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Opinión

  • | 2016/12/01 16:17

    Se murió Fidel...

    Murió Fidel y con el muere una era. No voy a hacer una semblanza o análisis de su larguísimo gobierno (o dictadura), pero sí quiero referirme a un tema que suele ser alabado en la gestión del Partido Comunista en la isla caribeña.

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Se exaltaba en los discursos fúnebres expresados en la plaza de la revolución en La Habana,  la tasa de alfabetización en la isla y el acceso a la educación como un derecho con cobertura universal.

En principio esto suena muy bien, y parecería ser la política publica mas exitosa del continente en materia de educación y acceso, incluso en todos los niveles (preescolar, básico, medio y superior).

Pero todo tiene un contexto, ¿cómo puede ser exitoso un modelo de educación con ideología?, ¿Cómo puede ser competitivo un sistema de educación superior que impone la oferta?, ¿cómo se pueden probar las competencias ante la ausencia de practica real de ciertas disciplinas?

Pues bien, esto parece el meollo del asunto, los jóvenes cubanos tienen acceso y cobertura en oferta educativa, pero ausencia total de aparato productivo que les permita ejercer sus competencias y desarrollarse profesionalmente. Si la finalidad es que el Estado sea el empleador universal, el modelo está destinado al fracaso, como efectivamente sucede en Cuba.

No es menos cierto que sus competencias en ciertas áreas de la medicina, la deportología, y la investigación científica sobre algunas enfermedades sean relevantes y se hayan podido dinamizar precisamente por ofrecerlos de manera privada a extranjeros, no porque la política publica de  investigación científica permita desarrollar estos avances para el beneficio general de la población, así, se estaría abogando por una educación gratuita pero con una investigación restringida y una aplicación privada.

En ese orden de ideas me pregunto si no es un modelo más lesivo que el que se critica al capitalismo frente a las farmacéuticas o los laboratorios, las patentes y los desarrollos de medicamentos, entre otras cuestiones que nos agobian en el mundo moderno con avances importantes en ciencia, pero restricciones económicas frente a la oferta

Los jóvenes cubanos pueden tener una o dos carreras profesionales, si su salario mínimo no cubre sus necesidades básicas no hay muchos incentivos para trabajar, si los trabajos también obedecen a una oferta oficial, lo lógico será que estos sean reemplazados por otras actividades informales, ilegales, o que procuren un mejor ingreso en desmedro de las competencias adquiridas.

Cuba es el ejemplo perfecto de la gran paradoja de  pensar que por proveer un servicio gratuito y masivamente la cuestión está resuelta. Se necesita aparato productivo para emplear ingenieros, agrónomos, técnicos; se necesita infraestructura hospitalaria para poder practicar la medicina y ofrecer servicios avanzados (no solo a extranjeros que los puedan pagar), se necesita una competencia de una buena oferta educativa para balancear la capacidad de las universidades publicas frente a la privadas, finalmente todas son empleadoras; sin esto en ultimas faltará siempre una parte de la ecuación para lograr el equilibrio.

Los desprevenidos alaban el sistema de salud y educación cubana, desconocen que estas ofertas de servicios públicos sin derechos, obligaciones y posibilidades practicas reales no dejan de ser una gran paradoja, no hay como probar las competencias, no hay como mejorar procesos, no hay como medir resultados, no hay como probar en el mundo real a los profesionales y sus competencias.

Si el sistema fuera adecuado no se encontrarían los dramas humanos de la prostitución a todos los niveles, la venta en el mercado negro de bienes y servicios, a los jóvenes mendigando un chocolate , unos zapatos, tal vez un reloj de algún turista que se los quisiera regalar.

Los jóvenes cubanos deben optar por la cultura del “rebusque” , la venta de contrabando, la informalidad, lo que finalmente sacrifica todos los logros del alabado sistema educativo y la alta tasa de alfabetización, sin las oportunidades adecuadas la educación no deja de ser otra cosa que una herramienta obsoleta.

El drama de Cuba puede ser una buena radiografía de lo que tenemos que revisar en todos los sistemas educativos del continente, la pertinencia de la oferta, la demanda de ciertas profesiones, el acceso a la educación, la calidad de esta oferta académica,  y los desarrollos y avances en investigación.

Solo a través de un equilibrio podemos lograr un adecuado desarrollo, los modelos de costosas universidades también hacen crisis, un ejemplo es el sistema universitario estadounidense, pero una  gratuidad sin futuro como en Cuba tampoco garantiza ninguna éxito, es importante equilibrar el papel del Estado, las universidades, el apoyo estatal a la investigación científica, y la construcción de una política publica de largo aliento que se concentre en las posibilidades reales de los Estados para competir con sus profesionales y desarrollar sus competencias internas.

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