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Opinión

  • | 2014/02/16 00:00

    ¿A qué juega Pachito?

    Quiso disimular su actitud de mal perdedor mostrando lealtad a Uribe, pero al calificar de fraude la Convención el mensaje, aunque indirecto, era claro.

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A pesar de su bien ganada fama de veleta, disparatado, imprudente, hiperactivo, descontrolado y jactancioso, Pachito llegó a ser vicepresidente por irresponsabilidad de Álvaro Uribe. Ahora, Pachito se ha convertido no en el hijo pródigo de las santas escrituras, sino en una ficha movida por una mano invisible para mermar las posibilidades electorales del uribismo.

Con la vanidad propia de su estirpe y la inmadurez jamás superada, Pachito con rabia pateó la lonchera cuando las mayorías en la Convención del Centro Democrático no le reconocieron la candidatura. Pero… ¡Cómo! ¡Si yo soy Santos! ¡Por derecho divino, igual que Juan Manuel, estoy predestinado! ¿Por qué él sí y yo no? La frustración se tradujo en gritar que la convención había sido un aquelarre de trampas concebido para arrebatarle la victoria. Lo que no dijo es que con los demás precandidatos y el propio Uribe, Pachito mismo elaboró las reglas de juego, las diseñó, las pactó. Tampoco que en el discurso de instalación de la Convención defendió de antemano las decisiones que se llegaran a tomar y se comprometió a apoyar al ganador. “!Pa creerle!”

Todo en Pachito es así. Quiso disimular su actitud de mal perdedor mostrando lealtad a Uribe, pero al calificar de fraude la Convención el mensaje, aunque indirecto, era claro: el tramposo en últimas era el expresidente.

Pachito, descompuesto, decidió ensuciar al máximo la candidatura uribista. ¡Espuria, ilegítima y fracasada! Curiosamente apareció un chat de una señora igual, con crisis emocional, reclamando a Uribe por el supuesto fraude e informándole que no iba más con un proyecto político que hacía esas terribles cosas. Todo orquestado. Comidilla para los medios y más desprestigio para el uribismo. 

Los dardos contra la candidatura de Óscar Iván Zuluaga se mantuvieron. Con amanuenses en redes sociales y en la web afilaron críticas destructivas, eso sí, dizque para salvar al Centro Democrático. Para colmo de males, se apareció hace dos semanas en una reunión política que presidía Alvaro Uribe. Dijo: “Aquí está su soldado”, lo que no aclaró era para dónde disparaba. El expresidente, ingenuo, celebró el retorno para luego ver, seguramente con decepción y cierta rabia, que todo era una puesta en escena para proveerse Pachito de una plataforma desde la cual arreciar nuevamente contra Zuluaga. Uribe terminó vulgarmente utilizado para tan bajo propósito, mientras Pachito abrazaba el uribismo y apuñaleaba a su candidato.

Las aventuras de este adolescente no se detienen ahí. De un salto, el típico “avión” se robó la revocatoria y con eso la acabó, la electrocutó. No recogió una sola firma para que esta se convocara, tampoco movió un lápiz o una idea para enfrentar el saboteo y la guerrilla jurídica que Gustavo Petro desató para no permitir que los bogotanos decidieran en las urnas; pero ahora, serpenteando, pretende liderar el SÍ. ¡Nefasto!

Pachito se convirtió en el jefe de debate de Petro. Bien puede renunciar Guillermo Alfonso Jaramillo y volver al desastre del Palacio Liévano. Ya hay quien haga mejor su tarea. Todo porque la revocatoria se convirtió en un plebiscito entre Pachito y el alcalde. ¡Nos fregramos! ¡Ganó Petro! Si votar SÍ a la revocatoria es apoyar a Pachito y votar NO es respaldar la hecatombe de Petro, para muchos será mejor quedarse en la casa. ¡Perdimos!

Pero en esa cabecita el daño pretendía ser mucho mayor. Quiso que Uribe y el Centro Democrático asumieran de lleno esa campaña. ¿Ingenuidad o estupidez? Ninguna de las dos. Clara conciencia que tal decisión se podría traducir en un declive electoral el 9 de marzo para Uribe y salir a decir que fue el efecto Zuluaga. ¡Obvio! Una victoria de Petro el 2 de marzo sería un golpe brutal para una campaña basada en la opinión y para la cual es indispensable un imaginario de triunfo, que se ha venido perdiendo por obra y gracia del resentimiento “pachuno”.

¿A qué juega? Uribe enfrentará varios líos. ¡Está cantado! Al menos la tercera parte de la bancada que elegirá con sus votos es “pachuna”. Tendrá que lidiar con una estrategia que pretende destruir a todos los que no se alineen en esa secta, cuyo supremo sacerdote es dicho personaje, llena de extremistas, uno que otro trastornado, y que se propuso esperar a que Uribe acabe su ciclo en el 2018 para apoderarse por completo de un partido que, si sigue así, no será más que otra aventura electoral.

Los hechos le dieron la razón a la Convención. La lealtad se prueba, no se declama. Es preferible un candidato cualquiera, que uno desleal que se presenta como victorioso. Mucho más cuando es un problema de genética. Pachito es Santos, no es Uribe. 

Por lo pronto, si algo se  tiene claro es que se murió Pacheco pero nos quedó Pachito.

En twitter  @RafaGuarin 
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