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Opinión

  • | 1999/09/27 00:00

    FUE HORRIBLE BETTY

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Querida hermana: estarás ansiosa por recibir los comentarios de Bogotá, con motivo del
asesinato de Jaime. Y fue así como me lo dijeron, al borde de mi cama: "Despierte, hermana, que mataron a
Jaime". No sé para qué me despertaban para recibir una noticia de estas, tan dura, tan irremediable. Y lo más
inexplicable es que me arreglé de prisa. Se había cumplido lo que algunostemíamos. Este muchacho tan
extrovertido, tan fuera de sí, había tropezado con quienes carecen por completo del sentido del humor: los
rambos, de uno y otro lado de la guerra.
Qué dolor, querida Betty. Y qué estremecimiento. La muerte es nueva cada vez, pues nadie antes se había
muerto. Antes de morirse, quiero decir. Mi primer pensamiento, para la meditación del día, fue ese: todas y
todos tenemos una cara para la muerte, de la misma manera como vivimos y gesticulamos. Pero en seguida,
el absurdo: asesinaron a un humorista, a un folclorista, a un intérprete popular, a un hombre de televisión que
tuvo ese poder que da la cajita mágica, cuando se le suma un gran talento.
Y lo mataron cobardemente, disparándole en la nuca y rematándolo ya vencido. Sobre seguro, a la zaga de
sus rutinas, con muchos seguimientos. Aprendieron seguramente, mija, en esas películas de violencia. Pero
recuerdo haber visto una de ese tal Schwarzenegger (nombre que es difícil de pronunciar sin gripa ) y
aunque no le perdona a nadie, a nadie ataca tampoco por la espalda, ni que esté desarmado. O sea, que ni
siquiera estos brutos aprenden lo poco bueno de lo malo.
Yo desperté al Presidente. Se había trasnochado, me dijo uno de los ujieres. Toqué en la alcoba y
asomándome _lo que nunca había hecho_ lo llamé: Andrés, Andrés, Andrés, subiendo cada vez el tono de la
voz. Se despertó Nohrita: Mijo, ¿qué quiere, Sor Palacio? Algo muy grave, asesinaron a Jaime Garzón, y se
me quebró la voz. El Presidente se sentó en la cama y lo que dijo, no lo quiero repetir. Se revolcó los
cuatro pelos y pidió el teléfono. Hasta ahí supe.
Es que esto es horrible, querida Betty, en sí mismo y para el proceso. Como si fuera poco que nos quitaran
a un amigo y a un muchacho tan despabilado y simpático. Yo no me perdía los Heribertos y la lucha era
para que Valentina se durmiera antes de ellos. Pero qué me dices de la guerra tan sucia y tan
traicionera, metida en la ciudad. Nuevo no es, pero es que así, ¿cómo puede llegarse a la paz?
Esto lo hacen los rambos, mijita, esos muchachotes artillados, ex combatientes o belicistas voluntarios que,
sin permiso alguno, ponen en práctica cualquier palabra mal dicha y peor escuchada en los casinos y
resuelven prestarle al Ejército, que ellos consideran suyo y no de la Nación, el brazo de la guerra irregular.
Para contrarrestar la así mismo irregular de la guerrilla.
Cuando llegue la paz, si llega, estos mismos acabarán dañándola. De eso no me cabe la menor duda. ¿Quién
desarma a este país y, sobre todo, quién desarma los espíritus? Solamente el Espíritu Santo, queridita, y
tenemos que unirnos en oraciones para que así sea.
No muestres esta carta, aunque tú allá en el Caguán no tienes a ningún oficial, de los nuestros, que se ofenda
con ella. Mi general Mora está particularmente disgustado con las interpretaciones que se han hecho.
Imagínate, bravo y con esas cejotas, como dos anchoas ecuatorianas, todas bigotudas. El ahora quiere
mostrar que tuvo alguna simpatía con Garzón, y dice que veía Quac, cambiando su hora de misa los
domingos. Pero se le olvida contar la desconfianza que le mostró, cuando lo supo metido en gestiones de
liberación de secuestrados. Y bueno, asiste a la misa, pero es que lo malo no es mi general Mora, sino que
ciertas cosas lleguen a oídos de los rambos.
Yo me imagino las reuniones a que tendremos que asistir y yo con las manos atrás. Porque, cuando llegue
la paz, no pienso darles la mano a ninguno de los que han asesinado colombianos, ni a los de derecha ni
a los de izquierda. Verdaderos 'caínes' de sus hermanos, sin compasión alguna. Que los perdonen, que los
indulten, todo está bien. Yo también los perdono. Que los nombren ministros o presidentes, pero no les daré la
mano. Así de sencillo. "Lavaré mis manos entre los inocentes y rodearé, Señor, tu altar". ¿No crees tú lo
mismo?
Y a esperar qué sigue, porque este crimen está en las puertas de la paz o de la guerra. Era Jaime un
muchacho bueno, alocado y generoso y de una inteligencia rápida, superior a la de uno. Muy espontáneo y
muy confiado, eso sí. Le ganaron los de mente asesina. Dios lo tenga en su gloria y perdone a
Colombia.Chao, mijita. Lo dicho, oraciones,Sor PalacioComisionada del Despacho
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