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Opinión

  • | 2015/03/05 23:00

    ¿Militares activos listos para el posconflicto?

    El camino debe conducir con la terminación del paradigma que obliga a pensar que la seguridad es obligación exclusiva de nuestras Fuerzas Militares.

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Algunos creen que hablar de paz es actitud de cobardes. Otros se sienten vencidos. Algunos, mediante comentarios, dejan en el ambiente la idea de la toma del poder por parte de las FARC. También existe el grupo de aquellos que perversamente hieren a las Fuerzas Miliares al hacer comentarios venenosos sobre lo que hará el grupo castrense en el posconflicto. En fin, hay todo tipo de pronunciamientos malsanos que finalmente desacreditan a las Fuerzas Miliares.

En cuanto a este aspecto, lo que no se ha evidenciado es la ponzoña de las conductas de aquellos que promueven la negativa hacia los diálogos en la Habana. Pero, al mismo tiempo, atropellan el honor y el trabajo militar al poner en duda la capacidad militar tanto en tiempos de guerra como de paz.

Así mismo, en medio de los comentarios se pueden ver diferentes posiciones en torno al futuro de las Fuerzas Militares. A los que se han opuesto a los diálogos les conviene que la población crea que la existencia de las Fuerzas Miliares sólo se justifica si hay continuidad del conflicto. También hay quienes entregan el problema de la guerrilla exclusivamente a los militares y dejan ver la total responsabilidad sobre los uniformados al punto que los hacen sentir que no han cumplido con su labor.

Será un trabajo a realizar aquel enfocado a eliminar creencias sobre la responsabilidad de la fuerza pública. El camino debe conducir con la terminación del paradigma que obliga a pensar que la seguridad es obligación exclusiva de nuestras Fuerzas Militares.

Si la guerrilla se hubiese exterminado desde su raíz, hoy no existirían las mesas de diálogo. Entonces, ¿de quién es la responsabilidad de la existencia de la guerrilla tanto en el siglo XX como en el siglo XXI? Es importante tener presente que las mesas de la Habana son el resultado de más de 50 años de combates. No obstante, durante este tiempo los elementos de la fórmula han sido incompletos. Uno de esos elementos es precisamente la participación de la clase dirigente; ellos no han asistido directamente a los combates. Dado lo anterior, faltan elementos para poder armar el rompecabezas como debe ser.

En medio de la discusión se deja de lado la otra cara de los militares: son funcionarios, hacen parte de un porcentaje de la fuerza de trabajo colombiana, se forman en universidades en donde el norte es la educación integral y son profesionales que están capacitados para asuntos adicionales a combatir a la insurgencia. No aceptar estas cualidades y no mirar más allá de su función en torno a los combates con la guerrilla es discriminar un importante grupo de la población colombiana.

Se lee de generales en retiro expresiones como: “(…) debilidad que desfavorece a las FF. MM. y proporciona ventajas a la organización insurgente.” He aquí una expresión que pone en evidencia la restricción que se ha impuesto sobre un tema que va más allá de miliares y guerrilleros.

Es curioso, pero considero que los voceros que han representado a las Fuerzas Militares en los medios y los que han tomado los micrófonos no expresan el verdadero sentir de un porcentaje representativo de los oficiales activos y otros en retiro. En cierto modo han seguido ejerciendo mando en la institución y restringiendo el pensamiento del resto.

Hay mucho potencial en las Fuerzas Militares. Por ejemplo, la Armada de Colombia, la Marina, tiene un trabajo sobre el cual puede avanzar mucho y que contribuye de manera importante en el desarrollo del país. Asuntos como control efectivo del tráfico marítimo; investigaciones y proyectos tanto en asuntos oceanográficas como en telecomunicaciones; explotación de los recursos marinos; protección de la explotación de hidrocarburos Off Shore; control del tráfico ilegal de desechos nucleares y químicos; diseños y construcciones ingenieriles para infraestructura naval, marítima y fluvial; control de la contaminación marina; control de la piratería y delitos trasnacionales; control del contrabando; desarrollo de las capacidades de gestión del riesgo y control de la minería ilegal, entre muchos otros.

Así como hemos venido pensado, se han minimizado competencias de las Fuerzas Militares. Así mismo, la seguridad no combate la inseguridad asignándole un soldado a cada ciudadano.

*Magister en economía
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