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Opinión

  • | 2010/12/01 00:00

    Fragilidad económica

    El 2011 traerá a la economía mundial más de lo mismo. Las fallas en los modelos y las tímidas medidas para resolver la crisis han minado al sistema financiero internacional.

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El 2010 ha sido un año crítico para la economía mundial. En primer lugar hemos evidenciado fenómenos monetarios sin precedentes caracterizados por emisiones masivas de moneda, incrementos sustanciales en el endeudamiento público y una crisis cambiaria internacional. En segundo lugar, las poco efectivas medidas para resolver la crisis financiera y bancaria internacional se han traducido en un aumento de los déficits fiscales a nivel mundial, especialmente en Europa, lo que ha aumentado la percepción de riesgo de los inversionistas a lo largo y ancho del planeta. Estos dos fenómenos por si solos han minado la estructura del sistema financiero internacional amenazando la recuperación económica en el largo plazo.

Desde la columna anterior he indicado que la emisión masiva de dólares por parte de la Reserva Federal, así como las políticas monetarias expansivas en otras economías del mundo han generado problemas serios para la economía.
 
Estamos dentro de un círculo vicioso en el que la emisión de moneda y la laxitud monetaria no se refleja en crecimiento real de la demanda ya que los bancos han generado restricciones al crédito de la mayoría de particulares al prever que su capacidad de pago no ha mejorado con respecto a la que tenían en 2007. Empero si se traduce en un aumento de los precios de los activos financieros—las populares burbujas especulativas—cuyos efectos nocivos nos tienen en la actual crisis desde hace mas de tres años. Además se han presentado fenómenos de endeudamiento masivo por parte de los gobiernos para poder financiar esta política expansiva, lo que se ha traducido en mayores presiones sobre el flujo de caja futuro de economías desarrolladas y en desarrollo por igual.

Este mayor nivel de endeudamiento del sector público se conjuga con el elevado nivel de endeudamiento privado en economías desarrolladas para crear una problemática comparable con una bomba de tiempo. En algunas economías europeas el endeudamiento total—conjunto del sector público y privado—excede el 300% del producto interno bruto (Inglaterra, España, Francia, Italia, Portugal e Irlanda). A Estados Unidos y Canadá les va un poco mejor, con endeudamientos totales del 296% y 259% del PIB respectivamente. Si bien la cifra de endeudamiento por sí sola es perturbadora, al analizarla en conjunto con el déficit fiscal, da señales de una crisis de financiación pública que podría explotar en cualquier momento del año entrante.

La mayoría de gobiernos de los países del G-20 enfrenta profundos déficits fiscales que deben financiar de una u otra forma. Una salida posible es empeorar las cifras de endeudamiento, la otra es aumentar el nivel de impuestos y reducir las exenciones tributarias. Cualquiera de las dos medidas ralentizaría la economía profundizando la crisis actual. Además, estas medidas reducen la demanda agregada, aumentan el desempleo a nivel mundial y generan una reducción general del bienestar social. El mejor ejemplo de esto es la situación de Grecia que, bajo el draconiano paquete de medidas de austeridad impuesto por su premier, George Papandreu, en colaboración con la UE y el FMI, ha vivido manifestaciones de descontento público, y puede aspirar a salir de la actual situación de crisis en un período de tres a cinco años.

El caso griego, sin embargo, es sólo la punta del iceberg pues en las últimas semanas Irlanda ha comenzado a mostrar síntomas similares a los que mostró Grecia en Febrero del año que termina. Si bien ese país también ha suscrito un millonario paquete de ayuda con la UE hay otros tantos que le van a la saga. No sería de extrañar que próximamente España, Portugal o Italia enfrenten problemas similares lo que pondría en riesgo la existencia de la moneda común europea.

Así la crisis mundial ha pasado por varias etapas. Comenzó como una crisis de crédito en la que los deudores hipotecarios perdieron sus bienes por ser incapaces de pagar sus acreencias y porque sus bienes ya no eran garantía suficiente frente a sus deudas. Se transformó en una crisis financiera cuando bancas de inversión, establecimientos de crédito y aseguradores comenzaron a enfrentar problemas de liquidez que amenazaban su viabilidad. Esto a la larga se tradujo en una crisis económica caracterizada por aumentos en el nivel de desempleo, reducciones en el consumo y en la producción y profundas inestabilidades cambiarias.
 
El futuro nos augura una nueva dimensión de esta crisis en la que los gobiernos serán los principales afectados enfrentando problemas de desfinanciación e incapacidad para maniobrar debido a sus lastimeros flujos de caja.

Estas dimensiones de la crisis comparten un factor común: los inversionistas cada vez perciben más riesgo en la economía mundial. Está característica permite explicar por qué la volatilidad en los precios de los activos financieros y no financieros ha aumentado, los precios de las monedas pasan por periodos de profunda inestabilidad y el oro se ha convertido en uno de los bienes más cotizados en los mercados internacionales.
 
El mejor ejemplo de esto ha sido lo acontecido en la bolsa local. Durante las últimas semanas el IGBC ha caído más de 10% a causa de las malas noticias a lo largo y ancho del planeta. Si bien puede parecer una corrección de la burbuja especulativa que delaté en columnas anteriores, no se puede cantar victoria. La corrección se ha debido a fenómenos externos y no a una revisión de los fundamentales locales. Puede esperarse que una vez el tsunami de malas noticias se calme la bolsa vuelva a subir a los niveles de comienzo de este trimestre.

La conclusión para la economía mundial es poco halagüeña. El próximo año podremos esperar más de lo mismo: volatilidad alta en los tipos de cambio, malas noticias económicas en Europa y una tímida recuperación de la economía estadounidense. Tal vez para Colombia las cosas puedan salir un poco mejor, al fin y al cabo los resultados económicos son favorables con baja inflación y un crecimiento decente. De hecho, si se pasan las reformas propuestas—sobre todo la de regalías y la regla fiscal—Colombia podría aspirar a alcanzar el grado de inversión en su calificación de riesgo de crédito durante el presente gobierno. Eso, en medio de la turbulencia internacional, sería una excelente noticia.
* Profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales. Master of Science en finanzas de la Universidad Pompeu Fabra. Profesor Investigador Cipe – Universidad Externado de Colombia.
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