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Opinión

  • | 2000/12/11 00:00

    Fortalecer el centro

    Hay que aceptar la oferta de Horacio Serpa.

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Hay que aceptar la oferta de Horacio Serpa. El proceso de paz de este gobierno se resume en dos palabras: audacia para iniciar las negociaciones y torpeza para adelantarlas.

La audacia consistió en visitar a ‘Tirofijo’ y en retirar las tropas del Caguán. Por fin un Presidente tomaba en serio a la guerrilla y le ofrecía una cuota inicial muy generosa.

Así venció Pastrana la desconfianza campesina de las Farc

y creó un nexo personal con Marulanda que sigue siendo la clave del proceso.

Pero ese arranque espectacular escondía tres errores. Primero, no haber pedido ni acordado el minimo minimorum de cualquier negociación: reglas de juego y árbitros que aseguren el avance. Segundo, negociar como gobierno y no como país: no hubo acuerdo político ni de Estado sobre la zona de distensión, menos aún sobre la agenda o sobre las reformas. Y tercero, no haber “sincerado” el punto decisivo de la agenda: la droga y el papel de Estados Unidos en el proceso.

Así que el diálogo se fue diluyendo en nuestro mar de babas, En vez de un acuerdo siquiera con la guerrilla, hemos tenido cinco o seis controversias entre las autoridades acerca del Caguán. En vez de agenda tenemos el índice de alguna enciclopedia. En vez de dos tesis opuestas, un rosario de audiencias gaseosas. Y en vez de unión en torno al interés nacional, un Plan venido de Washington que cada día agravará la desunión.

Un ELN acorralado y unas Farc cuyo aparataje militar les impide hacer política ya de por sí explicarían el terrorismo del uno y la soberbia obtusa de las otras. Añada una reglas confusas, un Presidente autista y unas élites que discuten entre sí en vez de concretar el diálogo con la insurgencia. Súmele la recesión y la crisis social. Y adorne todo eso con el fantasma de que vienen los gringos. ¿Qué de raro tiene que se imponga la línea dura de ‘Jojoy’ y de ’García’?

Pero Dabeiba, Putumayo o Farallones por supuesto alimentan la ira del otro lado. Uno de cada tres colombianos cree hoy que la salida es a las malas. Los medios se dedican a inflar a Uribe Vélez. Canal deja sentir el descontento de los generales. Castaño aparece de estadista. Se recrudecen las masacres y el chantaje de los paras.

Es el círculo infernal de dos proyectos lunáticos. La guerrilla no llegará al poder porque carece de apoyo popular. Los paras no acabarán la guerrilla porque los masacrados son apenas campesinos. Así que, en vez de resolverse esta supuesta ‘guerra’ se degrada día por día.

Y entre tanto se agota el tiempo para la vía negociada. Primero, porque en unos meses llegarán los helicópteros y será irreversible la versión bélica del Plan Colombia. Segundo porque Bush y un Congreso republicano significarían volver al fundamentalismo antidroga de Nixon-Reagan, al anticomunismo de los halcones y al desinterés por los derechos humanos y el medio ambiente que matizaron la estrategia Clinton. Y tercero porque las campañas para suceder a Pastrana están a punto de despegar.

La carta de Horacio Serpa da comienzo a la suya. Frente a Uribe Vélez y en el momento mismo en que concluye el oscuro episodio de los parlamentarios en manos de Castaño, Serpa se autopostula como interlocutor del Presidente y como el abanderado de la línea diálogo. Es una jugada muy inteligente.

Y es también una oferta excelente para Colombia. Si algo necesitamos, es darles forma y sustancia a los diálogos de paz. Que no sean más un asunto personal de Andrés o del gobierno sino una cuestión de Estado y de negociadores representativos. Que cambiemos el pare-y-siga sobre la zona de distensión por discutir cosas serias con la guerrilla. Y que tratemos, por lo menos tratemos, de convencer a Marulanda de que sin reglas o árbitros no se puede avanzar.

El 18 de febrero de 1999 Pastrana les propuso a los partidos un acuerdo de 17 puntos alrededor de la paz. Cuatro acciones precisas contra el paramilitarismo. Seis líneas de política exterior, comenzando por la sustitución pacífica de cultivos. Seis criterios para que el proceso fuera participativo. Y una —esta sí etérea— “reforma de la justicia”. Serpa rechazó el acuerdo por “ventajoso”.

Ojalá que después de 20 meses y de tantos muertos, este país amnésico recupere aquella propuesta y así logremos sacar el proceso de paz de su “estado cataléptico”.
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