo de «La trilogía sucia de La Habana» un divertido testimonio de los momentos más críticos del llamado «Periodo Especial».

José Martí explicó en una nota que tituló «Tres Héroes» (Bolívar, San Martín e Hidalgo) el significado del «decoro». Pienso que, el decoro, es la enseñanza más relevante que Fidel dibujó y grabó en la conciencia de su pueblo y en la de otros pueblos. Creo, entonces, que se puede estar bien en el cielo o el infierno de acuerdo a los gustos de cada parroquiano. Mark Twain, el padre de la literatura estadunidense, no dejó dudas al respecto: «Prefiero el cielo por el clima, el infierno por la compañía».

Tras la data: Moralmente bellas y significativas las acciones del club y la gente del Atlético Nacional con los chicos del Chapecoense. «Empezamos a valorar más la vida, reflejo del proceso en que andamos», escribió Tony en su muro de Facebook. Estoy de acuerdo con él.


* Escritor y analista político
En twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: https://yezidarteta.wordpress.com/author/yezidarteta/

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