26 julio 2013

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Francisco y los jóvenes

Por Javier Cruz

OPINIÓNUna Jornada Mundial de Jóvenes en Suramérica y un papa latino son el marco perfecto para que el mundo pusiera los ojos en este continente.

Francisco y los jóvenes.

La noche del 13 marzo de 2013 el mundo católico no imaginó que el sucesor del trono de Pedro traería consigo propósitos terrenales enmarcados en un líder de carne y hueso despojado de la opulencia, la riqueza y la ostentación del poder, pero siempre orientado por
la palabra de Dios. 

Jorge Mario Bergoglio, un jesuita y líder carismático, al que los lujos, las categorías y los privilegios van en contravía con la austeridad, sustentó su teoría en una sencilla forma de vida en Argentina, transportado en el metro, comprando el periódico en la caseta, y transitando por el ‘viejo’ Buenos Aires, camino de la peluquería de don Mario Sariche, ubicada en el Pasaje Roverano y aguardar su turno como un parroquiano mas, para su corte de cabello; con este postulado, presentó una Iglesia incluyente y libre de ataduras.

Con plegarias al cielo y los pies en la tierra ha venido a esta, la suya, Suramérica, a dejar su impronta con mensajes abiertos a los Estados y las instituciones sobre el presente y el futuro de la población más vulnerable y escasa de oportunidades: los jóvenes.

No siempre hay grandes coincidencias: una Jornada Mundial de Jóvenes en Suramérica y un papa latino son el marco perfecto para que el mundo pusiera los ojos en este continente, encausado en un buen propósito con un discurso coherente y puntual sobre los más faltos de alternativas en los cinco continentes.

No es un discurso con mensajes entre líneas, al contrario, son misivas con poder de convocatoria y miradas en perspectiva dirigidas a las élites para que contribuyan con los menos favorecidos en la búsqueda de un mejor futuro en igualdad de oportunidades.

Dirigido a las multitudes, el papa Francisco reflexiona con los derechos de los jóvenes afirmando que “nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio futuro del mundo. Hoy, un mundo sin inclusión para los jóvenes los ubica en un laberinto donde a la salida los espera el abismo del desempleo, la falta de preparación académica y la desprotección social; esta trilogía, cada vez los aleja del propósito pastoral: los altos costos de una carrera universitaria, producto del negocio de la educación, y el poco acceso a ella, los conduce a una sociedad iletrada que no marcará diferencia de las virtudes para ocupar un cargo que lo dignifique. 

En 2012 Colombia registró una tasa de desempleo entre los jóvenes que marcó una cifra escandalosa del 20,9 por ciento; muchos de ellos en la informalidad o con contratos de prestación de servicios con salarios ridículos en dirección opuesta a los balances generales anuales, que presentan las empresas a las que prestan sus servicios. 

Hoy, el ingreso per cápita por joven en Colombia no supera los 800 dólares, aumentando cada día la brecha y la desigualdad de la que tanto se habla por estos días en Brasil. Dios quiera que los mensajes de Francisco en el marco del encuentro mundial no lleguen a oídos sordos, y los ricos de América y del mundo se despojen un poco de su riqueza para incentivar a la juventud, o que Dios, en su divina providencia, les aplique una extinción de dominio para que sepan qué es vivir en la desigualdad y sin oportunidades.
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