Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2006/04/15 00:00

Frivolidades

Si esto sucede en plena campaña, cuando aún hay apariencias que guardar, podrán imaginarse cómo será su segundo gobierno

Frivolidades

Cada vez que alguien se atreve a preguntar sobre los posibles nexos del Presidente o de alguno de sus allegados con el narcotráfico y el paramilitarismo, termina señalado, estigmatizado y algunas veces amenazado.

Sus ataques de los últimos días contra el columnista Ramiro Bejarano, contra la revista Cambio y contra SEMANA, confirman la intolerancia del mandatario frente a la prensa independiente.

El Presidente cree que la mejor defensa es un buen ataque. Mientras pone en la picota pública a quienes preguntan, evade los cuestionamientos de fondo.

De esta manera la atención se desvía de la responsabilidad de Álvaro Uribe, hacia la pretendida mala intención de quien hace públicas sus dudas.

En sus extensas entrevistas de radio de Semana Santa, el presidente Uribe respondió sólo lo que él quiso, y como él quiso. Con sus "espéreme termino", "propongo que empecemos por esto" o "dejemos así ese tema", eludió con maestría las preguntas incómodas.

Cuando le preguntaron por las conexiones entre narcotraficantes y el DAS, contestó que ha extraditado a 400 a Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver? Nada. ¿Cuál es el mérito? Ninguno. Uribe ha extraditado los que le ha pedido la justicia americana -con excepción de los paramilitares- como el gobierno Pastrana envió a los que le pidieron, y sin excepciones.

Cuando le hablaron de los fraudes municipales localizados en la Costa, respondió que el Consejo Electoral y la Registraduría han estado en manos de la oposición. ¿Qué relación tiene eso con jurados comprados en los pueblos, que según uno de los autores, pusieron a votar a los que no fueron a las urnas? Nada.

Gastó mucho tiempo, para asegurarse de que ninguna duda quedara resuelta. Hablando mucho y diciendo nada. Él se preguntaba y él se respondía.

Aprovechó las intervenciones para vender la idea de que de las dos revistas más importantes de Colombia hacen parte de una "maniobra política" en su contra, a un mes y medio de las elecciones.

La pugnacidad verbal del jefe de Estado ha ido en ascenso. Se declaró perseguido por un "circulito social" de Bogotá que odia a la gente de la provincia. No menciona que precisamente los miembros de ese "circulito" fueron quienes, hace cuatro años, lo presentaron al país como su redentor.

Tachó a SEMANA de frívola y graciosa. Según su parecer, sólo es profundo quien lo halaga y repite las cifras de su propaganda.

A juicio del Presidente, hacen mal las revistas en preguntar por los recursos oficiales que terminaron beneficiando a los cabecillas paramilitares. No es lícito que investiguen por qué unas personas que figuran en listas negras del DAS, aparecieron asesinadas. Ni sobre las actividades de ese organismo de seguridad en Venezuela.

Tampoco deben indagar sobre la intervención paramilitar en las elecciones parlamentarias y presidenciales del año 2002.

De acuerdo con el Presidente, los medios pretenden sustituir la justicia cuando investigan por ellos mismos los hechos. Deben limitarse a esperar las absoluciones de la Fiscalía, en cabeza de su antiguo viceministro de Justicia.

Absoluciones que ya están en camino, de acuerdo con las primeras señales del vicefiscal Otálora, más preocupado por descalificar al testigo que por investigar las denuncias.

Dice el Presidente que quebranta la Constitución quien publica asuntos incómodos. Que la revista SEMANA debería estar agradecida por sus buenos resultados financieros. Que abusa de la libertad de prensa quien indaga. Que atenta contra el "superior interés nacional" quien plantea dudas. Que se ha puesto en riesgo "la bonanza de confianza" y el futuro económico del país. Que la legitimidad de su gobierno está cuestionada por las publicaciones y no por la probable ocurrencia de los hechos denunciados.

Las críticas a él son críticas a la patria.

Y si esto sucede en plena campaña, cuando aún hay apariencias que guardar, podrán imaginarse cómo será su segundo gobierno.

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