Jueves, 19 de enero de 2017

| 1998/12/07 00:00

FISCALIA Y CONSPIRACION

FISCALIA Y CONSPIRACION

A tres años del asesinato de Alvaro Gómez Hurtado (y se dicen estas cosas como si nada), los fiscales creen tener un principio de solución al caso, imputando a una brigada de inteligencia la autoría material y dejando a la conspiración (así, generalizada) en la sospecha de ser la autora intelectual del magnicidio.Me parece sesgado el giro que van tomando las cosas, dirigidas por una mente inclinada a favorecer al régimen anterior, como que salió de sus entrañas. Al fiscal Gómez Méndez le hacen eco inmediato, con un día de por medio, los primos Pardo y Posada García Peña desde sus baluartes periodísticos, la muy leída columna de D'Artagnan y el editorial del hoy diario de Bavaria. Los dos periodistas, al parecer, muy cercanos al bufete de Gómez Méndez, antes de ser llevado por el presidente Samper a la Fiscalía General.
Es inconcebible lo que se afirma o se insinúa y la forma como se interpreta todo por el ex vocero del régimen anterior, en su columna periodística. Da risa, sencillamente, pensar que Hernán Echavarría o Pablo Victoria (a quienes sólo faltó que se les mencionara por sus nombres) tuviesen en mente asesinato alguno y mucho menos el de su presumible líder, Alvaro Gómez Hurtado.
Ahora bien, Gómez había alcanzado aquella dimensión de hombre público, en que unas son las cosas que hace el personaje por sí mismo y otras las que se hacen a nombre suyo, sin autorización ni consulta. Llego a pensar que cualquiera que fuera esta conjura (que no es la misma conspiración en que envolvió Samper a todos sus denunciantes y opositores), es muy posible que haya querido contar con la figura de Gómez para encabezar la locura de gobierno que habría de resultar de ella. Es absolutamente seguro que Gómez, si conoció el plan (como lo conoció el alegre embajador norteamericano), se opuso rotundamente a él. Le bastaba con recordar la circunstancia en que su padre fue derrocado por un golpe de mano en 1953. Toda la tesis constitucional de los Gómez ha sido la de la legitimidad en contra de la usurpación.
Ahora viene el inexplicable asesinato. Que se le quitó del medio porque, a la mexicana, "sabía demasiado". Qué tontería. Lo mismo sabían los propios complotados _que no eran dos_ y hasta el embajador y sus respectivas señoras, familiares y empleadas. Que se le cobró su no colaboración al golpe, también me parece absurdo, porque no se pasa de la subordinación doctrinal y política al odio de muerte en un momento de desacuerdo. A Gómez debían tenerlo los presuntos golpistas, cualesquiera que ellos fueran, a una distancia de autoridad, que sólo crea respeto y acatamiento.
Que lo mataron los mismos golpistas frustrados para desestabilizar al país, en vista de no poderlo utilizar como cabeza de su engendro, es igualmente absurdo. No se asesina al líder de su propia causa. ¿A quién interesaba, entonces, la muerte de Gómez? En la óptica del golpe de Estado, a los que pudiendo saber del mismo por fuentes secretas y de espionaje y desconociendo la negativa de Gómez, veían la tentativa como un peligro real. No llego en esta conjetura hasta el alto gobierno, porque me parecería igualmente de risa imaginar a los dos protagonistas del reinado del Elefante en confabulación criminal. La sanfasón de aquel binomio no llegó nunca, en mi medición humana, al extremo de asesinar a alguien.
Retirar a Gómez de la circulación porque sí, es tan ilógico como cualquiera otra hipótesis. Alvaro Gómez, en mi sentir, ni siquiera representaba, en ese preciso momento de su incalificable asesinato, la contraparte del régimen. Su voz sonaba un tanto a retiro; sus tesis ya eran más doctorales que de política activa. Fue sorprendido a la salida de una universidad. Su concepto del régimen no queda, ni aun ahora, suficientemente claro. No se mata a nadie por una entelequia.
Pero hay fuerzas extremas, de izquierda o de derecha, circulando por la ciudad, capaces de cualquier cosa. O bien para cobros tardíos (como el asesinato de María Arango, en la cotidianidad de su retiro) o a su entender criminal, para compensar otros crímenes. Una figura de la derecha por una de la izquierda y el ojo por ojo.
Lo cierto es que hoy por hoy conviene al criterio de la Fiscalía envolver el crimen en el mismo paquete de la llamada conspiración, bien la que pudo ser conjura real o la que imaginó Samper como fantasma persecutorio. Resulta cómodo pintar al escorpión de fantasía autoliquidándose.

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